La fábrica del mundo asusta a los empresarios con el desabastecimiento. Un desabastecimiento que ha hecho que estos apuesten, cada vez más, por el 'nearshoring'. ¿Cómo funciona?
La pandemia y, como consecuencia, el ‘lockdown‘, han hecho mucho daño a las distintas economías presentes en nuestro planeta. Y de la misma manera, también registran esta situación los agentes económicos que en estas operan. Pues hay que decir que ante la elevada incidencia de un virus que se extendía por todo el planeta, las empresas se vieron en la obligación de echar el cierre, con las consecuencias que todo esto tiene para sus respectivas cuentas de resultados.
Y, de la misma forma, conviene señalar que hablamos de un cierre que se ha extendido a lo largo de estos años, por lo que estas pérdidas a las que hacemos referencia se incrementaban en tanto en cuanto se extendía la presencia del virus.
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Sin embargo, y pese a que se esperaba lo contrario, cuando llegó el momento de la reapertura, numerosos fenómenos perturbaron el funcionamiento de la economía, dando lugar a una reapertura parcial en la que las economías, y las empresas, no podían desarrollar todo su potencial. En otras palabras, The Economist definía este escenario como “la economía del 90%”. Pues hay que decir que la fuerte reapertura, en un escenario en el que agotamos todo el stock y la gran demanda no se veía compensada con la oferta disponible, provocó una situación de colapso en las distintas cadenas de valor, dando lugar a la inflación e, incluso, el desabastecimiento.
Este escenario, teniendo en cuenta la concentración existente de estas cadenas en Asia, impactó de lleno en los empresarios. Dicho de otra manera, la tendencia observada hasta ahora, la cual motivaba a las empresas a deslocalizar su producción a China, ya no parece una decisión tan acertada cuando el 35% de la manufactura global se encuentra en manos de China y la mercancía, a diferencia de lo que ocurría meses atrás, ya no llega a destino.
En cierta forma, la dependencia de Asia ha generado preocupaciones a unos empresarios que han visto un riesgo en esta concentración, y pretenden hacerlo distinto de cara a la siguiente crisis.
El ‘nearshoring‘ ha comenzado a ganar relevancia en esta nueva normalidad, y los expertos vaticinan su éxito, así como la consecuente desglobalización que esta práctica supondría.
Así, el ‘nearshoring‘, a diferencia del ‘offshoring’, parece ser la nueva tendencia. La relocalización de las cadenas de valor, como lo denominan los expertos, comienza a parecer una práctica cada vez más común para los empresarios post pandemia. En cierta forma, esta relocalización de las cadenas de valor, que consiste en acercar la producción a su consumidor final, viene motivada por una “necesaria” diversificación de las cadenas de valor frente a la concentración asiática, así como una pandemia que, de repetirse en el futuro, podría condenar a estos empresarios a situaciones similares en el futuro. Por esta razón, muchas de estas empresas ya buscan nuevo rumbo, así como destinos en los que instalarse.
Y es en esta parte del juego en la que entraría Colombia, así como otras economías latinoamericanas que, en estos momentos de recuperación, se encuentran en búsqueda de nuevos motores económicos para avivar el crecimiento. En otras palabras, estamos ante una oportunidad histórica para que estas economías, que ofrecen ese carácter emergente y esas “ventajas” que ofrece China, capten a todas esas empresas que buscan nuevos territorios en los que instalarse, alternativos, eso sí, al continente asiático. Además, la posición geográfica y comercial que ocupan es un claro “plus”, teniendo en cuenta la cercanía y las relaciones comerciales con la primera economía del mundo: Estados Unidos.
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Y en esta línea, hay mandatarios que ya han hablado de esto. México, por ejemplo, que es una economía muy liberalizada en lo que a comercio exterior se refiere, ya ha comenzado a apostar por la captación de todas esas empresas que tienen la intención de sacar su producción de la fábrica del mundo: China. La Cepal, en un comunicado reciente, también suscitó la posibilidad de que estas economías viesen compensadas las pérdidas y la caída de la inversión extranjera con esta oportunidad que se presenta. En otras palabras, vemos a unas instituciones que confían y apuestan por una captación tan posible como beneficiosa para estas economías.
En el caso de Colombia, aunque siempre han existido sentimientos proteccionistas, hemos comenzado a ver una apertura y un comercio que no deja de ganar cada vez más presencia en la economía nacional. Teniendo en cuenta esta apertura, así como los buenos datos que registra el país y que lo hacen más atractivo frente a inversores extranjeros, podría ser una buena estrategia apostar por la captación de todas esas empresas, inversores extranjeros, así como otros agentes económicos que buscan alternativas a China, y que, con sus empresas, traerían actividad económica, empleo y, en esencia, riqueza al país.
Por esta razón, puedo resumir el artículo diciendo que no estoy a favor de la desglobalización y, mucho menos, del proteccionismo, pero sí veo las oportunidades cuando estas se presentan. Y tengo que decir que la oportunidad que hoy se presenta para las economías de América Latina es una oportunidad única y que, de aprovecharse, podría marcar un antes y un después para unas economías que, crisis tras crisis, ven como sus economías salen más deterioradas y dañadas de ellas. ¡Cambiémoslo!
Por: Francisco Coll Morales*
*El autor es economista, Redactor jefe y jefe de análisis de Economipedia. Analista económico en más de 40 medios, nacionales e internacionales.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.