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Capital Humano

Cómo abogados, psicólogos y hasta filósofos se están convirtiendo desarrolladores de software y científicos de datos

La alta escasez de talento en áreas de tecnología, que suelen ofrecer salarios y beneficios competitivos, está provocando una reconversión laboral de miles de personas formadas en otras disciplinas que buscan huir de la sombra del desempleo.

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Foto: Reuters.

Cuando Mario Alejandro Pérez, un abogado especializado en derecho minero energético se quedó repentinamente sin trabajo en 2020, en los momentos en los que la pandemia del Covid-19 arrasó con un pedazo de la economía, contactó a una persona de Globant, la compañía desarrolladora de software, para preguntar si de pronto necesitaban a alguien para el área legal.

“Me contestaron que no había ninguna, pero que había muchas vacantes en el área de tecnología y que había becas para programas de formación, que de superarse, podrían conectarse con una oferta laboral”, recuerda Pérez, de 36 años, quien es de Jardín (Antioquia) y vive en Medellín. “Luego de haber hecho un análisis de vida junto a mi esposa, decidí dar el salto y estudiar bastante durante un año. Pasé las pruebas técnicas y recibí una oferta de trabajo en tecnología”.

Justamente en Globant, que valuada en US$7.600 millones es una de las principales compañías tecnológicas de América Latina, trabaja como desarrollador de Java, haciendo pruebas de aplicaciones para un banco de otro país. Ahí llegó tras estudiar en un curso de Acámica, una academia digital en el que aprendió fundamentos básicos de programación, framework y herramientas de colaboración.

“Yo no pensé que pudiera trabajar en esta industria sin estudiar cinco años”, apunta Pérez. “Es una industria que te ofrecen cosas como trabajar desde casa, lo que me ha permitido estar al lado de mi hija de cinco meses. Ahora me han llegado muchas ofertas de trabajo, cada 15 días recibo una nueva”.

Una situación similar experimentó la ecóloga Karen Moreno, de 30 años, en Apartadó (Antioquia), quien cansada de enviar hojas de vida sin éxito, a pesar de tener dos años como docente en el área de ciencias naturales, en mayo de 2021 decidió unirse a un programa de desarrollo de software de Protalento, una startup que forma talento en las habilidades que compañías aliadas estén necesitando.

“Pasar de las ciencias naturales a la programación no fue fácil, todo era nuevo para mí, sin embargo aprender algo nuevo me motiva”, comenta Moreno, quien ahora es desarrolladora backend en CredicorpCapital. “Lo más satisfactorio fue la cooperación y colaboración de todo el equipo. Se me dificultó aprender el modelo MVC para creación de páginas web dinámicas, pero eso ya es historia del pasado. Estudiar programación ha cambiado mi vida”.

Como ellos son miles las personas que están haciendo cambio de carrera para aprovechar los salarios competitivos y los beneficios que está ofreciendo la industria tecnológica, en medio de una tasa de desempleo que en Colombia se ha mantenido por encima del 11% en lo que va del 2022.

Para el 2030, más de 85 millones de puestos de trabajo que requieran habilidades digitales podrían quedar vacantes en el mundo porque no habrá suficientes personas capacitadas para ocuparlos, según un cálculo de Korn Ferry. Y McKinsey estima en su informe Talent Gap que para 2025 Colombia la escasez de programadores ascenderá a 112.000 personas.

Para suplir esa demanda, los 14.000 ingenieros que de acuerdo a los registros del Ministerio de Educación anualmente se están graduando en Colombia en áreas como electrónica, sistemas y computación, no son suficientes. Por eso los bootcamps (programas intensivos de corta duración) y los cursos que ofrecen entre otros plataformas como Platzi, Protalento, Digital House, Soy Henry, Coderhouse, Crehana y Talently, están jugando un rol protagónico en la formación del talento.  

De hecho Freddy Vega, director ejecutivo de Platzi la plataforma de educación en línea fundada en Colombia que ahora es la mayor escuela virtual de tecnología de habla hispana, afirmó recientemente en una conferencia en la Cumbre de las Américas que en el futuro “todos los trabajos serán de tecnología”, argumentando que todas las profesiones se soportarán en habilidades digitales, por lo que los abogados tendrán que aprender de automatización robótica de procesos, los diseñadores tendrán que aprender de experiencia de usuario y los publicistas de inteligencia de datos.

“Es una realidad dentro de un sector pujante y creciente”, expresa Ximena Duque, presidente de Fedesoft, un gremio que asocia a empresas colombianas de software, explicando que aparte de la urgente necesidad de digitalización a raíz de la pandemia, la llegada de multinacionales a Colombia ha originado una rotación en puestos de trabajo para niveles avanzados, ampliando la brecha en cargos que necesitan una mayor curva de aprendizaje y crecimiento. “El número de graduados en el sector de tecnología no es suficiente para suplir la demanda actual que tiene la industria en temas relacionados con programación, soporte técnico, desarrollo de aplicaciones, testeo de productos, analítica de datos, entre otros”.

Para Duque, existen retos como mantener la empleabilidad por los altos índices de rotación que causa la escasez y la brecha de género que existe en la industria.

Los empleos están siendo apalancados no solo por las grandes empresas, sino también por las empresas emergentes de base tecnológica respaldadas por fondos de capital de riesgo. Nada más en 2021, las startups colombianas recibieron US$1.500 millones por parte de inversionistas, de acuerdo con LAVCA, que multiplican por 75 veces los US$20 millones en inyecciones de capital que recibieron en 2017.  

Por indicios como estos fue que en Bogotá Vanessa Acosta, una profesional en salud ocupacional de 25 años, decidió entrar al curso Certified Tech Developer de Digital House.

“Cuando llegó la pandemia mi vida laboral se detuvo. Fue una decisión difícil, pero siento que es súper chévere este cambio que he tenido en mi vida”, relata Acosta. “En el primer tramo ellos te dan todas las bases para salir a programar, sales como una persona full stack en front-end y back end. Tenemos que demostrar en clase que somos capaces de desempeñarnos en labores reales”.

Juan Camilo Landino, en el municipio de Monguí, en Boyacá, decidió volverse desarrollador de software luego de haber ejercido su carrera como geólogo durante cuatro años.

“Lo más complejo fue soltar lo que se venía haciendo, la incertidumbre, el miedo a fallar, a fin de cuentas es un riesgo enorme porque se deja de lado una estabilidad que de alguna manera se ha construido, pero en palabras optimistas es una apuesta por uno mismo, por sus convicciones, por sus ideales y sus sueños, una apuesta por quien uno es realmente”, dice Landino, de 25 años, quien decidió unirse a uno de los programas de Protalento y ahora trabaja en el equipo de desarrollo de software de BBVA Asset Management. “La tecnología es una herramienta poderosa, que aporta al desarrollo y que permite ser partícipe de grandes causas. Somos el resultado de nuestros pensamientos pero más aún de nuestras decisiones, pues es allí donde tomamos acción o no frente a quienes somos realmente”.

Una opción para quienes tienen con destreza nociones de matemáticas es saltar a ser científicos de datos. En Datalytics, una firma de inteligencia de datos de origen argentino que opera en Medellín, tienen un programa de acompañamiento para reclutar talento del que hace parte Juan Pablo López, un sociólogo de 26 años que está haciendo una maestría en analítica de datos.

“Convocan a personas con pasión por los datos con conocimiento básico de SQL y Phyton, que se ajustaba a mi caso, por lo que me estoy preparando para ser ingeniero de datos dentro de la organización”, comenta López.

Caso similar es el de Edimer Jaramillo, de 28 años, un zootecnista vallecaucano que antes combinaba su pasión por los números analizando la genética de los animales, pero ahora hace parte del equipo de Datalytics. “Trabajo construyendo modelos matemáticos para empresas en el mercado energético”, anota.

En Bucaramanga, Edward Orozco, de 26 años, que tiene un pregrado y una maestría en Filosofía, aburrido de la incertidumbre en la que quedaba en trabajos como contratista o como profesor por horas con renovación semestral, vio que existía una oportunidad en el sector de la tecnología, por lo que decidió formarse como desarrollador en Protalento.

“Hay empresas que han asumido la formación de talentos en crecimiento y han empezado a dar oportunidades a personas con poca o cero experiencia en el área y a formarlas para que empiecen a crecer y lleguen hacer los seniors que todas las compañías necesitan”, manifiesta Orozco, quien ahora es desarrollador back-end en una compañía que provee apoyo tecnológico a empresas en Estados Unidos y Canadá. “Si bien ha sido un proceso complejo de adaptación, el cambio ha sido muy satisfactorio. He podido experimentar espacios de interacción y de producción muy distintos, con enfoques y metodologías fundamentalmente diferentes a lo que estaba acostumbrado. Esto, sin duda, ha contribuido a ampliar mi comprensión del mundo y de la forma en la que la industria de la tecnología opera”.

Desde Bogotá, Andrés Felipe Salinas, un psicólogo de 28 años está trabajando como desarrollador en una compañía de seguridad informática. “Como psicólogo mi salario era bajo, muy cercano al salario mínimo y me enfrenté a mucho rechazo como recién graduado por no tener experiencia. Mis jefes me pidieron reducir el salario durante la pandemia, momento en el que también aumentaron mis funciones”, confiesa Salinas. “Me metí a estudiar desarrollo de software y durante el primer año me invadía una sensación de no saber si me iba a enfrentar al rechazo por ser psicólogo. Pero fui tomando confianza a medida que yo entendía las clases y cuando me ponía a desarrollar, los proyectos me salían bien. Ahora estoy contratado”.

El mismo camino de cambio lo tomó Juan David Garcés, un historiador y politólogo de 30 años quien antes de dar él se sentía insatisfecho trabajando en una entidad pública en Medellín, por los contratos a término fijo o prestación de servicios que no le daban certeza de continuidad. “Empecé a estudiar de manera autodidacta fundamentos de la programación”, cuenta Garcés, quien tras pasar por bootcamps se ha unido al equipo de automatización de Globant en Medellín, donde trabaja para un cliente en los Estados Unidos. “Se trata de botar el miedo y salir de la zona de confort”, concreta.

El Gobierno de Colombia puso en marcha una iniciativa con la meta de entregar bases de programación a 100.000 personas. La ministra de las TIC dijo en una entrevista con Forbes Colombia que el año pasado el programa llegó a 55.000 beneficiarios, de los cuales 40.000 alcanzaron a certificarse obteniendo el título.

Korn Ferry concluyó en su reporte que la brecha de talento no se controla, en 2030 esa escasez podría resultar en alrededor de US$8.500 millones en ingresos anuales no realizados alrededor del mundo.

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