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Compensar la huella de carbono es más que sembrar árboles, es generar capacidades para cuidarlos

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Colombia es el país de las crónicas anunciadas y para no perder la costumbre, tengo una más: entre enero y febrero de cada año, en época seca (de verano), se incendia o incendian la Amazonía. Es en esta época en donde se deforestan cientos de miles de hectáreas de bosque en lo que llamamos “el pulmón del mundo”.

Según Lovejoy, perder el 20%-25% de toda la selva amazónica, significará llegar a un punto de no retorno. ¿Qué quiere decir esto?: sencillamente que el ecosistema no podrá cumplir con sus funciones de regulación climática y empezará un proceso de deterioro con consecuencias inimaginables para el planeta. Un ejemplo de ello es el agua que llega a Chingaza y por ende a Bogotá.

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Ella procede en gran parte de la Amazonía debido al fenómeno natural de los “ríos voladores”, es decir, se trata de la masa de agua que se evapora en los bosques y que por efecto de los vientos, fluye hacia las montañas y caen nuevamente en forma de lluvia en regiones de bosques de niebla y páramos, como Chingaza. Aunque aún no hemos llegado a ese “punto de no retorno”, la cifra está cercana (algunos dicen que hemos perdido cerca del 13%).

En particular, el pasado febrero de 2022 fue realmente dramático. Aquí, en Florencia-Caquetá, duramos 17 días con el cielo cubierto por humo debido a las quemas que se generaban kilómetros a la redonda. Más adentro, por los lados de los Parques Nacionales Naturales, las quemas son tan intensas que, incluso, pobladores de veredas cuentan cómo durante semanas las noches se pintan de un rojo intenso que alumbra el horizonte debido a las llamas.

Florencia-Caquetá desde mi ventana (izquierda: octubre 2021; derecha: 16 días del mes de febrero 2022).

Las llamas tienen tres orígenes: 1) las quemas realizadas por grupos ilegales con el objetivo de apropiarse de tierras que no tienen presencia del Estado; 2) la misma naturaleza. Las altas temperaturas pueden originar procesos de combustión con la hojarasca y ramas que se encuentran en el suelo; 3) las “quemas controladas” de los rastrojos (vegetación emergente) o bosques que realizan los habitantes locales para ampliar la frontera agrícola. A propósito de esta última causa, en el pasado febrero recibí 4 llamadas de líderes de juntas de acción comunal en Caquetá comentándome cómo perdieron cultivos, establos e incluso parte de la casa debido a que la quema controlada se les salió de las manos y no pudieron controlar el fuego.

En Bogotá o en instagram nos rasgamos las vestiduras cada vez que llega enero y febrero y aparecen estas imágenes. Buscamos responsables, sin siquiera asumir una responsabilidad o una actitud más proactiva como empresas, consumidores, ciudadanos. Dejamos que la escena se repita año tras año y creo que ahora es el tiempo para anticiparnos.

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Ahora que está de moda la compensación de la huella de carbono, y haciendo un llamado a mirar más allá de la siembra del árbol, en la región amazónica la empresa privada puede:

  1. Comprender que la productividad agrícola y el abastecimiento del agua  en la región andina depende de la buena salud de la región amazónica, es un imperativo que todo tomador de decisión debe ponderar para garantizar la viabilidad de sus negocios en el futuro.
  • Contribuir a hacer realidad estrategias de capacitación a nivel parcela, vereda y municipio para evitar, prevenir y gestionar los incendios que sucedan. Es necesario empoderar a las familias con sistemas de captura de agua lluvia y sistemas rompevientos (con árboles de rápido crecimiento y gran follaje). Con ello, se podrá evitar que las llamas se propaguen por acción de los vientos.

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  1. Generar programas para fortalecer las capacidades de los habitantes para garantizar la seguridad alimentaria. Cada vez que hay invierno, hay derrumbes en las carreteras y el desabastecimiento aflora… y cada vez que hay verano, la escasez de agua hace mella y los pocos cultivos que existen se debilitan.
  • Todos quieren sembrar árboles, pero la verdad, muy pocos saben cómo hacerlo. No obstante, además de sembrar el árbol, también hay que saber cómo colectar y germinar la semilla y cómo cuidar el árbol después de su siembra. Al respecto, faltan capacidades en el territorio amazónico. Necesitamos invertir en programas de capacitación en restauración de ecosistemas que le permitan, en especial a los jóvenes, generar habilidades para garantizar la restauración de paisajes.

El cambio climático es una realidad y ha llegado a la Amazonía de una manera inimaginable. La selva se pierde a velocidades dramáticas en cada verano, y las lluvias hacen de las suyas en cada invierno. Es momento de mirar hacia la Amazonía, así su empresa no tenga operación en esta región. Todos dependemos de la buena salud de este ecosistema.

Recomiendo la columna de Martha Falla al respecto.

Gracias por leerme y compartir estas líneas.

Por: Julio Andrés Rozo.*
LinkedIn: Julio Andrés Rozo

*El autor es director de Amazonía Emprende, ubicada en Florencia, Caquetá. Es una Escuela Bosque que se enfoca en fortalecer las capacidades de empresas y comunidades para lograr la restauración de ecosistemas y la recuperación de la biodiversidad, por medio de la compensación de huella de carbono.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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