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Emprendedores

La compañía colombiana que vende US$30 millones y 30 millones de dónuts

Miguel Merino, presidente de Donucol, señala que este año lograrán ventas por cerca de $140.000 millones. Sigue el plan de expansión.

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Miguel Merino Dunkin
Miguel Merino, presidente de Donucol, abrió oficialmente el punto de ventas número 200 en Bogotá.

Miguel Merino recuerda cómo se hizo a una de las primeras franquicias de Dunkin en la región e inició un plan de expansión por toda Colombia. “Eso tiene una historia muy particular. Hace 40 años todo empezó con el emprendimiento de una hermana, ama de casa tradicional y dedicada a sus hijos. Ella quiso ayudar a la economía familiar y apoyada por su marido compraron una maquina de dónuts para venderle a la gente de la iglesia y a los vecinos. Sin embargo eso no les funcionó, porque el producto les quedaba grasoso o pequeño o se les quemaban”, recuerda el empresario.

Ante el fracaso, su hermana le pidió que averiguara por una buena receta de dónuts en Estados Unidos, pues Miguel vivía en ese momento en Boston, donde estaba cursando un posgrado en planeamiento urbano y regional en MIT.

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“En Boston fue donde nació Dunkin. Solo allá, la marca tiene 500 puntos de venta. En ese momento se me ocurrió decirle a mi señora ‘averiguemos en Randolph’, un pueblo cercano. Llegué en un momento afortunado: a raíz de que los supermercados estaban poniendo panaderías por todo lado en Estados Unidos, Dunkin había iniciado la internacionalización. Ahí empezó todo”, comentó.

Esa es la historia de Donucol, la firma que cuenta con la franquicia exclusiva de esta marca en Colombia y que ya promete vender este año $140.000 millones, cerca de US$30 millones. La compañía acaba de abrir su punto número 200 en Colombia.

Merino señala que estos resultados son destacados y producto de su apuesta durante la pandemia por ayudar a todos sus trabajadores, lo que ha sembrado un sentido de pertenencia en todos sus colaboradores.

“Durante la pandemia mantuvimos a toda la gente. Esa fue nuestra prioridad. Mientras que muchas empresas dolorosamente tuvieron que cerrar, nosotros vimos que los consumidores todavía seguían allí y entonces nos apoyamos en medios digitales como Rappi, Ifood y Ubereats. Gracias a eso pudimos mantener la operación a pesar de las restricciones en aeropuertos, universidades y centros comerciales”, explicó Merino.

Según él, la compañía ha sentido, como el resto de la industria, el golpe por cuenta del aumento en precios de materias primas e insumos. Para Merino, en las crisis hay dos clases de personas: las que lloran y las que venden pañuelos. Por eso señaló que durante este choque de precios se han concentrado en aprovechar la tecnología y el cambio digital para reducir costos, hacer mejores negociaciones con los proveedores y compensar los mayores costos con algún incremento en ventas.

Actualmente la compañía tiene plantas de producción de dónuts en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira y Barranquilla.

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“Acabamos de poner en operación una nueva línea de producción con una inversión de US$1 millón con el objetivo de aumentar 50% la capacidad de producción”, explicó.

Para Merino, el debate tributario que ahora mismo se está dando debe tener su foco en la solidaridad del sector empresarial con el resto del país.

“La preocupación por las reformas genera cierta incertidumbre; hay una situación de angustia. Pero lo importante es que el país necesita que se apoye al gobierno para enfrentar la situación social que es dramática. Lo que tenemos que hacer es establecer un diálogo franco entre el gobierno que escuche y el empresario que sea realista y generoso: si se logra armonía con unos mayores impuestos pero bien utilizados, vamos a estar mejor como país. Las empresas tenemos que volvernos eficientes, cuidadosas en los costos y ver que cómo con esta nueva situación tributaria lo asimilamos. Lo clave es que nada sea impuesto sino que se logre a través del diálogo”, comentó el empresario.

Otro tema sensible para la industria es la tendencia por los alimentos saludables. Señala que en su consideración ese no debe ser un problema para la industria, porque lo que causa impacto negativo son los excesos. “Los alimentos azucarados no son malos perse sino los excesos como ocurre con el vino o el licor”, explicó.

Al hablar sobre sus proyecciones, aseguró que espera mantener el ritmo de crecimiento con la apertura de nuevos puntos. Este año esperan cerrar con 205 y de aquí al finalizar la década proyectan tener 250.

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