Con la evolución digital más de una industria ha revolucionado la forma en la que hacen sus negocios. El sector bancario, por ejemplo, cada vez adopta más las nuevas tecnologías, no solo para sus productos o servicios, sino para enfrentar otro gran reto en la transformación digital, la ciberseguridad.
En palabras de Juan Camilo Reyes, director de productos cibernéticos e inteligencia en Mastercard para la región Andina, desde el punto de vista de la compañía sí hay una adopción mucho más fuerte de los temas digitales y un entendimiento postpandemia de la necesidad de diversificar las fuentes de ingresos de las compañías y de que los canales digitales son una muy buena opción dados los temas de diferenciación de costos, con un gran impulso en nuevas industrias como las fintech buscando nuevas rentas en este ecosistema de pagos y los comercios generando mejores experiencias digitales, al final es una visión clara de que la experiencia de usuario sea sin fricción, que le permita acceder a servicios digitales a través de plataformas y sistemas seguros con tecnologías innovadoras.
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“La biometría es una de las capas que estamos agregando para una problemática importante que sigue siendo el cómo identificar a una persona extraña en un ecosistema que intenta acceder a un servicio digital. La biometría es una función interesante que en este momento complementa los factores de autenticación y si va a prevalecer en temas de contraseñas. En temas de ciberseguridad para nosotros entre más capas haya mucho mejor; sin embargo, es cada vez más importante la experiencia de usuario y que haya menos fricción, que haya dos factores de autenticación empieza a ser retador, en esos casos la biometría genera nuevos casos de uso que generan mejoras en la seguridad y se reduzca la fricción”.
De cara a lo que sucederá en los próximos 10 años, el director Reyes explica que en Mastercard están usando la metodología Threatcasting, de la mano de ciertos académicos, para visualizar un posible futuro en la industria financiera, las amenazas y escenarios, en ese estudio identificaron dos principales, la primera, los multiplicadores de amenaza y el efecto cascada, que por la interconectividad que vamos a tener hacia 2031 entre los dispositivos como IoT y 5G van a generar una posibilidad de que cuando haya un ciberataque a una persona es posible que genere una reacción en cadena que haga que otros dispositivos colapsen, que con un solo ataque desencadene algo mayor.
“El segundo escenario es que los atacantes van a buscar el mínimo objetivo viable, es decir van a apuntar a la persona u organización más fácil para atacar y que produzca el mayor daño posible, podríamos ver que una persona tiene un negocio pequeño, pero con acceso a grandes empresas, entonces prefieren atacar a estos para que se use esas redes y llegar a esos sistemas, lo que llamamos riesgo de terceros. Eso nos va a llevar que nos va a tocar entender y manejar de mejor manera lo que estamos haciendo con el riesgo propio hacia los terceros lo que nos podría llevar a un colapso mayor aprovechándose de esos pequeños que no entienden su riesgo”, comenta el director.