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¿Educación financiera para qué?

Un estudio de Nu encontró que 52% de las personas no usa ninguna herramienta financiera para planificar y controlar sus gastos. Colombia tiene un problema de educación financiera, que se vuelve más grave en épocas de altas tasas e inflación. ¿Por dónde empezar?

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Siempre he pensado que las cosas no son buenas o malas per se, sino que de acuerdo al conocimiento que tengamos de ellas y la forma en la que las utilicemos pueden generar grandes beneficios. Y con esto me refiero a temas que muchas veces asustan como estar “endeudado” por pedir un préstamo o el manejo de una tarjeta de crédito por ejemplo. Mucho se habla de su adecuada utilización pero muy poco se sabe.

Lo que ocurre es que en repetidas ocasiones creemos que sabemos algo pero ¿lo hemos investigado? ¿o simplemente hemos escuchado y tenemos una creencia generalizada? La realidad es que hay momentos en los que tomamos decisiones sin tener verdadera claridad y no comprobamos previamente la información que tenemos en nuestras manos. Y esto es precisamente lo que debemos evitar, más cuando estamos hablando de temas tan sensibles como nuestro futuro o nuestro dinero.

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Hoy por hoy es crítico contar con un pensamiento financiero sólido que trascienda la información que encontramos y que nos permita adaptar esos datos a nuestro entorno y poder aplicarlos en el día a día. Por ese motivo lo primero es preguntarnos ¿en Colombia tenemos o creemos que tenemos conocimientos de educación financiera?

Hace poco le preguntamos a los ciudadanos acerca de este tema. Algunas de las cifras que encontramos me hacen pensar que aún existe una oportunidad enorme en este frente y mucho más conocimiento por entregar. De los 1.000 clientes del sector financiero que hicieron parte de la muestra, solo el 56% considera que sabe de educación financiera. De ellos, un 61%, son hombres quienes predominan frente al 51% por parte de las mujeres. Una cifra acorde con la realidad global, que demuestra que aún existe una brecha entre géneros en este tema. Otro dato que encontramos es que el 52% de las personas no usa ninguna herramienta financiera para planificar y controlar sus gastos.

También ha llamado mi atención la información entregada por El Banco de Desarrollo de América Latina –CAF– en donde gracias a la encuesta de medición de las capacidades financieras realizada en ocho países de la región, se han podido medir los conocimientos y comportamientos de los individuos con relación a este tema. ¿Sabían por ejemplo que tres de cada cinco personas en Colombia, Brasil, Ecuador y Perú no tienen una meta financiera? Muchos de ellos no la han planificado por desconocimiento.

Entonces, devolvámonos un poco y preguntémonos, ¿qué es realmente educación financiera? En un sentido estricto, es la capacidad de entender cómo funciona la dinámica de los recursos económicos, ya sea dinero u otros. Organismos como el Banco Mundial han logrado establecer a través de diversos estudios que este tema impacta el bienestar de las personas. La CAF, por su parte, asegura que proporciona facultades para discernir y tomar una posición frente a las políticas sociales y económicas que se ejecutan en los países, además de promover la bancarización, el ahorro, generar desarrollo y evitar la morosidad.

Con esto claro, conviene traer a la conversación el interrogante de quién es responsable de incentivarla. La respuesta es sencilla: todos. Sí, todos. Porque hay un principio de corresponsabilidad en esta tarea y quisiera focalizarme en dos actores claves: Las instituciones y los ciudadanos.

En cuanto a las primeras, históricamente, se ha avanzado en distintos frentes de trabajo para ayudar a los colombianos a tener una vida financiera sana y a recibir la información adecuada. Aun así, el desafío sigue siendo grande.

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La forma de contribuir en este sentido es, sin duda alguna, asegurando los mínimos básicos para que los usuarios se informen oportunamente y de manera transparente y sencilla sobre el uso adecuado de los productos y servicios financieros. Aún hoy, por cuestiones de burocracia y complejidad en algunas herramientas, se observa que a las personas se les dificulta acceder a información de sus productos. Una clave para su planeación. Eso no debería ser así, mucho menos cuando todo o casi todo se puede conseguir a un clic de distancia.

Que las instituciones piensen permanentemente en facilitar esta información para sus clientes se traduce en un genuino y continuo compromiso por ayudarles a tener el control de su dinero.

Finalmente, y no menos importante, cada usuario es responsable de la salud de sus finanzas. De informarse y entender la mejor forma de construir un futuro a través de ellas. Podemos gestionar buenas prácticas con diversas herramientas que nos ayuden a entender cómo hacer un mejor uso de nuestro dinero, guiarnos por expertos o buscar ayuda en cursos en línea.

Manteniendo el avance en estos frentes, haremos de la educación financiera la mejor aliada para apoyar a los colombianos a tener finanzas personales responsables y esto, a su vez, contribuirá a la sostenibilidad del sistema financiero.

Y recordemos que, a mayor conocimiento, mayor capacidad de tomar mejores decisiones financieras que nos permitan tener un impacto positivo en nuestro bienestar.

Por: Catalina Bretón*
*La autora es gerente General de Nu Colombia.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.

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