Ella encontró en el manejo de distintas técnicas de vidrio una fascinación que la impulsó a dejar Colombia para recorrer el mundo.
Tras reflexionarlo breves instantes, Luisa Restrepo se anima a responder un cuestionamiento complejo: ¿Existe una diferencia significativa entre el arte y el diseño? Así responde: “Cada vez se han ido entrelazando más.
Creo que la diferencia se centra en el proceso creativo, aunque el resultado se puede ir más hacia una disciplina o la otra”, afirma a través de una videollamada que nos enlaza con la artista, radicada en la Ciudad de México desde el 2005.
Es una tarde calurosa de verano cuando Restrepo atiende el llamado de Forbes Life. Sus palabras encuentran el tono preciso para profundizar en el cuestionamiento inicial: “En el diseño, muchas veces el proceso es al contrario: cómo tomamos un tema universal y lo aterrizamos en algo personal. Aunque, obviamente, el objetivo del arte y el diseño es conectar con las otras personas, creo que empiezan en lugares diferentes y llegan a ese punto por procesos diferentes”.
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En esa línea difusa, a veces inexistente, es donde se mueve su trabajo como diseñadora de vidrio, al experimentar con el material, desde su uso en instalaciones hasta en el diseño de joyería. Eso la ha llevado a colaborar con distintos artistas plásticos, de diseño coleccionable o diseñadores de iluminación.
Fue esa relación que desde siempre ha tenido con los objetos la que derivó en su fascinación por trabajar con el vidrio. Esto, al darse cuenta cómo de una gota de esta materia prima surge un vaso, una jarra o una botella. Pero “más que querer hacer un vaso quería ver qué más podría crear a través de distintas técnicas que me llevaran a lugares diferentes”, explica con puntualidad.
ANDAR ETERNO
Esa búsqueda artística incesante alentó su salida de Medellín (en donde estudió diseño industrial) para cruzar el Atlántico con el propósito de aprender más sobre el material en Italia, Inglaterra y volver a América, vía Estados Unidos.

Después (recuerda con cierto aire de desenfadado) estaba buscando qué lugar de Latinoamérica tenía un buen desarrollo de vidrio. Y así fue como llegó a México con la idea inicial de que fuera otra etapa transitoria. “Y dos décadas después aquí sigo”, reconoce divertida, entre risas.
Ha sido durante estos años cuando Luisa ha explorado desde el vidrio caliente hasta técnicas como el fusionado, el termoformado, el vaciado a la cera perdida y el grabado, entre otras; siempre inclinándose por aquellas que le permitieran llegar a lo que ella buscaba.
Esa exploración constante no ha estado libre de ciertas casualidades de la vida. Como cuando, por vez primera, se le rompió una pieza y comenzó a realizar alhajas para aprovechar ese material. En la actualidad ya tiene su propia línea de joyas y presenta una colección cada año.

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DESTELLOS EN TIFFANY
Su talento ha acercado a Luisa Restrepo con grandes firmas de lujo, como Tiffany, no en la parte de joyería, pero sí desde el ámbito artístico por medio de Ángulo Cero, una galería situada en la Ciudad de México, y en colaboración con Balmaceda Studio, que se especializa en el diseño de muebles.
“Nos buscaron para hacer una instalación de vidrio muy grande en la nueva tienda de Tiffany en Aruba”, precisa al tiempo de desvelar que harán otra para la tienda de esta prestigiosa firma en Cancún, México.
En paralelo trabaja con un reconocido grupo británico de interiorismo dedicado a crear espacios de arte y lujo. Al respecto, detalla que los llamaron para hacer una instalación en un crucero. “La pieza en la que están interesados es una que hice con Estudio Cerisola (del reconocido diseñador industrial mexicano Pedro Cerisola) y es gigante”, agrega con la alegría de imaginarla. “Y va a estar en un lugar hermosísimo”, completa.