La emisión de una tonelada de CO2, principal causante de la crisis climática, se queda en la atmósfera por cientos o miles de año

Nos encontramos ante una gigantesca encrucijada. La concepción de la corriente dominante de la economía, la neoclásica, argumenta que los daños que genera nuestro sistema productivo al planeta deben ser resarcidos por los que los generan por medio de un pago económico al gobierno o a las comunidades que han sido degradadas. Este principio, que se manifiesta en el derecho internacional como “polluter pays principle” significa impuestos a la contaminación, programas de offsetting y programas de rehabilitación a ecosistemas y comunidades.

La teoría neoclásica dicta que esto permite una mayor eficiencia y la posibilidad de mantener las estructuras productivas que mantienen nuestras sociedades. Si tuviéramos las herramientas para medir con precisión los impactos de largo plazo de la degradación de nuestro ambiente y al mismo tiempo los mecanismos de gobernanza para que éstas mediciones se aplicaran de manera impecable, pero la ineficiencia de nuestros métodos y las prioridades de gobernanza de nuestras civilizaciones apuntan a direcciones diferentes.

La emisión de una tonelada de CO2, principal causante de la crisis climática, se queda en la atmósfera por cientos o miles de años. El mecanismo por excelencia para mitigar esto son los bonos de carbono, mediante los cuales se captura, o deja de emitir, la misma cantidad de CO2, mediante actividades humanas. Los bonos de carbono menos costosos son los que provienen de nuestra naturaleza, sembrar árboles, restaurar nuestros suelos, hacer actividades agroecológicas en una empresa, etc. El problema es que nadie puede asegurar que esos ecosistemas van a mantenerse en cien, ni siquiera en 50 años, por lo que su captura de carbono no puede equivaler como el offset de esa emisión. No dudo de las buenas intenciones de muchas empresas que se dedican al offsetting, pero más allá de eso existe un problema metodológico estructural. Es como pagar una deuda de 100 dólares y asumir que solo con dar la cuota inicial estaríamos en igualdad.

Existen otros problemas. La correcta medición del “precio” que debería tener una actividad ambientalmente perjudicial necesariamente se cruza con los sistemas de valores de una sociedad y sus prioridades, el precio de la emisión de CO2 es mucho mayor en Europa que en USA, aunque la emisión tiene el mismo efecto perjudicial en cualquier lugar del mundo.

Obviamente es positivo que haya mecanismos para corregir nuestros problemas y estos sistemas apuntan a eso, han creado mercados e intervenciones sin precedentes para el cuidado del planeta, pero puede que el énfasis que le hemos dado a éstos han imposibilitado soluciones más transformadoras. Las transformaciones necesarias deben implicar una distinta visión de nuestros sistemas sociales y productivos, donde como sociedad decidamos poner límites absolutos a la degradación y tal vez, que no sean los economistas neoclásicos sino los ecologistas quienes dicten qué está permitido.

Por: Daniel Gutiérrez Patino*

*El autor es fundador de Saving The Amazon

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