Es evidente que la transición a un mundo post fósil representa un gigantesco riesgo económico a Colombia; pero imaginar que el actual sistema social y productivo puede continuar en la economía fósil es sencillamente imposible.
Esta semana el gobierno anuncia que entra al Tratado de No Proliferación de los Combustibles Fósiles, enviando un revolucionario mensaje al mundo entero; al ser el primer país que no sea una isla insular en firmar el Tratado. También es el primero cuya economía depende de estos combustibles en tomar esa decisión. Petro en el panel donde se anuncia la anexación de Colombia a este acuerdo menciona su posición al respecto: “Allá en mi propia sociedad se diría: ¿cómo se le ocurre al presidente producir un suicidio económico? Y resulta que esto no es un suicidio económico; estar aquí es tratar de evitar un omnicidio, la muerte integral de todo lo existente”.
Petro juega una apuesta arriesgada, creando un camino de incertidumbre, corriendo el riesgo de que la población colombiana lo tome como un radical; pero alguien debe dar esos primeros pasos. En el juego geopolítico del capital, todos continúan jugando su papel, buscando su bienestar y obviando las decisiones contundentes que necesita nuestro planeta para evitar la sexta extinción masiva. En ese sentido, Petro está siendo una pequeña luz de esperanza hacia los activistas climáticos a través del mundo que desesperadamente buscan una salida del mundo de la economía fósil.
Es evidente que la transición a un mundo post fósil representa un gigantesco riesgo económico a Colombia; pero imaginar que el actual sistema social y productivo puede continuar en la economía fósil es sencillamente imposible. La ciencia es cada vez más clara. En ese sentido, me siento orgulloso de nuestro gobierno. Ahora bien, no dejo de preguntarme cómo esta decisión se alinea con la visión profundamente populista que tiene nuestro presidente, lo considero contradictorio. Es innegable que la mayoría de la población colombiana está en desacuerdo del “suicidio económico” que significaría prescindir de la economía fósil.
Petro está, en ese sentido, yendo directamente en contra de los deseos del pueblo. Esta evidente tensión manifiesta hoy en día los gigantescos retos de nuestras democracias en los tiempos de la desinformación, posverdad y populismo. No creo que el rol de nuestros líderes en momentos de crisis ecológica deba ser satisfacer a las mayorías que poco entienden y les importa la profundidad de la crisis que vivimos; pero tampoco defiendo que un populista como Petro, que se proyecta como el representante del pueblo colombiano, se tome la libertad de ser el salvador del mundo sin la validación de la sociedad colombiana.
Navegando en estas paradojas llego a una conclusión algo difusa: que debe haber límites al afán populista de nuestros líderes, que cultivar conciencia ambiental debe lograr permear a toda la población y, en la medida de lo posible, no ideologizarse; y que nuestra democracia debe tener como límites los derechos de nuestro planeta y de las generaciones futuras de vivir en un ambiente sano; lo cual solo puede lograrse mediante conversaciones multilaterales como la que Petro lidera.
Por: Daniel Gutiérrez Patino*
*El autor es fundador de Saving The Amazon
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