El ganador del Nobel en 2001 plantea que el mundo transita hacia una “economía del conocimiento”, donde la clave ya no es solo producir bienes, sino generar y absorber saberes.

El Nobel de Economía Joseph Stiglitz lanzó una dura crítica contra las políticas comerciales de Donald Trump y subrayó que, aunque la estrategia de “divide y vencerás” le dio réditos iniciales a Washington, en el largo plazo los resultados podrían ser adversos incluso para la propia economía estadounidense, en un escenario donde emergen nuevas coaliciones internacionales.

Stiglitz dijo que el presidente estadounidense destruyó los argumentos que hacen de la economía de mercado una buena opción para el desarrollo de los países, así como el principio de Nación Más Favorecida de la Organización Mundial de Comercio, OMC, piedra angular del sistema multilateral de comercio. 

Al socavar la idea de un “precio único” en los mercados internacionales, dijo el economista, Trump instauró un esquema distorsionado en el que Estados Unidos buscaba apropiarse de una mayor tajada de las rentas globales mediante el uso combinado de poder económico, político y militar.

“La OMC era un marco comercial injusto desde la perspectiva de los países en desarrollo. Pero aún podría ser mejor que la ley de la selva”, agregó.

El profesor de la Universidad de Columbia, de 82 años y ganador del Nobel en 2001 por sus análisis de los mercados con información asimétrica, es uno de los participantes en la octava versión de la Conferencia de Premios Nobel de Economía que se realiza en Lindau, Alemania, a la que asiste Forbes Colombia.

Frente a este panorama global, el economista plantea que el mundo transita hacia una “economía del conocimiento”, donde la clave ya no es solo producir bienes, sino generar y absorber saberes.

En este terreno, el aprendizaje por la práctica y la transmisión de conocimiento dentro de los países —entre empresas, universidades y centros de investigación— resulta decisivo. Sin embargo, las reglas actuales del comercio tienden a reforzar las brechas: entre países ricos y pobres, pero también entre empresas que están en la frontera tecnológica y aquellas que permanecen rezagadas.

Para Stiglitz, los países en desarrollo no deben resignarse. Su propuesta es avanzar en políticas industriales inteligentes, inspiradas en la “infant economy argument”, una extensión del viejo argumento de la industria naciente. Con estas medidas, los países pobres pueden fortalecer sus capacidades productivas y tecnológicas sin depender exclusivamente de altos ingresos fiscales. 

“Un régimen de libre comercio mal diseñado —advierte— puede frenar el crecimiento global y agravar la inequidad”.

En lugar de confiar en grandes rondas comerciales, Stiglitz prevé acuerdos regionales y sectoriales que incluyan inversión, investigación y compromisos verdes, donde las naciones ricas apoyen las políticas industriales de las más pobres. 

Su visión final apunta a un mundo que transite hacia acuerdos sobre crecimiento verde que incluyan un precio global del carbono, un fondo verde para responsabilidades diferenciadas y una inversión significativa en infraestructura verde y bancos comunitarios para apoyar la transición hacia una economía baja en carbono.