Según el ex ministro Tomás González, con planeación el carbón puede ser motor de la transición, no su obstáculo. La clave está en equilibrar ambición climática con realismo económico y social.

La transición energética en Colombia enfrenta un dilema complejo: cómo reducir la dependencia del carbón sin provocar un colapso fiscal y social en las regiones productoras.

El más reciente Informe TEC, presentado por Fenalcarbón y el Centro Regional de Estudios de Energía (CREE), advierte que una transición acelerada, sin planificación, podría costarle al país cerca de $38 billones, además de comprometer el futuro de 132 municipios en 11 departamentos.

El sector carbonífero, que aporta el 95% de los ingresos mineros a través de regalías e impuestos, es un pilar fiscal insustituible para el país. En departamentos como Cesar y La Guajira, sus regalías superan incluso los ingresos corrientes de los gobiernos locales, por lo que un retiro abrupto pondría en riesgo la financiación de programas de salud, educación e inversión social.

El estudio plantea tres escenarios de descarbonización. El más adverso, con carbono-neutralidad en 2050, implicaría una reducción del 89% en la producción, generando impactos inmediatos en empleo y recursos fiscales. En contraste, un escenario extendido hasta 2070 permitiría aprovechar reservas, sostener regalías y dar tiempo a la reconversión productiva y laboral.

Carlos Cante, presidente de Fenalcarbón, advirtió que este debate “no es sectorial, es de país”, y subrayó la necesidad de que la transición se autofinancie en gran parte con los recursos que hoy genera la industria. Entre las medidas, propone la creación de un Fondo Fiscal y programas de reconversión laboral que eviten un choque social.

Por su parte, Tomás González, director del CREE, resaltó que con planeación “el carbón puede ser motor de la transición, no su obstáculo”. En su visión, la clave está en equilibrar ambición climática con realismo económico y social.

El análisis del CREE muestra que una transición improvisada puede llevar a la pérdida acelerada de 74.000 empleos y de más del 60% de los ingresos por regalías, recursos que hoy financian la educación, la salud y la infraestructura de los municipios.

Más allá de la tensión entre sostenibilidad y economía, el informe plantea un mensaje central: sin una estrategia clara, la transición energética no solo puede fracasar en sus metas ambientales, sino también desestabilizar a las regiones y profundizar desigualdades.

Las cifras del sector

Actualmente, el sector genera más de 55.000 empleos directos altamente formales, con ingresos 2,6 veces superiores al promedio nacional, y beneficia indirectamente a más de 250.000 personas. Por cada $1.000 millones adicionales en producción de carbón, se generan 4,7 empleos en la economía, y cada peso en el carbón multiplica 2,42 veces el PIB nacional.

Además, las compras nacionales alcanzaron $31,6 billones entre 2015 y 2022, de los cuales $16 billones se destinaron a proveedores locales, dinamizando más de 1.000 empresas regionales.

En materia de divisas, Colombia es el 5° exportador mundial de carbón térmico y el 4° exportador mundial de coque metalúrgico, el primer producto industrial de exportación del país, que se produce teniendo como base el carbón metalúrgico. Solo en 2022, las exportaciones del sector sumaron más de USD $8.100 millones, un aporte fundamental para la balanza comercial del país.