El ahorro en Colombia cayó a 6,2% del PIB, mínimo en 20 años, mientras el consumo marca récord.
El ahorro en Colombia se redujo a niveles críticos. En el segundo trimestre de 2025 representó apenas el 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB), según cifras del DANE, cuando hace una década, en 2005, alcanzaba el 18,6%. Se trata del registro más bajo en dos décadas y confirma una tendencia descendente que se acentuó tras la pandemia.
De acuerdo con César Ferrari, superintendente financiero, el desplome obedece a un fenómeno estructural: el país está consumiendo más de lo que produce. “El ahorro es la diferencia entre ingreso y consumo. Si el consumo es muy alto, el ahorro es muy bajo, y esa es la paradoja que enfrentamos”, explicó en la apertura del 23° Congreso de Derecho Financiero, la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria).
Las cifras muestran que mientras el ahorro cae, el gasto de consumo final alcanzó el 93,8% del PIB en el segundo trimestre de este año, el mayor nivel de la serie. De ese total, los hogares concentran el 77% y el gobierno 16,7%. La demanda interna también se mantiene elevada, al ubicarse en 112,2% del PIB, lo que refleja un desequilibrio con respecto a la capacidad de generar ahorro interno.
Ferrari atribuyó el auge del consumo a varios factores. Por un lado, los ingresos laborales medianos crecieron 9,2% anual en abril de 2025, de acuerdo con el Banco de la República. Al mismo tiempo, la apreciación de la tasa de cambio, que se revaluó 8,8% entre agosto de 2024 y enero de 2025, y la caída de precios internacionales de bienes durables como automóviles eléctricos han reducido los costos para los consumidores. “Si el ingreso sube y los precios bajan, la consecuencia es un consumo creciente y, como efecto, un ahorro decreciente”, señaló.
El superintendente también recordó que la política fiscal expansiva adoptada en los últimos años estimuló aún más la demanda interna. Aunque este impulso ayudó a dinamizar la recuperación tras la pandemia, dejó como contracara un ahorro reducido y una inversión también debilitada. La formación bruta de capital fijo cerró en 16% del PIB, por debajo del promedio de la última década.
La advertencia es clara: con un ahorro tan bajo, la economía depende cada vez más del crédito y de recursos externos para financiarse, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a choques internacionales. “No es un tema coyuntural, es estructural. Si el país no corrige este desbalance, se compromete su capacidad de sostener la inversión y el crecimiento en el largo plazo”, concluyó Ferrari.
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