Fedepalma alertó sobre la urgencia de renovar plantaciones, vincular a nuevas generaciones con tecnología e innovar para abastecer mercados de alimentos y energía.

El presidente de Fedepalma, Nicolás Pérez Marulanda, advirtió que la sostenibilidad y competitividad de la agroindustria palmicultora colombiana dependen de tres retos estratégicos: la renovación de las plantaciones, la atracción de nuevas generaciones al campo y el aprovechamiento de los mercados energéticos emergentes sin descuidar la seguridad alimentaria.

Pérez señaló que más del 50 % de los 8.200 palmicultores del país supera los 55 años, mientras cerca de 300.000 hectáreas de palma cumplirán más de 25 años en la próxima década, límite de su vida productiva.

“Cada año que pasa sin renovar estamos sembrando una crisis futura”, enfatizó al intervenir en la apertura de la XXI Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite, recordando que la reposición de cultivos requiere inversiones de largo plazo y financiamiento adecuado.

El dirigente alertó también sobre el envejecimiento y urbanización de la población, fenómenos que reducen la mano de obra rural. Para contrarrestarlo, llamó a “hacer de la agricultura moderna una opción de vida viable y próspera”, mediante innovación, mecanización, inteligencia artificial y robotización que permitan extender la vida productiva de los trabajadores y elevar la productividad.

En el frente de los mercados, Pérez destacó el potencial del aceite de palma colombiano para abastecer la creciente demanda de biocombustibles, especialmente el combustible sostenible de aviación (SAF) y el biodiésel, siempre que se cumplan estrictos estándares de sostenibilidad y baja huella de carbono. 

Colombia ya solicitó a la OACI que su aceite de palma sea materia prima elegible para SAF, lo que abriría un mercado de 300.000 toneladas anuales hacia 2035.

No obstante, advirtió que “la diversificación de mercados es clave, pero no podemos descuidar la alimentación humana”. Por ello, insistió en mejorar la productividad, cerrar brechas tecnológicas y mantener una palmicultura libre de deforestación. Recordó que más del 99 % de los cultivos en Colombia cumplen este estándar, respaldados por monitoreo satelital y certificaciones de sostenibilidad.

Pérez subrayó que el éxito del sector exige corresponsabilidad entre productores, industria y Estado para garantizar seguridad física y jurídica, infraestructura, financiamiento y políticas públicas estables. 

“Colombia tiene talento, tierra y conocimiento para liderar una palma de aceite sostenible, trazable e inclusiva”, concluyó, invitando a la región a trabajar unida para responder a la creciente demanda global de alimentos y energía.

La palmicultura en cifras

Según Fedepalma, durante el primer semestre de la producción nacional fue 1,05 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 9,4% frente al mismo periodo del año anterior. Este resultado fue impulsado por condiciones climáticas favorables y una mejor conformación de los racimos de fruto.

En cuanto a la comercialización, las ventas locales de aceite de palma alcanzaron 687 mil toneladas, manteniéndose relativamente estables frente al mismo periodo 2024, a pesar de la buena competitividad de los precios del aceite de soya en el mercado internacional. 

Las exportaciones de aceite de palma crudo alcanzaron las 325 mil toneladas, lo que representa un incremento del 24,3% en comparación con el mismo periodo de 2024. Este aumento refleja una mayor oferta disponible, resultados del buen comportamiento de la producción durante el primer semestre del año.