Savimbo, apoyada por Google, ya emitió 40.000 créditos de biodiversidad y ha distribuido más de US$100.000 entre pequeños agricultores.
En las selvas húmedas del Putumayo, un grupo de indígenas y campesinos decidió que la conservación debía ser más rentable que la minería ilegal, la tala o el narcotráfico.
Con cámaras trampa, rastreadores y un sueño de economía verde, nació Savimbo, una startup social que hoy busca transformar la biodiversidad en un activo financiero global.
“Savimbo es una empresa social hecha por y para los pueblos indígenas para acceder directamente a los mercados climáticos”, explica su cofundadora, la médica estadounidense Drea Burbank, en entrevista con Forbes.
Ella llegó por casualidad, “de vacaciones”, pero se quedó al descubrir que el ecosistema amazónico de agua dulce en el que trabajaban sus actuales socios era “uno de los más raros del planeta”.
El proyecto se formalizó con Fernando Lezama y Jhony López, líderes locales que llevaban años documentando especies en el Putumayo.
“Ya teníamos un trabajo avanzado en conservación y vimos la opción de crear una economía verde a través de soluciones basadas en naturaleza, para que las comunidades mismas pudieran generar ingresos cuidando sus territorios”, recuerda Lezama. “Es un modelo colectivo. No solo trabajamos con comunidades indígenas, sino también con campesinas y afrodescendientes”.
La idea era pagar directamente a las comunidades para proteger la selva y certificar esos esfuerzos como créditos de biodiversidad comerciables en el mercado internacional.
Savimbo ha encontrado aliados de peso. La empresa fue seleccionada por el Google for Startups Accelerator: AI for Nature, el primer programa en América que conecta inteligencia artificial con conservación.
“Necesitamos tecnología interoperable que sea de vanguardia y no nos haga perder el tiempo, y por eso usamos Google”, afirma Burbank. “Representamos a millones de personas a las que nadie les lleva software. Queríamos llevarles tecnología de punta y adaptarla a cómo los pueblos indígenas quieren que funcionen sus computadoras”
En el programa, la startup integró SpeciesNet, un modelo de IA de Google que clasifica especies a partir de imágenes de cámaras trampa. Con ello crearon una interfaz en lenguas indígenas que permite a rastreadores y jóvenes locales validar registros y acelerar la certificación de proyectos.
Para Paco Solsona, director de Google for Startups en Hispanoamérica, Savimbo fue un caso único en el programa.
“Cuando conocimos a Savimbo fue refrescante ver equipos trabajando con comunidades indígenas, resolviendo problemas reales”, expresó Solsona. “Este acelerador fue un experimento, recibimos menos aplicaciones que en fintech o negocios, porque casi no hay startups usando tecnología para la biodiversidad. Por eso la experiencia con Savimbo fue tan valiosa. Demostraron que la IA puede aplicarse en conservación y al mismo tiempo generar impacto económico”.
Los resultados llegaron pronto. Savimbo se convirtió en la primera startup en emitir créditos de biodiversidad certificados a nivel mundial. Ya colocaron 40.000 créditos en el mercado internacional y distribuyeron cerca de US$100.000 en efectivo entre 80 familias campesinas de Putumayo.
Hoy cuentan con un panel independiente de 400 líderes indígenas, que funciona como comité ético para garantizar que los productos cumplan con los derechos de la naturaleza.
“La herramienta no solo sirve para investigación externa, sino para que nuestros jóvenes entiendan y valoren la biodiversidad desde adentro”, explica María Pastorita Juajibioy Chindoy, exgobernadora Kamsá en Sibundoy.
El modelo de negocio es de desintermediación. Savimbo vende directamente a consumidores, pymes y grandes empresas, desde compradores de autos y artículos de lujo hasta cadenas de suministro basadas en naturaleza. “
“Nuestros clientes están por todas partes”, dice Burbank. “Algunos tenían portafolios de carbono y quieren expandirse a biodiversidad. Todos buscan credibilidad, no solo discursos”.
El financiamiento ha sido una mezcla de capital de riesgo, que se diluyó al cambiar el foco de carbono a biodiversidad, y subvenciones de entidades como el Banco Mundial y la National Science Foundation de EE.UU. Ahora, con las primeras ventas, la compañía avanza hacia la autofinanciación.
La proyección es escalar un mercado donde, según datos de la ONU, los pueblos indígenas, aunque representan solo el 5% de la población mundial, protegen el 80% de la biodiversidad y el 30% de los ecosistemas intactos, pero reciben menos del 0,74% del financiamiento climático directo.
“Por primera vez, la biodiversidad puede comerciarse como el petróleo. Esperamos una gran demanda y necesitamos la optimización de la IA para escalar ese servicio”, anota Burbank.
Savimbo ya tiene proyectos en marcha en Panamá, Ecuador, Brasil y Bolivia, conectados gracias a tecnologías como Starlink, que lleva internet a comunidades amazónicas.
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