Colombia envejece. En menos de tres décadas, uno de cada cuatro habitantes será mayor de 60 años. ¿Está la vivienda preparada para ese reto?

Hace apenas dos décadas, Colombia era un país joven. Las ciudades crecían con rapidez, la maternidad ocurría temprano y la vejez se concebía como una etapa breve, familiar y dependiente. Hoy, ese modelo demográfico se desvanece. Según el DANE, en 2024 se registraron apenas 32 nacimientos por cada 1.000 mujeres (la mitad de hace veinte años), mientras la esperanza de vida ya supera los 77 años. Algo es evidente: Colombia envejece, y lo hace a un ritmo que podría tomarnos por sorpresa. Para 2050, uno de cada cuatro habitantes será mayor de 60 años.

El informe trimestral de vivienda de Asobancaria, advierte que el envejecimiento poblacional está reconfigurando las bases del desarrollo urbano. La pirámide demográfica se contrae, y con ella se intensifican las presiones sobre el sistema pensional, el sector salud y los esquemas tradicionales de cuidado. En este escenario, el mercado deberá responder a una generación de adultos mayores más longeva, más activa y con nuevas expectativas de vida.

“Hoy, millones de personas mayores viven solas o sin redes de apoyo efectivas y muchas quieren seguir siendo autónomas, activas y productivas, pero no encuentran en el país opciones reales para hacerlo” especifica el documento.

Asobancaria

La respuesta, entonces, no estará en replicar hogares geriátricos tradicionales, sino en diseñar espacios que reconozcan la diversidad funcional, emocional y social de quienes envejecen. El senior living es un modelo diseñado para comunidades para adultos mayores que combinan vivienda privada con servicios compartidos como alimentación, recreación, seguridad y atención básica en salud.

“En lugar de ver el envejecimiento como un problema, se puede asumir como una nueva etapa del ciclo social que, si se planifica, puede impulsar innovación, inversión y bienestar” señala el informe.

En pocas palabras, se trata de un modelo que permite decidir cómo vivir, qué servicios usar y cuándo recibir apoyo, sin renunciar a la privacidad ni a la vida activa.

Desde la perspectiva del sector inmobiliario, esto abre un abanico de modelos de negocio atractivos. Uno de los más relevantes es el Build to Rent (BTR), donde los desarrolladores construyen comunidades diseñadas específicamente para ser operadas como propiedades de alquiler a largo plazo. Este modelo ofrece a los inversionistas un flujo de ingresos estable y a los residentes una opción más flexible, sin necesidad de una gran inversión inicial.

Otros formatos incluyen el Continuing Care Retirement Community (CCRC), en el que los residentes pagan una cuota de entrada y tarifas mensuales para asegurar acceso a una gama completa de servicios, desde vivienda independiente hasta cuidados de salud especializados.

Ahora bien, por un lado esta estrategia no solo reduce costos y tiempos de desarrollo, sino que también revitaliza áreas urbanas y da un nuevo propósito a la infraestructura existente. Pero por el otro, el costo puede limitar su alcance y el modelo si o si, debe adaptarse a las realidades culturales y económicas del país. Esto exige formatos económicamente viables, accesibles y flexibles, que mantengan altos estándares de calidad de vida.

En países como Estados Unidos, Dinamarca, España o México, estos modelos han evolucionado con variantes cooperativas, esquemas público-privados y formatos adaptados a clases medias urbanas. En Colombia, sin embargo, su desarrollo es incipiente. La política pública sigue enfocada en la atención médica y la asistencia a poblaciones vulnerables, sin integrar plenamente el envejecimiento activo en la agenda de vivienda, planeación urbana o desarrollo económico.

El informe propone cuatro pasos urgentes:

  • Incorporar el envejecimiento en los planes de desarrollo y políticas de vivienda.
  • Superar la ausencia de normas que promuevan la construcción de vivienda en arriendo.
  • Establecer marcos regulatorios que habiliten la inversión y habiliten modelos mixtos entre lo público, lo privado y lo cooperativo.
  • Transformar la narrativa social que aún asocia la vejez como una carga.

La vejez ya no es sinónimo de dependencia. Estudios en gerontología y salud pública muestran que la edad biológica avanza más lento que la cronológica. Lo que significa que una persona de 60 años en 2025, puede tener la salud y funcionalidad de alguien de 45 de hace apenas unas décadas. Este cambio exige repensar no solo la vivienda, sino el modelo social que la acompaña.

No olvide que hoy, quienes tienen entre 30 y 50 años serán los adultos mayores de 2050. Asi que sí, Colombia envejece. Esa es la certeza. Lo que aún puede decidirse es si lo hará con dignidad, autonomía y calidad de vida, o atrapada en un modelo que no supo adaptarse a tiempo.

“Si no empezamos ahora a planificar, regular y construir, ese futuro nos encontrará improvisando” concluye el documento.

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