Desde Arizona, en Estados Unidos, la compañía que inventó el microprocesador busca ahora ser protagonista la era del “AI PC” y ser parte de la reindustralización del país con su nueva arquitectura Panther Lake, los chips para centros de datos Clearwater Forest y una de las tecnologías más avanzada jamás fabricada en suelo estadounidense.

En medio del desierto del suroeste de Estados Unidos, un complejo de acero y concreto reluce como uno de lo símbolos del renacimiento industrial estadounidense. Allí, dentro de la Fab 52, Intel ha encendido oficialmente la línea de producción del Intel 18A, el nodo de 2 nanómetros más avanzado jamás desarrollado y fabricado en el país.

Además de ser un salto técnico, representa una apuesta geopolítica y económica: demostrar que Estados Unidos puede volver a fabricar los chips más sofisticados del mundo.

“Estamos entrando en una nueva era de la computación”, dijo el CEO Lip-Bu Tan, en un comunicado, al lanzar la nueva generación de procesadores Intel Core Ultra Series 3, conocidos como Panther Lake. “Los avances que estamos logrando van a moldear el futuro por décadas. La combinación de nuestras plataformas de cómputo, tecnologías de fabricación y empaquetado avanzado son catalizadores de innovación en todo nuestro negocio”.

Con Panther Lake, Intel busca liderar la era del ‘AI PC’, una nueva categoría de computadores capaces de ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en el dispositivo. Son, en esencia, máquinas que piensan por sí mismas sin depender de la nube.

“Nunca ha habido un momento más dinámico en nuestra industria”, expresó Jim Johnson, vicepresidente sénior y jefe del Grupo de Computación del Cliente. “La inteligencia artificial está transformando todo el paisaje del hardware y el software”.

El chip combina lo mejor de generaciones anteriores, la eficiencia energética de Lunar Lake y el rendimiento de Arrow Lake, con una arquitectura que alcanza hasta 180 billones de operaciones por segundo (TOPS). Según Johnson, esto permitirá que los usuarios ejecuten modelos de lenguaje y asistentes de IA localmente, sin comprometer batería ni seguridad.

“Panther Lake será la plataforma de PC más adoptada y más versátil en la historia de Intel”, prometió. Su producción masiva arrancará antes de fin de año, y la disponibilidad global comenzará en enero de 2026.

Intel tiene el reto de posicionarse frente a competidores como Apple y AMD, y al mismo tiempo orientar sobre el papel del PC en la era de la inteligencia artificial.

Con estas finas láminas conocidas como ‘wafer’ (oblea, en español), se producen los procesadores. Foto: Proporcionada.

Mientras Panther Lake apunta al consumidor y a las empresas, su contraparte Clearwater Forest, otra de las grandes apuestas, mira al otro extremo del espectro: los centros de datos.

El nuevo Intel Xeon 6+ es, en palabras de la compañía, el procesador de servidor más eficiente que ha fabricado jamás. Está diseñado también sobre la tecnología 18A, con hasta 288 núcleos de eficiencia (E-cores) y un incremento del 17% en instrucciones por ciclo respecto a la generación previa.

En un contexto en el que la inteligencia artificial está disparando el consumo energético de los data centers, Clearwater Forest ofrece una alternativa menos voraz y más escalable.

“Está pensado para los grandes proveedores de nube, telecomunicaciones e infraestructura de IA que necesitan escalar sin disparar sus costos de energía”, explicó un portavoz técnico de Intel.

Con Clearwater Forest, Intel no solo tiene que competir con los chips de Nvidia y AMD, sino recuperar terreno en la arquitectura de los servidores que alimentan los modelos de IA generativa y la llamada ‘IA agéntica’, la que ejecuta tareas autónomas en empresas y plataformas digitales.

“Para que la inteligencia artificial se vuelva ubicua, necesitamos eficiencia a escala”, dijo Sachin Kaur, uno de los directores de tecnología y de IA de Intel. “Ahí es donde nuestros sistemas de cómputo heterogéneos, abiertos y escalables marcarán la diferencia”.

Una producción sofisticada

Foto: Proporcionada.

La Fab 52, epicentro de esta nueva generación de chips, es también una declaración de soberanía industrial para todo el país.

Construida sobre una extensión de casi un kilómetro cuadrado en Chandler, Arizona, la planta forma parte de una inversión de US$100.000 millones que Intel ha comprometido en Estados Unidos, junto con fábricas en Oregón y Nuevo México.

“Estamos produciendo el único proceso de clase de 2 nanómetros desarrollado y fabricado en Estados Unidos, y lo estamos haciendo aquí”, sostuvo Kevin O’Buckley, jefe de Intel Foundry Services. 

La fábrica combina innovación de materiales, automatización avanzada y un sistema cerrado de tratamiento de agua que recicla hasta nueve millones de galones diarios, convirtiendo a Intel en una operación “agua positiva” en Arizona.

Ahí, los espacios son más limpios que un quirófano, controlados hasta en la densidad de partículas por metro cúbico. 

Los productos que nacen ahí son miles de veces más pequeños que un cabello humano, y las obleas que producen los chips, altamente automatizadas, se mueven entre estaciones sin intervención humana, transportadas por sistemas robóticos suspendidos del techo. 

La fábrica, del tamaño de cinco campos de fútbol, produce chips como el Intel A18, símbolo de la nueva generación de procesadores de alto rendimiento. La precisión es tal que ninguna persona dentro del fab conoce todos los equipos ni todos los procesos: cada máquina, cada etapa y cada químico requieren una especialización tan profunda que el conocimiento completo del sistema escapa incluso a los ingenieros más veteranos.

Además de fabricar sus propios chips, Intel opera estas instalaciones como una fundición para múltiples clientes, incluyendo a varios de sus competidores. 

“Estas son las instalaciones de semiconductores más avanzadas del mundo”, aseguró el ingeniero Chris Auth, responsable de proceso. “Y están aquí, no en Taiwán ni en Corea”.

La tecnología RibbonFET, el primer nuevo diseño de transistor de Intel en más de una década, y el sistema PowerVia, que alimenta los chips por la parte trasera, prometen hasta 15% más rendimiento por vatio y 30% más densidad que el nodo previo, Intel 3.

En medio de todo,  Intel no se limita a la inteligencia digital. Con la nueva Robotics AI Suite, busca ser también la plataforma sobre la que se desarrollen los robots industriales y colaborativos del futuro.

“Por primera vez, un solo procesador puede manejar simultáneamente el control en tiempo real y la percepción mediante IA”, sostuvo Matthew Formica, líder de Edge AI. “Eso simplifica el diseño, reduce costos y acelera la innovación”.

Con el chip Panther Lake Edge ganan los videojuegos, que con los gráficos Intel Arc ofrecen hasta 50% más rendimiento que la generación anterior, permitiendo gráficos más fluidos y realistas sin depender de la nube. Pero también gana la gran industria, porque se trata de un chip capaz de impulsar tanto videojuegos como robots. Desde la compañía afirman que puede unir el control físico y la inteligencia artificial en un mismo sistema, desde robots industriales hasta humanoides.

Empresas como Techman Robot y Fourier ya integran estas herramientas en sus fábricas. “Estamos haciendo que la inteligencia física sea más accesible y escalable para toda la manufactura global”, dijo Scott Huang, COO de Techman.

El gran cambio en Intel no ha sido solo tecnológico, sino también cultural. En marzo de este año, Lip-Bu Tan, inversionista y exmiembro del consejo directivo, asumió como CEO tras meses de resultados por debajo de las expectativas. 

Llegó con la misión de recortar costos, agilizar la burocracia y fortalecer la división de manufactura para competir en un mundo acelerado por la inteligencia artificial. Pero su gestión comenzó con turbulencia: el presidente Donald Trump exigió públicamente su renuncia por supuestos vínculos con China, en un episodio que desató pánico en Wall Street y dentro del propio consejo. 

Tan voló a Washington, se reunió con el mandatario y logró revertir la crisis con un acuerdo histórico: el gobierno invirtió US$8.900 millones en acciones de Intel, obteniendo una participación del 10% para asegurar la producción nacional de chips. 

Semanas después, Nvidia sorprendió al mercado con una inversión de US$5.000 millones a cambio de casi el 4% del capital, sellando una alianza estratégica para fabricar procesadores de inteligencia artificial. Las dos operaciones han aumentado en un 51% el valor de Intel en bolsa en el último mes.

“El nuevo Intel será liderado por la ingeniería”, dijo Kaur. “Queremos una empresa más disciplinada, centrada en el cliente y con mentalidad de innovación constante”.

Esa visión se traduce en una estrategia de infraestructura abierta y heterogénea, donde los sistemas combinen CPU, GPU y aceleradores de diferentes proveedores. “El futuro de la IA será abierto y diverso. Nadie puede hacerlo solo”, afirmó el CTO.

Para Estados Unidos, el avance de Intel simboliza algo más grande que la recuperación de una empresa. Es la posibilidad de reconstruir una base tecnológica soberana en un mundo cada vez más fragmentado.

“El futuro de la computación está siendo diseñado y fabricado aquí, en los Estados Unidos”, dijo Kaur ante cientos de ingenieros y periodistas.

Mientras las máquinas de litografía trabajan en silencio bajo la luz ultravioleta extrema de Fab 52, Intel quiere seguir siendo uno de los motores de la tecnología global, y hacerlo desde casa.

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