El oro supera los US$4.000 por onza en medio del debilitamiento del dólar, pero días después cae en su máximo nivel desde 2013. ¿La incertidumbre vislumbra los metales como refugio y una desdolarización, o es una burbuja?

Durante la primera semana de octubre, el multimillonario fundador y CEO de Citadel, el fondo de cobertura más rentable del mundo, habló sobre “desdolarización” y aseguró que los inversionistas están considerando el oro como un activo más seguro que el dólar, lo que para él es preocupante. Las declaraciones, que se dieron durante una entrevista con Bloomberg, abren un debate para la planificación de gasto, inversión y ahorros de los inversionistas.

El punto de partida del debate radica en el incremento de los precios del oro, que superó el umbral de los US$4.000 la onza troy el pasado 7 de octubre. Sin embargo, este martes 21 el valor cayó más de 5% y marcó la mayor caída en un solo día en más de una década.

Los metales (la plata y el oro) han presentado incrementos a lo largo de 2025 principalmente por la incertidumbre política y económica de Estados Unidos con los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump y la inflación en incremento.

Entonces, ¿existe la posibilidad de una intención de desdolarización? De acuerdo con Lina Thompson, estratega de materias primas de Goldman Sachs, los inversionistas tienden a favorecer el oro durante periodos de alta incertidumbre política y económica, y esta vez no ha sido la excepción. A comienzos de año, cuando el metal superó los US$3.000 por primera vez, las tensiones comerciales y las decisiones de la Reserva Federal sobre las tasas de interés ya anticipaban un nuevo ciclo de valorización.

El reciente repunte está sustentado en una combinación de factores: un dólar debilitado, mayores expectativas de recortes de tasas, preocupaciones sobre la inflación relacionada con los aranceles y el descenso en los rendimientos del Tesoro estadounidense. En los últimos meses, el valor del dólar ha caído más del 4%, mientras que los rendimientos de los bonos a largo plazo se redujeron 3,6%, condiciones que históricamente fortalecen la demanda de oro.

El debilitamiento del dólar se explica por una combinación de factores monetarios, fiscales y geopolíticos. Las expectativas de nuevos recortes de tasas han reducido el atractivo de los activos en dólares, mientras el déficit fiscal supera el 6% del PIB y la deuda pública alcanza los US$34 billones, cifras que erosionan la confianza en la sostenibilidad del modelo estadounidense. “La desaceleración económica, los datos débiles de inflación y empleo, y el aumento en los flujos hacia mercados emergentes están presionando al dólar en medio de un cambio global en el equilibrio monetario”, señala Renato Campos, analista de mercados de GH Trading.

Más que una desdolarización total, los expertos advierten que el fenómeno actual representa una diversificación del refugio global. “El dólar sigue siendo el activo más relevante por su liquidez y respaldo institucional, pero los inversionistas ya no lo consideran el único pilar de estabilidad”, explica Paula Chaves, analista de HFM. “Hoy, los flujos de capital se distribuyen entre activos que ofrezcan protección ante escenarios cambiantes, y en ese proceso, el oro y los activos digitales han ganado protagonismo”.

Algunos expertos como los analistas de Bank of America advierten que el oro podría enfrentar una fase de consolidación tras su rápido ascenso, el consenso entre los estrategas es que la tendencia de largo plazo sigue siendo alcista. En paralelo, bitcoin también alcanzó nuevos récords, superando los US$125.000, lo que sugiere que los inversionistas están diversificando sus refugios entre activos tangibles y digitales.

Chaves concluye que “en este nuevo contexto, los refugios ya no compiten, se complementan: el oro representa permanencia y valor histórico, el dólar liquidez y confianza institucional, y Bitcoin innovación y autonomía”. Así, el auge del oro y la búsqueda de activos alternativos no marcan el fin del dominio del dólar, pero sí el inicio de una nueva etapa en la que la seguridad financiera global se distribuye entre distintas fuentes de valor, reflejando un mundo más multipolar, pragmático e interdependiente.

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