Corficolombiana proyecta un 2026 marcado por consumo robusto, tasas altas y mayor volatilidad cambiaria, con dólar entre $3.550 y $4.150, mientras la inversión se mantiene en mínimos históricos.
Cinco años después de la pandemia, la economía colombiana parece haber encontrado un nuevo punto de equilibrio: uno menos dinámico y más costoso.
Así lo plantea el balance de 2025 de Corficolombiana, liderado por César Pabón, director ejecutivo senior de Investigaciones Económicas, quien advierte que el país opera hoy con un crecimiento potencial más bajo, inflación y tasas de interés persistentemente altas, mayor prima de riesgo y un rezago de inversión que condiciona el desempeño futuro.
Para 2026, el diagnóstico no muestra un giro inmediato. “Los primeros minutos del segundo tiempo no traerán un cambio de ritmo”, resume Pabón. La entidad proyecta que el PIB se expandirá 2,8%, en línea con la recuperación gradual iniciada en 2023, pero todavía lejos del dinamismo prepandemia.
El libreto se repetirá: consumo privado sólido, inversión débil y un aporte negativo del sector externo.
En política monetaria, la previsión es clara: el Banco de la República continuará en una postura contractiva. La tasa de interés subiría de 9,25% a 9,75% en 2026, en respuesta a una inflación estable alrededor del 5% y a presiones adicionales como un salario mínimo que crecerá por encima de la productividad, el desabastecimiento de gas y el encarecimiento de bienes asociado al mayor consumo.
Las finanzas públicas tampoco darán respiro. El déficit se mantendría entre 7,0% y 7,6% del PIB, un rango que seguirá tensionando la deuda pese a las operaciones de manejo que prepara el Ministerio de Hacienda. Pabón advierte que el país necesitará ajustes estructurales en ingresos y gastos para recomponer el espacio fiscal.
En este entorno, el dólar cerraría 2025 cerca de $3.750 y transitaría un 2026 más volátil, marcado por el ciclo electoral y menores monetizaciones. Corficolombiana proyecta un rango entre $3.550 y $4.150, reflejo de la sensibilidad de los mercados frente a la política y al panorama fiscal.
Pero el mensaje central del informe apunta a la inversión, el componente más rezagado del engranaje macroeconómico. Al tercer trimestre de 2025, apenas representaba el 17,5% del PIB, uno de los niveles más bajos en veinte años. La formación bruta de capital fijo está 10% por debajo de 2022 y del nivel prepandemia, mientras la región ya muestra un repunte asociado a menor incertidumbre y mejores señales para el sector privado.
Pabón sintetiza el desafío con una metáfora en un año de Mundial de Fútbol que es, en realidad, un diagnóstico estructural: sin inversión, Colombia juega sin la pelota. Y sin la pelota —sin capital físico, humano e institucional— no hay forma de sostener el crecimiento ni de reducir las vulnerabilidades que hoy condicionan la economía.
