La apreciación del peso colombiano, impulsada por una mayor oferta de dólares y endeudamiento externo, abarata importaciones pero reduce los ingresos de sectores clave como el café y las flores, en un momento de estancamiento del sector externo.
Una caída del dólar puede sonar atractiva: el peso se revalúa, las importaciones se abaratan y viajar al exterior resulta más barato. Pero en una economía como la colombiana, que exporta poco y enfrenta serios problemas de competitividad, un dólar más barato también trae consigo grandes costos. Sectores como el café, el bananero y las flores, ven reducir sus ingresos cuando los dólares que reciben los productores valen menos en pesos, con efectos sobre inversión, empleo y competitividad.
Datos clave
- El dólar abrió la jornada del miércoles por debajo de la Tasa Representativa del Mercado (TRM), fijada en $3.663,24, durante el día tocó un mínimo de $3.610 y cerró en $3.655 (precio promedio).
- La monetización de recursos de crédito del Gobierno y las colocaciones de financiamiento externo en dólares han aumentado la oferta de divisas, presionando el dólar a la baja en el corto plazo.
- En lo corrido de 2026, el peso colombiano acumula una revaluación cercana al 3,9%, lo que lo ubica como la moneda más apreciada de la región, según el Banco de Bogotá.
- El mercado monitorea nuevas emisiones de deuda externa, en un entorno político marcado por el calendario electoral.
Sectores productivos bajo presión
En el caso de los caficultores, el impacto es directo. Aun con cotizaciones favorables en los mercados internacionales, los ingresos de los caficultores se ajustan a la baja cuando el dólar pierde valor frente al peso. Según Germán Bahamón Jaramillo, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), “el mismo café, con la misma calidad y el mismo esfuerzo, hoy paga medio millón de pesos menos por carga únicamente por la revaluación del peso”.
En el último año, la tasa de cambio se ha apreciado cerca de $746 por dólar, un ajuste que ha reducido de forma significativa los ingresos del sector cafetero. Solo por efecto cambiario, cada carga de café ha dejado de recibir entre $500.000 y $550.000 frente a lo que habría obtenido un productor hace un año. A ese impacto se suman un entorno de costos más exigente, el aumento del salario mínimo, la inflación acumulada y un entorno financiero restrictivo que reducen el margen de maniobra de los caficultores y condicionan sus decisiones de inversión.
Algo similar ocurre en la floricultura. Se trata de un sector totalmente exportador: más del 97% de su producción se vende en el exterior y todas las operaciones se realizan en dólares, sin importar si el destino es Estados Unidos, Europa o Asia. En 2025, aún sin cifras definitivas de diciembre, la floricultura colombiana habría exportado cerca de US$2.500 millones, de los cuales US$2.000 millones tuvieron como destino Estados Unidos, su principal mercado. Esa exposición explica la magnitud del efecto cambiario.
“Una caída de 100 pesos en la tasa de cambio implica menores ingresos cercanos a $250.000 millones para el sector en un año, solo por efecto de la revaluación. Una variación promedio de ese tamaño es un impacto gigantesco para la floricultura”, señaló Augusto Solano Presidente de Asocolflores.
El impacto se intensifica por la propia estructura de costos del sector. La floricultura es altamente intensiva en mano de obra: entre el 50% y el 60% de sus costos corresponden a salarios, en un negocio que opera casi en su totalidad bajo esquemas de formalidad. En total, el sector genera alrededor de 150.000 empleos formales, lo que hace que cualquier choque cambiario o aumento de costos, se traduzca rápidamente en presión sobre márgenes y empleo.
Solano advirtió que, aunque existen factores internacionales difíciles de controlar (como los aranceles cercanos a US$200 millones anuales que debe pagar el sector para ingresar al mercado estadounidense) la estrategia reciente de endeudamiento del Gobierno también ha contribuido al proceso de revaluación. Un fenómeno cuyos efectos, señaló, no se limitan a los exportadores: un dólar a la baja abre la puerta a una mayor competencia de productos importados en el mercado interno, con posibles impactos sobre el empleo.
El resultado es un sector altamente competitivo, con alto valor agregado y presencia internacional, que opera en un contexto cambiario y de costos menos favorable, pese a mantener niveles de productividad y calidad consolidados.
A qué prestar atención
El panorama exportador refuerza las preocupaciones del sector productivo. Según el Dane, las exportaciones colombianas sumaron US$45.655,2 millones entre enero y noviembre de 2025, con un crecimiento de 1,3% frente al mismo periodo del año anterior, informó el Dane. El leve aumento estuvo impulsado principalmente por el fuerte repunte de las ventas de productos agropecuarios, alimentos y bebidas, que crecieron 36,4%, en contraste con una caída de casi 18% en las exportaciones de combustibles y productos extractivos.
En conjunto, las cifras muestran un estancamiento en las ventas externas, lo que se traducirá en unas exportaciones totales inferiores a los US$50.000 millones, cuando según gremios como Analdex el país debería exportar unos US$ 100.000 millones. De hecho, en noviembre las exportaciones colombianas sumaron US$4.016,6 millones FOB, lo que representó una caída de 2,7% frente al mismo mes de 2024, de acuerdo con el Dane.
En ese contexto, la presión cambiaria cobra mayor relevancia. Javier Díaz Molina, presidente ejecutivo de Analdex, advierte que “la revaluación del peso tiene un efecto directo para los exportadores del país, dado que representa menos ingresos. La tasa de equilibrio debería estar alrededor de los $4.200 y en realidad nos acercamos hacia los $3.600, por lo que hay $600 menos por cada dólar exportado”.
Díaz explica que la presión sobre márgenes se intensifica porque muchos contratos de exportación tienen precios en dólares relativamente rígidos, mientras varios costos locales (salarios, servicios, arriendos) presentan rigidez a la baja y, en algunos casos, indexación al alza.
“Esto genera una asimetría: los ingresos en pesos se ajustan rápido con la apreciación, pero los costos no”, señaló.
Los sectores más expuestos son aquellos con alta intensidad de costos domésticos y menor capacidad de trasladar precios al mercado externo, como el café verde, el banano y las flores. Según el presidente de Analdex, un dólar más bajo puede incluso aumentar el incentivo a vender en el mercado interno si los precios domésticos se sostienen, debilitando aún más el dinamismo exportador del país.
En un momento de estancamiento de las exportaciones, forzar la caída del dólar mediante nueva deuda externa representa un riesgo elevado. La estrategia puede aliviar presiones fiscales de corto plazo, pero compromete la competitividad de sectores clave que sostienen el empleo formal y la diversificación productiva del país. El desafío entonces, será encontrar un equilibrio que no sacrifique la capacidad exportadora por las necesidades de la coyuntura fiscal.
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