Conciertos y eventos internacionales están transformando el papel de los estadios en la economía de las principales ciudades colombianas.

Durante años hablamos de los estadios exclusivamente como “templos del fútbol”. Pero las multitudes que llegaron el año pasado conciertos de artistas como Shakira, J Balvin, Silvestre Dangond y Dua Lipa, ratificaron que estos espacios se han convertido en motores urbanos de entretenimiento y de la economía de las ciudades.

No es casualidad que Bogotá, Barranquilla y Medellín estén metidas de lleno en una carrera por modernizar sus grandes colosos.

El Metropolitano, que alguna vez recibió a 65.000 personas y luego se achicó por las nuevas normas, volverá a rozar esa escala. Con una inversión cercana a los $180.000 millones pasará de 45.994 a más de 60.000 espectadores (que pueden ser hasta 75.000 en conciertos) con tribunas ampliadas, nuevos servicios médicos, baños decentes, zonas de comida, sala de prensa profesional y hasta museos y áreas comerciales. Buscan tener una experiencia pensada para que la ciudad pueda organizar desde finales continentales hasta grandes conciertos. El alcalde Alejandro Char dice que esta modernización, cuya obra ya empezó, está generando 700 empleos.

Bogotá, con Sencia, va más allá y se propone levantar un nuevo El Campín, con una inversión de más de $2 billones, para 50.000 personas en el centro de un distrito de deportes y entretenimiento de 167.000 metros cuadrados. Con techo retráctil, auditorio sinfónico, hotel, clínica deportiva, comercio, gastronomía y espacios verdes, la capital entiende que un estadio puede llegar a ser un lugar vivo todos los días. Es un proyecto de infraestructura tan atractivo, que Corficolombiana de Grupo Aval firmó un acuerdo para adquirir el 51% de Sencia, que es la asociación público-privada que tiene a su cargo la renovación.

Render de El Campín / Sencia.

Medellín, por su parte, invertirá más de $750.000 millones para llevar el Atanasio Girardot de 45.200 a 60.000 asistentes, con una nueva cubierta total y mejor espacio público. Es una apuesta fuerte, con recursos públicos, para cumplir estándares FIFA y, sobre todo, para consolidar un distrito deportivo y cultural que ya hoy se siente cada vez que hay clásico o concierto.

Foto: Alcaldía de Medellín.

La competencia no es solo entre ciudades colombianas. Las grandes ciudades latinoamericanas llevan años entendiendo que quien no renueva sus estadios se queda por fuera de los grandes eventos.

Cada espectáculo se mueve a donde haya infraestructura, conectividad y experiencia para el fan. Y, si nosotros no damos ese salto, otros lo harán por nosotros.

¿Por qué importa todo esto? Porque las ciudades crecieron y el negocio también. Cada concierto masivo o encuentro deportivo de interés internacional deja millones de dólares en hoteles, restaurantes, transporte, comercio y empleo temporal. Por eso es una gran noticia que Barranquilla haya sido elegida sede de la final de la Copa Sudamericana 2026. Es una vitrina para mostrar de qué somos capaces cuando entendemos que el deporte y el entretenimiento también son política urbana y desarrollo económico. Al final, ganan los equipos o los artistas, pero más aún las ciudades.

Esta es la carta editorial firmada por el editor general de Forbes Colombia que apareció en la edición impresa de diciembre 2025-enero 2026.