El mayor productor de cemento de Colombia analiza un eventual retorno al país vecino en medio de un proceso de normalización política, aunque persisten riesgos para la inversión privada.
El holding colombiano de infraestructura Grupo Argos está evaluando un posible regreso a Venezuela, luego de que fuerzas estadounidenses destituyeran al presidente Nicolás Maduro, un giro político que ha despertado expectativas entre empresas extranjeras que fueron expropiadas durante los gobiernos socialistas del país.
“Creemos que este proceso de normalización en Venezuela tomará tiempo, pero incluirá el reconocimiento de los inversionistas que fueron expropiados y a quienes nunca se les pagó, como nosotros”, dijo Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, en una entrevista con Bloomberg realizada en Medellín.
Velásquez recordó que una planta de Cementos Argos, filial del grupo, fue expropiada en 2006 durante el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez. “Nuestra planta fue confiscada, expropiada en 2006, y Argos nunca recibió el pago por lo que invirtió”, afirmó.
Cementos Argos había ingresado al mercado venezolano en 1997 tras adquirir, mediante una subasta internacional, una planta ubicada en el estado Trujillo, bajo la firma Corporación Cemento Andino. La inversión total ascendió a cerca de US$350 millones y permitió a la compañía operar con una capacidad instalada de 750.000 toneladas métricas anuales de cemento.
En su momento, la deuda asociada a la expropiación de esos activos fue estimada en más de US$300 millones, un saldo que el grupo considera clave en cualquier proceso de transición legal que se adelante en Venezuela.
La detención de Maduro ha alimentado el optimismo entre grandes compañías colombianas que anteriormente mantenían operaciones relevantes en el país vecino, que durante años fue uno de los principales socios comerciales de Colombia.
Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), las exportaciones colombianas a Venezuela alcanzaron un máximo de US$6.100 millones, pero cayeron hasta US$320 millones en 2017, cuando la economía venezolana se fragmentó como resultado de la mala gestión y la intervención estatal.
Aun así, persisten obstáculos significativos para el retorno empresarial, entre ellos preocupaciones de seguridad y la falta de un marco jurídico sólido que garantice la inversión privada.
Velásquez señaló que los ejecutivos del grupo aún no han planeado un viaje a Caracas, aunque tienen la intención de hacerlo.
El directivo agregó que ve con optimismo la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha defendido los derechos de las compañías petroleras extranjeras expropiadas durante los gobiernos de Maduro y Chávez, y espera que ese mensaje se extienda a otros sectores.
“Conocemos muy bien la industria cementera venezolana, pues operamos allí durante décadas. Ese es un conocimiento muy importante del mercado que probablemente podremos aprovechar”, dijo.
Pese al nuevo escenario político, el presidente de Grupo Argos, quien dejará el cargo en marzo, reconoció que Venezuela sigue siendo un mercado incierto, recordando que otras empresas colombianas, como Grupo Éxito y el ingenio azucarero CIAMSA, también sufrieron expropiaciones que afectaron la confianza empresarial.
