Los inversionistas venían apostando por un presidente de la Reserva Federal con un tono moderado. Trump eligió, en cambio, a un halcón, y el mercado del oro y la plata reaccionó de inmediato.
El presidente Donald Trump dijo el viernes que planea nominar al exgobernador de la Reserva Federal Kevin Warsh como próximo presidente del banco central.
Warsh formó parte de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal durante la Gran Crisis Financiera, cuando la Fed implementó por primera vez políticas no convencionales como la flexibilización cuantitativa, o quantitative easing (QE). En su momento se opuso a estas medidas (aunque finalmente las respaldó). Advirtió que los programas de compra de bonos alimentarían la inflación (no ocurrió) y distorsionarían los mercados (eso sí sucedió). Esa postura le valió la reputación de ser un “halcón” de la política monetaria. También convierte su nominación en un movimiento inesperado por parte de un presidente que ha presionado abiertamente a la Fed, ha atacado a sus líderes y ha respaldado una investigación contra el actual presidente, Jerome Powell, que podría derivar en un proceso penal.
El anuncio de Trump tuvo un impacto inmediato en el mercado de metales. Hacia el mediodía, el oro y la plata registraban su peor jornada desde la presidencia de Ronald Reagan. A las 11:30 a. m., hora del Este, el oro caía 7%, lo que lo encaminaba a su peor sesión desde abril de 2013. La plata bajaba 19%, lo que —de mantenerse— sería su mayor desplome diario desde 1987. En conjunto, eso equivale a una caída combinada del 26% en una sola sesión.
Un movimiento de ese tamaño casi nunca ocurre. La última vez que el oro y la plata sufrieron una pérdida conjunta mayor en un solo día fue en abril de 1987. Entonces, el oro cayó 5% y la plata se desplomó 23%, para una pérdida combinada de 28%. Antes de eso, el único día peor —retrocediendo hasta la década de 1960— fue el 22 de enero de 1980, cuando el oro se hundió 13% y la plata retrocedió 15%.
Parte de la culpa puede atribuirse a la reputación de Warsh.
Los metales preciosos suelen verse presionados cuando los inversionistas anticipan tasas de interés más altas y un dólar más fuerte. Tienden a comportarse mejor cuando el dinero es barato y el dólar luce débil. Durante meses, los operadores habían apostado a que Trump elegiría a un presidente de la Fed partidario de recortar tasas. Warsh llegó con la imagen exactamente contraria.
Pero también se puede señalar a los propios metales.
El oro acumula un alza cercana al 75% en el último año. La plata ha subido más de 180%. Mercados tan recalentados no necesitan mucho para asustarse y salir corriendo. Si Warsh asume el cargo y mantiene sus posturas históricas, esta venta masiva podría marcar un punto de inflexión. Lo más probable, sin embargo, es que se tratara de una operación demasiado concurrida que solo estaba buscando una excusa para tomar aire. El viernes por la mañana, el pasado de Kevin Warsh fue excusa suficiente.
