Daniel Velandia, de Credicorp Capital, y José Ignacio López, de Anif, advierten que el débil cierre del año y la caída del agro y la industria presionan a la baja las perspectivas de crecimiento para 2026.
El crecimiento económico de 2025 llegó por debajo de las expectativas del mercado y para los analistas dejó un mensaje inquietante: la inversión sigue siendo el talón de Aquiles de la economía colombiana.
Daniel Velandia, Head de Research y Chief Economist de Credicorp Capital, dijo que la mayor sorpresa no estuvo tanto en la cifra anual, sino en las revisiones significativas a los datos previos y, especialmente, en el fuerte ajuste a la baja de la inversión de 2024. La estimación inicial de crecimiento de la inversión total para ese año era de 5,2%, pero terminó revisándose a 2,4%, menos de la mitad.
Esa corrección redujo la base de comparación para 2025 y dejó un avance de la inversión de apenas 2,1% el año pasado, muy por debajo de proyecciones cercanas al 5%. Además, la inversión como porcentaje del PIB se ajustó de 18% a 17% en 2024 y 2025, acumulando una caída de cinco puntos frente a 2019.
A esto se sumó un consumo de los hogares más débil de lo esperado (3,6% frente a una estimación cercana al 4%) y una contracción trimestral de la demanda interna en el cuarto trimestre, arrastrada por una caída de 9% en la inversión frente al trimestre anterior. Sectores como construcción, minería y petróleo se contrajeron; la industria manufacturera creció apenas 1,9%.
Para Velandia, la economía está sostenida por el consumo y el gasto público, una combinación difícil de mantener sin nuevos proyectos empresariales que impulsen empleo y productividad. Ante el aumento del salario mínimo y la expectativa de mayores tasas de interés hacia el cierre del año, Credicorp Capital revisó a la baja su proyección de crecimiento para 2026, de 2,7% a 2,5%.
En la misma línea de cautela, José Ignacio López, presidente de Anif, señaló que el crecimiento de 2,6% en 2025 -por debajo de la mediana del mercado (2,8%)- confirma una recuperación moderada y todavía frágil.
A su juicio, el dinamismo estuvo explicado principalmente por el consumo, en especial el gasto del Gobierno, así como por el buen comportamiento del comercio, las actividades artísticas y la administración pública.
Sin embargo, advirtió que las sorpresas negativas provinieron del frente productivo: el agro se contrajo en el último trimestre del año y la industria manufacturera cayó en diciembre, señales que refuerzan la preocupación por la debilidad estructural de la oferta.
Para López, el patrón es consistente con una economía que crece impulsada por la demanda, pero con rezagos en sectores clave para la generación de empleo y valor agregado, lo que limita la solidez de la recuperación.
Según Camacol, además del gasto púbico, la economía necesita encender el otro motor: reactivar la inversión privada con estabilidad y reglas claras. Recuperar la vivienda no es un asunto sectorial; es una decisión estratégica de país.
“La construcción encadena 34 subsectores económicos, moviliza capital privado, dinamiza la producción nacional y genera empleo formal en todo el territorio. El rumbo que se defina en los próximos años determinará si seguimos creciendo a punta de consumo o si apostamos por inversión, formalidad y productividad. La vivienda debe estar en el centro de esa elección”, señaló el gremio.
