Tras advertir en redes que no tenía cómo pagar nómina ni arriendo, el fundador de Vozz Coffee convirtió una crisis de liquidez en una ola de clientes, alianzas y visibilidad nacional.

En una cuadra de Quinta Camacho, sobre la carrera novena, en el norte de Bogotá, la historia parecía escrita de antemano. Otra cafetería boutique tratando de sobrevivir en un mercado saturado. Tres meses después de abrir, Vozz Coffee estaba al borde del cierre.

Entonces su fundador, el caleño César Mejía, hizo algo que a algunos emprendedores les da miedo. Encendió la cámara y admitió que estaba a punto de quebrar.

Era una mañana de enero. Con menos de 3.000 seguidores en Instagram, Mejía publicó un video en el que describía con franqueza la caída de ventas tras la temporada de Navidad, vacaciones y lluvias. Las cuentas no daban. Había deudas con empleados, presión por el arriendo y la inminente obligación tributaria con la Dian. “Ni siquiera tenía los recursos para cerrar”, explicó después. Liquidar también cuesta.

Lo que siguió fue una reacción poco común en un ecosistema digital acostumbrado al éxito aspiracional. En Instagram, el video acumuló cerca de 500.000 reproducciones y más de 1.500 comentarios, mientras que en TikTok, alcanzó unas 700.000 vistas y más de 3.000 comentarios. En cuestión de días, la cafetería pasó de estar vacía a tener filas.

Vozz no nació como una cafetería convencional. Mejía la define como el primer dispensario de café a granel en Colombia. Un modelo donde el cliente elige cuánto café comprar, en grano o molido, y accede a perfiles de sabor de especialidad a precios competitivos. La ambición no era abrir un solo punto, sino diseñar un sistema replicable.

“Estamos transformando el café de una compra cerrada a una experiencia de elección personalizada”, dice Mejía. El modelo combina experiencia, libertad de elección y estandarización operativa pensada para escalar.

Antes de emprender, trabajó en consumo masivo, retail y startups, en áreas comerciales y de mercadeo. Esa trayectoria le dio herramientas para estructurar procesos y márgenes, pero no inmunidad frente a la estacionalidad. Octubre a enero resultaron meses volátiles para un negocio nuevo que depende del tráfico peatonal y de compras de impulso.

Además, el concepto requería pedagogía. “No es solo venir por una bebida. Es entender que puedes comprar café a granel, elegir cantidad y descubrir perfiles de sabor”, explica, porque construir categoría implica cambiar hábitos.

El video no fue una campaña planeada. “Fue una mezcla de presión, frustración y honestidad”, afirma.

Esperaba que su círculo cercano respondiera con algunos domicilios adicionales. En cambio, la historia tocó una fibra más amplia, la del emprendedor que lucha en silencio.

En los días posteriores, empezaron a llegar olas de pedidos, mensajes desde otras ciudades e incluso desde el exterior. Personas que nunca habían oído hablar de Vozz cruzaron la ciudad para comprar una bolsa de café. Empresas preguntaron por alianzas corporativas. Las redes sociales crecieron de forma acelerada.

Pero el verdadero efecto, dice Mejía, fue intangible. “Muchos me escribieron para decir que estaban pasando por lo mismo y que el video les dio fuerza para hablar”. La narrativa dejó de ser individual y se convirtió en colectiva.

La viralización elevó el flujo de clientes y las ventas, pero también planteó un reto clásico de la economía de la atención, que es cómo convertir un pico en estabilidad.

La respuesta fue menos romántica que el video. Mejía y su equipo, su socio Jaime y el equipo operativo encabezado por Alejandra y Paula, se enfocaron en estandarizar procesos, ajustar inventarios, fortalecer la experiencia en tienda y estructurar una línea corporativa de regalos empresariales con café personalizado.

“No se trataba solo de vender más, sino de construir un sistema que pudiera sostener el crecimiento”, señala.

El plan ahora es expandirse primero en Colombia y luego internacionalizar el modelo de dispensarios a granel, junto con una oferta de bebidas como matcha y chocolate que amplíen la base de clientes. La tesis es que democratizar el café de especialidad puede ser un negocio de volumen, no solo de nicho.

La historia de Vozz también expone un problema estructural. Según Mejía, emprender en Colombia implica enfrentar burocracia, costos laborales elevados y una carga tributaria que no siempre distingue entre una microempresa y una compañía consolidada. En gastronomía, los márgenes son estrechos y la estacionalidad castiga.

“Un emprendimiento pequeño suele enfrentar exigencias similares a las de empresas mucho más grandes”, dice.

Su conclusión es conocer el negocio a fondo, cuidar márgenes y no aislarse.

“El emprendimiento no debe ser solitario ni silencioso”, anota.

En un entorno digital dominado por la narrativa del éxito continuo, la vulnerabilidad se convirtió en activo. La autenticidad funcionó como catalizador de demanda. Pero también dejó una lección más amplia sobre consumo y comunidad, que es que en tiempos de incertidumbre económica, el público puede responder no solo al producto, sino a la historia detrás de él.

Hoy, Vozz Coffee vive lo que Mejía describe como “un nuevo renacer”. La tienda que no tenía recursos para cerrar ahora piensa en crecer.

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