Campesinos que antes dependían del narcotráfico hoy ingresan a mercados legales y se posicionan como empresarios rurales con productos de alto valor agregado.
“Yo no quiero subsidios; quiero un negocio que me garantice ingresos y tranquilidad”. Esto me dijo María, excultivadora de coca del Catatumbo, una región donde durante décadas se creyó que la coca era el único negocio viable. No pedía asistencialismo ni promesas, sino estabilidad, flujo de caja y acceso a mercados.
Ese anhelo resume lo que estamos ejecutando desde la Dirección de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito con el programa RenHacemos. No estamos reemplazando una planta por otra; estamos consolidando economías completas. Impulsamos siembra, infraestructura para transformación, bienes para la agrologística, construcción de vías, asistencia técnica y acceso real a mercados nacionales e internacionales. Los proyectos productivos operan como empresas.
Las cifras lo confirman. Con más de 35.000 hectáreas en proceso de sustitución, proyectamos 68.577 toneladas anuales de alimentos que representan ingresos cercanos a 488.472 millones de pesos al año. El cacao lidera como activo estratégico, con 11.000 toneladas y retornos aproximados de 270.700 millones. Cada familia vinculada alcanzará ingresos de entre 25 y 30 millones de pesos libres anuales, superando la rentabilidad promedio de la coca, que ronda los 18 millones por hectárea al año.
Estamos combinando productos de corto plazo, como el ají —que cosecha desde el cuarto mes y puede generar hasta 4.7 millones mensuales—, con apuestas de largo plazo como el cacao, açai y café. Competir con la coca dejó de ser una aspiración y hoy es un resultado basado en productividad, rentabilidad y sostenibilidad. Sin embargo, para que esta estrategia sea sostenible en el tiempo, necesitamos más participación del sector privado, integrando estas cadenas e invirtiendo en estos territorios. Un notable ejemplo de este esfuerzo ha sido Grupo Éxito, quien hoy vende productos de la sustitución en sus almacenes.
Campesinos que antes dependían del narcotráfico hoy ingresan a mercados legales y se posicionan como empresarios rurales con productos de alto valor agregado. Esta transformación ya tiene símbolos contundentes. Chocolates elaborados por familias de RenHacemos, en Roberto Payán, llegaron a la Casa Blanca durante la reunión entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump. También participan en “Chocoa”, en Ámsterdam, una de las ferias más importantes del mundo sobre cacao.
La paz deja de ser un discurso y ahora se construye con hechos y planificación sostenida en el tiempo.
*La autora es directora de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito de Colombia.
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