La menor extracción, la ausencia de nuevos contratos de exploración y una mayor carga tributaria limitarían la recuperación. Las importaciones de gas superarían el 20% del suministro nacional.

Tras contraerse 5,6% anual en el tercer trimestre de 2025 -la mayor caída desde que existen registros, excluyendo el choque de la pandemia-, las proyecciones para en sector de minas y canteras en 2026 anticipan que la actividad continuará en terreno contractivo, con una reducción adicional de 2,9%.

Según un análisis de Corficolombiana, el deterioro reciente refleja un debilitamiento transversal. Entre enero y noviembre de 2025, la producción de petróleo promedió 747.000 barriles diarios, una caída de 3,6% frente al mismo periodo de 2024.

En carbón, la producción disminuyó 5,5% anual en el tercer trimestre, mientras que el gas natural registró un desplome de 17% en lo corrido del año a noviembre, profundizando las alertas sobre seguridad energética.

El impacto ya se siente en las principales compañías del sector. Al cierre del tercer trimestre de 2025, el EBITDA y la utilidad neta acumulada a doce meses de Ecopetrol retrocedieron 11% y 25% anual, respectivamente, en un entorno marcado por menores volúmenes, precios menos favorables y mayores presiones fiscales.

Hacia 2026, el panorama no luce más alentador. El subsector petrolero caería 3,2%, limitado por la menor extracción, la ausencia de nuevos contratos de exploración y el aumento de la carga impositiva derivada de la declaratoria de emergencia económica. Este escenario restringiría la capacidad de recuperación y presionaría las exportaciones a la baja.

Este debilitamiento también se refleja en el frente externo: el valor de las exportaciones de crudo cayó 17% anual en el tercer trimestre de 2025, explicado tanto por menores precios como por una reducción en los volúmenes.

En gas, la continua disminución en la producción comercializada -asociada a una menor declaración de reservas- implicaría una mayor dependencia de importaciones para atender la demanda interna. Los volúmenes importados podrían superar el 20% del suministro total, elevando la exposición externa del sistema energético.

El carbón, por su parte, seguiría afectado por menores niveles de extracción, una demanda internacional más débil y las presiones derivadas de la transición energética global. Se proyecta una caída cercana al 12%, limitando su aporte al PIB y a las exportaciones.