De los 324.000 ocupados adicionales frente a enero de 2025, 195.000 fueron trabajadores por cuenta propia. La informalidad sigue en 55% y 14,9 millones permanecen fuera del mercado laboral.

La caída del desempleo a 10,9% en enero puede leerse como una buena noticia. Sin embargo, una mirada más detallada a la composición del empleo revela un panorama más complejo. Frente a enero de 2025, el país tiene 324.000 ocupados más. De ese total, 195.000 son trabajadores por cuenta propia, es decir, el 60% del incremento anual, según la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane.

En Colombia, el trabajo por cuenta propia está asociado a esquemas de informalidad o actividades de baja productividad. Aunque no todo empleo independiente es precario, en el agregado indica que el dinamismo laboral no estuvo liderado principalmente por nuevas contrataciones asalariadas.

“Aunque la tasa de desempleo sigue mejorando frente a hace un año, el ritmo de creación de empleo se desaceleró de forma importante”, explica Jackeline Piraján, economista principal de DaviBank. “En enero solo se generó el 43% de los puestos que veníamos observando en el segundo semestre de 2025, lo que ya empieza a mostrar señales de enfriamiento en el mercado laboral”.

Este comportamiento se da en un contexto donde la informalidad alcanza el 55,0% de los ocupados, lo que equivale a 12,8 millones de trabajadores. Aunque la tasa bajó 1,1 puntos porcentuales frente a un año atrás, más de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin plena protección social ni estabilidad contractual.

Según Piraján, del total de empleos creados, la mayor parte fueron por cuenta propia, lo que sugiere un deterioro en el margen de la calidad del empleo, especialmente en el segmento privado. 

“Además, la informalidad sigue rondando el 55%, un indicador que debemos monitorear ante el aumento de los costos laborales”, explica. 

Otro dato preocupante es la participación. De los casi 41 millones de personas en edad de trabajar, 14,9 millones están fuera de la fuerza laboral, es decir, no tienen empleo ni lo están buscando. Esto representa el 36,4% de la población en edad productiva.

En otra palabras, hay menos desempleo abierto, pero alta informalidad y una porción significativa de la población al margen del mercado laboral. La reducción en la tasa de desocupación responde al aumento de ocupados, pero también a una menor presión de búsqueda.

Según Piraján, el resultado del mercado laboral, en cierto modo, se alinea con lo que anticipó el Banco de la República en su informe más reciente, en el que supone que el incremento del salario mínimo podría deteriorar algunas características del mercado laboral.

“Es una fuente de preocupación que debemos monitorear hacia adelante”, señala.

Desde el Banco Itaú también advierten que, si bien el mercado laboral se mantuvo sólido en 2025, el aumento significativo del salario mínimo podría elevar la tasa promedio de desempleo este año hasta 10,2%. 

“El repunte secuencial del desempleo urbano podría ser un indicio adelantado de una desaceleración en la dinámica de contratación”, señaló la entidad.

Para Bruce Mac Master, presidente de la Andi, el comportamiento por posición ocupacional deja interrogantes. Aunque aumentó el segmento de empleadores, el empleo particular apenas creció en 17.000 personas, lo que podría indicar la expansión de micronegocios sin claridad sobre su estabilidad futura.

“Al revisar el mercado laboral por actividad y posición ocupacional, surge la inquietud de si el aumento en la ocupación está asociado al gasto público, especialmente a las órdenes de prestación de servicios antes de la Ley de Garantías”, afirmó.

También le puede interesar: Desempleo cayó a 10,9% en enero, con 2,8 millones de desocupados