La escalada arancelaria entre ambos países ya encarece medicamentos, paraliza el comercio fronterizo y pone en riesgo más de 300.000 empleos en un corredor económico construido durante décadas.

Colombia y Ecuador siguen enfrascados en una escalada arancelaria que amenaza más de 300.000 empleos, encarece medicamentos y paraliza camiones en frontera.  Ojalá con el paso de los días la cordura haya prevalecido.

Todo empezó el 21 de enero, cuando el presidente de Ecuador Daniel Noboa impuso un gravamen del 30 % a las importaciones colombianas invocando “seguridad nacional”. Un mes después lo elevó al 50 %.

Colombia respondió con reciprocidad idéntica y suspendió parte del suministro eléctrico que cubre cerca del 10 % del consumo ecuatoriano. Lo que era un diferendo fronterizo legítimo se convirtió en guerra comercial dentro de la Comunidad Andina, un bloque diseñado para eliminar barreras, no para crearlas.

La aritmética es implacable. El comercio bilateral ronda los US$2.800 millones anuales. Con sobrecostos del 50 %, las importaciones colombianas en Ecuador cayeron cerca del 70 %. Del lado ecuatoriano, el 80 % del material genético avícola y hasta el 60 % de los insumos de diálisis provienen de Colombia. Y más de 20.000 pacientes renales dependen de ese flujo. Mientras tanto, el contrabando en Nariño creció 72 % y las ventas formales se desplomaron 60 %. Castigar la formalidad es subsidiar el delito.

Los gremios de ambos países pidieron que se separara la seguridad del comercio. Hay instrumentos para cooperar en frontera, como las mesas binacionales, trazabilidad y la inteligencia compartida, sin incendiar cadenas productivas que tardaron décadas en construirse.

Cuando el cálculo político del presidente de turno reemplaza la política de Estado, la diplomacia se degrada a disputa personal. El costo recae sobre miles de empresas, trabajadores y consumidores sin voz en la decisión.

América Latina es un gigante dormido con capital humano, recursos estratégicos y un idioma común que facilita la integración como en pocas regiones del mundo. Pero seguimos levantando muros en lugar de derribarlos.

La salida no es solo jurídica, aunque el Tribunal Andino deberá actuar. Es política, porque requiere de desescalamiento gradual, exclusiones para medicamentos y alimentos, y voluntad real de reconstruir confianza. La integración genera crecimiento, y el crecimiento bien distribuido es el mejor programa social posible.

Romper un corredor binacional por cálculo de popularidad no deja ganadores. En una región donde la pobreza vuelve con facilidad, no hay espacio para eso.

Esta es la carta editorial firmada por el editor general de Forbes Colombia que apareció en la edición impresa de marzo-abril 2026.