Más allá de la arista ideológica que defina el nuevo gobierno, la educación superior demanda acciones técnicas, estratégicas y de país que deberán comenzar a trabajarse urgentemente, por todos y no sólo por el sector de país “ganador” en las elecciones.

Colombia se prepara para elegir un nuevo presidente (o presidenta). Bien sea para dar continuidad al actual modelo de gobierno o para dar un giro gradual o radical en su orientación política. Esto es, seguir gobernados ideológicamente por la izquierda, dar un paso al centro o permitir que la actual oposición regrese al Ejecutivo.

Como ya es usual cada cuatro años, vivimos un momento de polarización y de crispación política; de acusaciones, denuncias, promesas y cuestionamientos alrededor de los modelos de gestión de país. Y después de junio, cuando haya claridad sobre quién será el nuevo primer mandatario o mandataria, sea cual sea el resultado de las urnas, debemos seguir trabajando por esta bella Colombia. En mi caso, desde la educación, que es mi pasión. 

Tras varias décadas de compromiso personal con el sector, de ilusiones, realizaciones, desconsuelos y fracasos en diferentes momentos, estoy convencido que es esencial identificar que, más allá de la arista ideológica que defina el nuevo gobierno, la educación superior demanda acciones técnicas, estratégicas y de país que deberán comenzar a trabajarse urgentemente, por todos y no sólo por el sector de país “ganador” en las elecciones.

El debate político sobre la educación superior se ha centrado, en los últimos años, en torno de temas cuyas directrices desde la Presidencia y el Congreso de la República muestran una orientación ideológica y, por ende, muy discutida y muy discutible. Aspectos como la financiación y la gobernanza de la universidad pública, la educación como un bien, un derecho o un servicio, y el Icetex, son los temas que, especialmente, se enmarcan en una postura ideológica. 

Me excuso con el lector por no opinar sobre esos temas, para no distraer la atención sobre lo que considero el centro de las acciones que el Estado y el sistema de educación superior, están en mora de revisar o definir, que van más allá de una postura de izquierda, de centro o de derecha, y que únicamente requieren la decidida voluntad política de un nuevo gobierno para definirlos técnicamente.

Con la plena certeza de que todos los actores educativos, con quienes he adelantado distintos análisis coinciden conmigo, estoy seguro que estos diez temas que enumero a continuación deberán hacer parte esencial de la agenda técnica de un próximo gobierno, y que serán bienvenidos por el sector, independientemente de su mirada ideológica:

  1. Requerimos construir un proyecto de país desde la educación que responda, entre otras preguntas, a ¿qué áreas del conocimiento vamos a priorizar como nación, con qué recursos y de qué forma se articularán los profesionales al sector productivo?
  2. Aumentar el trabajo sistémico entre las empresas y las universidades, para favorecer el diseño de programas académicos, la vinculación de egresados, salarios competitivos y el impacto real de los nuevos profesionales en provincia. 
  3. Buscar que todos los estudiantes de bajos recursos cuenten con apoyos para su matrícula y sostenimiento, independientemente de la institución y sector (público o privado) en el que se hallen estudiando.
  4. Extender la conectividad del internet a todos los municipios del país para favorecer la formación de quienes, por distancia, necesidad o vocación, desean formarse en modalidades virtuales.
  5. Sentar en una misma mesa a todos los actores del sector para identificar necesidades y expectativas de cada nivel y buscar romper asimetrías e inequidades en su trabajo por la educación.
  6. Trabajar decididamente por contar con un sistema regional (América Latina) de reconocimiento de estudios y títulos.
  7. Dar claridad y definir mecanismos precisos para la oferta y titulación de programas, presenciales y virtuales, de instituciones foráneas de educación superior.
  8. Rediseñar la forma como interactúa el sistema de educación superior con el sistema nacional de ciencia y tecnología (Mineducación y Minciencias), replanteando presupuestos, áreas de interés, niveles de formación y compromiso de las partes. 
  9. Potenciar un sistema de información sectorial en tiempo real, tanto para las instituciones como para estudiantes y padres de familia, con aspectos como legalidad de títulos valores de matrícula y estadísticas de programas, entre otros. Y,
  10. Simplificar y unificar el complejo, extensísimo y desarticulado marco normativo de la Ley General de Educación (115 de 1994) y la Ley de Educación Superior (30 de 1992) y todas sus normas reglamentarias.

Por mucho tiempo el debate sobre la educación superior ha sido eclipsado por la discusión sobre su financiamiento. Los temas aquí propuestos van más allá e, indirectamente, ayudarán a optimizar las inversiones del Estado en educación. Al fin y al cabo, como expresó el expresidente de la Universidad de Harvard, Derek Bok, “si usted cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”.

Por: Jaime Alberto Leal Afanador*
*El autor es rector de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad).

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.   

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