La startup de fibra óptica fundada por un estadounidense en Medellín triplicará su cobertura en Colombia y entrará a Ciudad de México tras cerrar su ronda Serie B con respaldo de Ribbit Capital, Union Square Ventures y Kaszek.
Forrest Heath llegó a Medellín en 2018 sin hablar español, sin experiencia en telecomunicaciones y sin un plan concreto de lo que iba a hacer.
Siete años después, lidera una de las startups de infraestructura de mayor crecimiento en América Latina. Somos Internet ha completado el cierre de una ronda inversión Serie B por US$40 millones, coliderada por Bracket Capital y Ribbit Capital, con participación de Union Square Ventures, Kaszek Ventures, Not Boring Capital, Zero Infinity Partners y Y Combinator, la aceleradora californiana que admitió a la compañía en su cohorte de invierno de 2021.
El capital llegará en un momento de aceleración pronunciada. La compañía reportó un crecimiento de ingresos de tres veces durante 2025 y más del doble en número de usuarios año a año.
Según cifras del Ministerio de las TIC al tercer trimestre de 2025, Somos Internet acumulaba 55.630 accesos fijos. Eso es apenas una fracción frente al liderazgo de Claro, la filial de América Móvil con 3,42 millones de accesos; seguida de Tigo con 1,78 millones y Movistar, con 1,59 millones y ETB con 557.665. Lo que sorprende, es un crecimiento de 82,4% frente a finales de 2024.
La brecha con los gigantes es enorme. Pero Heath no la lee como un techo, la lee como una oportunidad de mercado sin explotar.
La tesis de Somos descansa en una premisa técnica y económica a la vez. Mientras los grandes operadores despliegan lo que Heath describe como redes cableteras de hace 20 años, arquitecturas diseñadas para otra era, compartidas y propensas a la congestión en horas pico, Somos construyó desde cero una red inspirada en la arquitectura de los centros de datos de las grandes tecnológicas como Google o Meta.
El resultado, según la compañía, es conectividad de clase empresarial a una fracción del precio, con planes residenciales desde 800 Mbps y capacidad empresarial de hasta 100 Gbps.
“No estamos construyendo una red de cable, estamos construyendo una red de centro de datos distribuida por toda la ciudad”, dijo Heath en entrevista con Forbes en mayo de 2025.
La compañía llama a su nueva arquitectura FiberX. Es una topología de red activa basada en anillos que rodean distintas zonas de la ciudad y se conectan directamente a centros de datos, con doble enlace de fibra para redundancia incorporada y módulos intercambiables que permiten escalar de 1G a 100G sin reemplazar la infraestructura base.
Se trata de una integracion vertical en la que Somos diseña y fabrica sus propios routers (llamados Orb), desarrolla el software de gestión de red, opera su propio backbone nacional y negocia directamente con operadores de cables submarinos para mejorar la conectividad con Miami.
“El costo por cliente en el mercado latinoamericano está entre US$80 y US$120. Nosotros estamos por debajo de US$10”, aseguró Heath.
La compañía también opera sin contratos de permanencia y soporte en casa, sin tercerizar la atención al cliente.
Los números que respaldan la tesis comercial son notables para una empresa de infraestructura. Somos proyecta ingresos de aproximadamente US$30 millones para este año, con expectativas de más que duplicar esa cifra en 2027.
La compañía alcanzó rentabilidad operativa en Medellín, su mercado original, y reporta un período de recuperación de inversión por cliente de 13 meses, frente a los cinco años habituales del sector telecomunicaciones. Actualmente la compañía dice estar creciendo a un ritmo de 6.000 nuevos usuarios por mes y haber cerrado marzo con más de 80.000 clientes. Entre sus clientes empresariales figuran Mercado Libre, Rappi y Auteco.
Los nuevos fondos serán destinados a más que triplicar la huella de cobertura en Colombia y a lanzar operaciones en Ciudad de México, primer mercado internacional de la compañía.
La expansión implica también cambios en el quipo directivo. Somos incorporó recientemente como directora de operaciones a Jill Szuchmacher, ex ejecutiva de Google Fiber.
“Este nuevo capital permite que el volante de Somos se acerque a la velocidad de escape en Colombia y sienta las bases para replicar el modelo en México”, dijo Heath un pronunciamiento sobre la ronda.
La compañía emplea hoy a más de 1.000 personas, en su mayoría ingenieros, y se posiciona como uno de los empleadores técnicos competitivos del país. Heath ha hecho de la repatriación de talento colombiano una prioridad explícita, al tiempo que atrae a profesionales sin vínculos regionales atraídos por la escala del proyecto.

Para los inversionistas, la apuesta supera el negocio de telecomunicaciones.
“Lo realmente emocionante de Somos es que su integración vertical abre muchos caminos distintos de crecimiento”, expresó Packy McCormick, de Not Boring Capital, en un comunicado.
Las opciones van desde vender soluciones de red a hyperscalers en centros de datos latinoamericanos hasta productos digitales y de hardware para la base de usuarios existente. Heath también fundó una compañía hermana, Autoridad Panandina (APD), orientada a construir centros de datos para cómputo de inteligencia artificial aprovechando la energía hidroeléctrica de Colombia.
La visión de largo plazo es más ambiciosa. Una infraestructura continental que permita a empresas estadounidenses acceder a cómputo y energía más barata desde Colombia o Chile, y que habilite a usuarios en América Latina a correr modelos de inteligencia artificial en la nube apoyándose en conectividad de fibra prácticamente ilimitada.
Heath le ha dado nombre a esa apuesta. No ‘American Dynamism’, sino ‘Americas Dynamism’.
Los inversionistas creen que si Somos logra capturar el mercado colombiano de internet fijo, eso por sí solo representaría una oportunidad de varios miles de millones de dólares.
El camino no está libre de riesgos. La expansión simultánea en múltiples ciudades colombianas, la entrada a México y el desarrollo paralelo de APD implican una dispersión de recursos y foco que los propios inversionistas reconocen como el principal vector de riesgo.
A eso se suma el desafío permanente de convencer a administradores de edificios y conjuntos residenciales de dar acceso a un operador que sigue siendo relativamente desconocido fuera de sus mercados actuales.
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