El presidente del gremio, Jonathan Malagón, explicó que el alza de la tasa del Banco de la República encarece el fondeo, reduce el crédito y aumenta la morosidad, lo que termina afectando las utilidades del sector financiero.
El presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón, salió al paso de las afirmaciones del Gobierno según las cuales el sector financiero se beneficia del aumento en la tasa de intervención del Banco de la República, y aseguró que la evidencia muestra lo contrario.
“No es cierto que el aumento de la tasa de política monetaria favorezca al sector financiero”, señaló en un hilo en la red X, al explicar que este instrumento representa, en esencia, el costo al que los bancos se financian con el Emisor.
En términos simples, cuando el Banco de la República sube su tasa -hoy en 11,25%-, encarece el dinero en toda la economía. Para los establecimientos de crédito, esto implica mayores costos de fondeo, menor demanda de préstamos y un deterioro en la calidad de la cartera.
“Un aumento de esa magnitud – hoy 200 pbs más que a finales de 2025– encarece el fondeo, reduce la demanda de crédito, incrementa la morosidad y eleva el gasto en provisiones. Todo eso comprime las utilidades; no las aumenta”, explicó.

Los datos recientes ilustran ese efecto. Según cifras de la Superintendencia Financiera citadas por Asobancaria, en 2023 las utilidades del sistema cayeron 45% y, al cierre de 2024, 11 bancos reportaron pérdidas, el nivel más alto en décadas.
El comportamiento durante el último ciclo alcista de tasas refuerza esa lectura. Entre septiembre de 2021 y abril de 2023, cuando la tasa subió más de 1.150 puntos básicos, la cartera de crédito se contrajo en términos reales, aumentó la morosidad, las utilidades de los Establecimientos de Crédito se redujeron en $9,2 billones y 23 cerraron 2023 con pérdidas, la cifra más alta desde el 2000.
Para Malagón, estos resultados evidencian que el endurecimiento de la política monetaria tiene costos claros para el sistema financiero, en la medida en que obliga a provisionar más y reduce la dinámica del negocio crediticio.
No obstante, subrayó que el aumento de tasas responde a un objetivo distinto: controlar la inflación. En ese sentido, defendió la decisión del Banco de la República como “necesaria” para anclar las expectativas de precios, en línea con su mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda.
