Un análisis de la consultora EConcept revela que el proyecto Quebradona tendría efectos macroeconómicos y territoriales relevantes, en medio del auge global del cobre y el rezago de Colombia frente a Chile y Perú.

El cobre se está consolidando como uno de los minerales estratégicos en la transición energética global, impulsado por la electrificación, las energías renovables y la expansión de la economía digital. En ese contexto, América Latina ya ocupa un lugar central, aunque con fuertes contrastes entre países.

Chile y Perú han convertido el cobre en uno de los pilares de sus economías. En 2024, Chile exportó cerca de US$47.600 millones en este mineral, mientras Perú alcanzó alrededor de US$20.600 millones. En ambos casos, el cobre representa una fracción relevante de sus exportaciones y del producto interno bruto, consolidando su papel como motor económico.

Colombia, en cambio, apenas comienza a explorar ese potencial. Las exportaciones de mineral de cobre alcanzaron cerca de US$86 millones en 2024, una cifra marginal frente a sus pares regionales  .

En este escenario, un análisis de la consultora EConcept sobre el proyecto Minera de Cobre Quebradona identifica efectos potenciales relevantes tanto para la economía nacional como para el desarrollo regional.

El proyecto Quebradona, a cargo de AngloGold Ashanti, corresponde a una operación de minería subterránea ubicada en Jericó, Antioquia, a unos 104 kilómetros de Medellín. El yacimiento se encuentra a cerca de 400 metros de profundidad y contempla una vida útil de alrededor de 28 años —entre construcción, producción y cierre—, con una producción estimada de 4,9 millones de toneladas de concentrado, principalmente de cobre, junto con oro y otros minerales.

Según el estudio, un proyecto de cobre de gran escala podría representar cerca del 3,23% de las exportaciones totales del país, incorporando un nuevo sector dentro de la canasta exportadora  .

En materia fiscal, el proyecto podría aportar alrededor del 1,1% del recaudo nacional por impuesto de renta en su punto máximo, además de incrementar cerca de un 2% las regalías, reforzando las finanzas públicas  .

El impacto también se extendería a la actividad productiva. EConcept estima encadenamientos cercanos a los $11,5 billones, aportes cercanos a $20 billones anuales entre impuestos y regalías y la generación de más de 68.000 empleos indirectos, con efectos sobre sectores como manufactura, comercio, construcción y servicios  .

A nivel territorial, el informe señala que proyectos de esta escala pueden contribuir a reducir la pobreza multidimensional, a través de inversión social, infraestructura y fortalecimiento institucional en las regiones donde se desarrollen.

Jericó, Antioquia.

Investigaciones Económicas de Bancolombia señala que “la electrificación, la digitalización y la transición energética han disparado la demanda por cobre, litio y otros insumos clave. Países como Chile y Perú ya están bien posicionados, mientras que Colombia apenas comienza a explorar su potencial”.

Sin embargo, advierte que aprovechar esta oportunidad requiere enfrentar riesgos como la incertidumbre regulatoria, los conflictos socioambientales y la falta de coordinación público-privada.

De hecho, estos riesgos ya se reflejan en decisiones recientes. En diciembre, la Agencia Nacional de Minería (ANM) negó la solicitud de prórroga presentada por Minera de Cobre Quebradona S.A.S. para la etapa de exploración del título minero ubicado en Jericó y Támesis, Antioquia, tras un análisis técnico y jurídico.

Según la entidad, la decisión se sustentó en la falta de avances para obtener la viabilidad ambiental, así como en debilidades en el relacionamiento social en el territorio, factores que siguen siendo determinantes para el desarrollo de proyectos de gran escala en el país.

“Superciclo 2.0”

Este escenario se inscribe además en un cambio estructural más amplio en los mercados globales de materias primas. Gestores de cartera de Janus Henderson han planteado el surgimiento de un nuevo “superciclo”, entendido como un período prolongado en el que la demanda de recursos crece de forma sostenida por encima de la oferta, presionando al alza los precios durante varios años.

A diferencia del ciclo observado entre 2000 y 2011, impulsado principalmente por la industrialización de China, esta nueva fase estaría soportada por múltiples factores simultáneos: la reorganización de las cadenas de suministro, la transición energética, el crecimiento demográfico en economías emergentes y la expansión de tecnologías como la inteligencia artificial, que demandan infraestructura intensiva en energía y minerales.

A esto se suma una restricción por el lado de la oferta. La inversión en minería se encuentra en niveles históricamente bajos, lo que limita la capacidad de respuesta frente a una demanda en expansión. En ese contexto, minerales como el cobre comienzan a consolidarse como insumos críticos en una economía global en transformación.