Expertos advierten que el repunte de la inflación subyacente responde a salario mínimo, estímulo fiscal y expectativas al alza, en un entorno de mayor incertidumbre.

El repunte de la inflación en marzo no solo sorprendió por el dato general, sino por una señal más estructural: el aumento de la inflación sin alimentos ni energéticos, que confirma presiones persistentes en el componente subyacente de los precios.

La inflación anual subió a 5,56%, pero indicadores más depurados muestran una dinámica más preocupante. De acuerdo con analistas, la inflación sin alimentos ni energéticos superó el 6% y consolidó una tendencia al alza que se viene observando desde finales de 2025.

Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence y exdirector de Fedesarrollo, señaló que este indicador “muestra un punto de inflexión claro” y evidencia un “repunte sostenido” que refleja presiones internas. “En buena medida está asociado al traspaso del incremento del salario mínimo y el abultado déficit fiscal”, explicó.

Mejía agregó que este comportamiento no responde a choques externos, sino al componente doméstico de la inflación. “Mientras en Colombia la inflación se mantiene por encima de 5%, en países como Chile y Perú ya está por debajo del 3%”, indicó.

En la misma línea, Andrés Pardo, exviceministro de Hacienda y jefe de estrategia macro para América Latina en XP Investments, advirtió que el dato mensual superó las expectativas del mercado y que la inflación subyacente continúa escalando. “El IPC sin alimentos ni regulados alcanzó su mayor nivel desde julio de 2024”, señaló.

Para César Tamayo, decano de Economía de Eafit, la lectura es clara: “Lo más grave es que la inflación sin alimentos ni energéticos y la de servicios subieron hasta niveles cercanos a 6,3% y 7,3%”, afirmó. Según explicó, el dato general no fue más alto gracias a un comportamiento “excepcionalmente favorable” de los energéticos.

Desde el sector inmobiliario, Mario Ramírez, presidente de Fedelonjas, advirtió que el repunte inflacionario se da en un entorno más complejo para hogares y empresas. “Esto refuerza decisiones de política monetaria más restrictivas y encarece las condiciones de financiación”, dijo.

Destacó, sin embargo, que el arriendo efectivo en el primer trimestre del año haya mostrado una tendencia descendente y se mantenga por debajo del tope máximo legal de incremento para los arriendos de vivienda urbana en 2026, fijado en 5,10%.

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