De las OPAs al petróleo, Gilinski construye un modelo de negocios que combina adquisiciones oportunistas, disciplina financiera y expansión regional.
“2025 fue un año espectacular para Nutresa”, dijo el empresario caleño de 68 años en la última asamblea de accionistas. Hoy, como presidente de la multilatina que quedó bajo su control tras una de las disputas corporativas más intensas del país, habla con cifras: ingresos por $20,6 billones y utilidades por $1,2 billones.
Pero la señal más reveladora no estuvo en los resultados, sino en la decisión que los acompañó: no repartir dividendos. En su lugar, la compañía destinará esas utilidades a fortalecer su capital y eventualmente recomprar acciones. Con más del 99,9% de aprobación, la medida deja ver el tipo de estrategia que hoy domina el grupo: disciplina financiera, control y visión de largo plazo.
Es, en esencia, la misma lógica que ha guiado a Gilinski durante décadas.
“Hay un momento en la vida en el que tienes que arriesgarlo todo, poner todas las cartas sobre la mesa”. La frase, pronunciada cuando recibió el Premio a la Excelencia Empresarial de Forbes Colombia en 2023, resume su estilo.
Miembro de la tercera generación de una familia que llegó a Colombia hace un siglo, Gilinski suele insistir en el papel del empresario. “Ninguna sociedad progresa sin empresas pujantes; hacer empresa es construir país”.

De banquero a arquitecto de imperios
Jaime Gilinski Bacal construyó su fortuna hoy estimada en unos US$14.700 millones- desde el sistema financiero. Tras estudiar ingeniería en Georgia Tech y luego culminar una maestría de negocios en la Universidad de Harvard a los 22 años, regresó a Colombia para desplegar una estrategia basada en adquisiciones, restructuraciones y disciplina operativa.
En Cali, incursionó en el negocio de consumo con Yupi, donde durante una década construyó alianzas con multinacionales que le aportaron tecnología, marcas y capital. Ese aprendizaje marcaría su trayectoria.
A los 33 años, en 1991, dio el salto a la banca al adquirir la filial del BCCI, en medio de una crisis global, en una operación que anticipaba el patrón que luego repetiría: entrar en momentos de dislocación para construir valor.
Ese fue el punto de partida de lo que luego se convertiría en su principal plataforma financiera: GNB Sudameris, que en 2025 reportó utilidades por $1,85 billones, un salto notable frente a los $276.578 millones del año anterior.
Ese crecimiento no ha sido casual. En un entorno financiero cada vez más digital, el grupo apostó por integrar efectivo al ecosistema Bre-B, permitiendo retiros inmediatos en la red Servibanca. Un movimiento técnico, pero estratégico: ampliar el acceso y mantener relevancia en un sistema en transformación.
Metro Bank, del que Gilinski es accionista mayoritario desde 2023, volvió a números positivos en 2025 con utilidades por US$113,7 millones tras seis años de pérdidas. La entidad proyecta triplicar sus ganancias hacia 2028, apoyada en un entorno regulatorio más flexible en el Reino Unido.
“La oportunidad de convertirme en el principal accionista del banco está impulsada por mi creencia en una banca que combine lo físico y lo digital, con foco en el servicio al cliente”, ha dicho el magnate, quien venía invirtiendo en Metro Bank desde 2019.
La guerra por el control empresarial
Sin embargo, su nombre quedó marcado en el mapa corporativo colombiano por otra jugada: la serie de ofertas públicas de adquisición (OPAs) sobre el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA).
Desde 2022, Gilinski emprendió una ofensiva de más de US$3.000 millones junto a su socio Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, de Abu Dhabi, sobre compañías clave como Nutresa y Sura.
Fue una confrontación que rompió décadas de estabilidad empresarial en el país. Y que terminó redefiniendo el poder corporativo.
Hoy, con Nutresa bajo su liderazgo, la narrativa cambia: de atacante a gestor.
El siguiente paso ya es visible. La compañía mira hacia Venezuela, anticipando una eventual reapertura económica para expandir su negocio de alimentos procesados. Una apuesta coherente con su estilo: entrar temprano, asumir riesgo, capturar valor.
La nueva jugada: energía y petróleo
La más reciente movida de Gilinski apunta a otro sector: energía.
En marzo, se convirtió en el mayor accionista de GeoPark, con una participación del 24,1%, tras invertir más de US$129 millones entre una emisión inicial y compras adicionales en mercado abierto.
La apuesta no es menor. GeoPark tiene presencia en Colombia, pero también en Argentina, donde opera en Vaca Muerta, una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo.
Desde el grupo lo ven como una plataforma para crecer en petróleo y gas en América Latina. Y también como una puerta hacia oportunidades futuras en mercados como Venezuela, si el contexto político lo permite.
Un estilo: concentración, riesgo y control
Gilinski no es un empresario tradicional. Tampoco un inversionista pasivo.
Su trayectoria combina tres rasgos constantes: entrar en momentos de tensión, asumir riesgos significativos y concentrar control para ejecutar cambios profundos. No llega a compañías en expansión, sino en transición. Y ahí es donde imprime su sello.
Desde la banca hasta alimentos y ahora energía, su estrategia no ha sido diversificar por dispersión, sino por oportunidad. Identifica activos subvalorados o en disputa, entra con decisión y reconfigura su dirección estratégica.
Hoy, con activos en múltiples países y un portafolio que mezcla banca, consumo y petróleo, Gilinski encarna una nueva generación de capital latinoamericano: menos institucional, más decisivo. Un capital que no se limita a participar, sino que busca incidir.
Y, sobre todo, más dispuesto a apostar todo cuando el momento lo exige. Esa lógica -la de asumir riesgos concentrados en momentos clave- es la que explica tanto su ofensiva sobre el Grupo Empresarial Antioqueño como sus nuevas apuestas en energía.
Como síntesis de esa visión, afirma: “Mi objetivo ha sido construir compañías competitivas, diversificadas, con el mejor talento, entendiendo que el capital humano es el activo más importante”.
