Camilo Botero y Felipe Valencia han construido durante 14 años un acceso que pocos gestores latinoamericanos tienen a Silicon Valley. Ahora están levantando US$35 millones para que family offices de la región participen en "la mayor creación de riqueza" de esta generación.
En 2019, el colombiano Felipe Valencia entró a una junta directiva en California (Estados Unidos) junto al fundador de una de las firmas de capital de riesgo más reconocidas de Silicon Valley, que es también cofundador de una compañía tecnológica icónica, cuyo nombre Veronorte, la firma de inversiones que cofundó, no puede revelar por compromisos de confidencialidad.
No llegó por una introducción de un banco ni por una conferencia de tecnología. Llegó porque años antes, cuando Veronorte, la firma con sede en Medellín, hizo una coinversión en una compañía de biotecnología, la debida diligencia técnica que lideró Valencia fue tan rigurosa que los coinversionistas lo invitaron a sentarse en la mesa.
Esa presencia, y la reputación que Valencia construyó reunión a reunión, terminó abriendo la puerta para que Veronorte se convirtiera en limited partner del fondo. Es decir, en uno de sus inversionistas, con acceso a sus retornos pero sin intervenir en la gestión diaria. La inversión inicial fue de US$2 millones.
Pasos similares, repetidos en distintos casos durante más de una década, son la columna vertebral de lo que Camilo Botero y Felipe Valencia han construido desde Colombia. Un gestor de inversiones que hoy tiene acceso a fondos de capital de riesgo norteamericanos a los que para otros inversionistas es díficil llegar.
Botero y Valencia son amigos desde que eran adolescentes. Sus trayectorias profesionales, sin embargo, fueron distintas durante dos décadas. Valencia estudió ingeniería mecánica, vivió en China, Alemania e Italia, hizo investigación y desarrollo en robótica para Siemens, construyó robots para parques de diversiones y tuvo su primera incursión en inversiones a través de un fondo de capital chino basado en México.
Botero tomó otro camino. Empezó su carrera en 1998 en Suvalor (hoy Valores Bancolombia) como analista de acciones dentro del Grupo Empresarial Antioqueño, pasó por la banca de inversión de Corfinsura asesorando fusiones y adquisiciones, y luego se incorporó al Grupo Nutresa como cabeza de finanzas corporativas, a cargo de la expansión no orgánica del grupo y su estructura de capital.
Se reencontraron profesionalmente en 2011. Meses después, en mayo de 2012, fundaron Veronorte.
La tesis era sencilla. Las grandes brechas de la sociedad latinoamericana (como salud, educación, energía y servicios financieros) son brechas de mercado, y la tecnología emergente tiene la capacidad de cerrarlas de formas que el capital intensivo no puede.
“La tecnología actual es hiperdeflacionaria, con lo cual penetra mercados de una forma que las cosas que son intensivas en capital no lo hacen”, explica Botero, cofundador y managing partner de la firma, en una entrevista con Forbes Colombia.
Veronorte hizo su primera inversión formal en agosto de 2016, cuatro años después de su fundación. En ese período, la firma construyó una alianza con Grupo Sura que derivó en Sura Ventures, el primer fondo de capital de riesgo corporativo (CVC) del conglomerado antioqueño. En 2018 llegó Grupo Argos Ventures, y en 2019, Grupo Nutresa. En algún punto entre 2019 y 2021, Veronorte administraba simultáneamente los tres programas de CVC.
Los resultados les dejaron una trayectoria para mostrar. Sura Ventures realizó 12 inversiones (solo una en Colombia, el resto en Estados Unidos), con dos salidas a bolsa en su portafolio. Los vehículos propios de Veronorte (Capital 1, 2 y 3) quedaron entre los fondos con buen desempeño de su generación en cada uno de sus años de lanzamiento. Cuando Grupo Argos y Grupo Nutresa suspendieron sus actividades de CVC por razones internas, Veronorte desinvirtió sus posiciones y retornó capital a sus inversionistas.
Una inversión en Pager Health, plataforma de navegación de sistemas de salud, permitió conectar a esa compañía con Sura Colombia. El primer año de operación conjunta se realizaron 1,7 millones de atenciones virtuales por chat. Era exactamente el tipo de puente que Botero y Valencia querían construir.
Un fondo de fondos
A finales de 2022, Veronorte lanzó su primer ‘fondo de fondos’. La decisión vino de la experiencia como gestores directos de CVC les había enseñado algo incómodo, que es que el capital de riesgo norteamericano es ferozmente competitivo, y llevar a nuevos inversionistas a un vehículo de inversión directa implicaba exponerlos a una variabilidad para la que el mercado latinoamericano no estaba preparado.
“Había que crear un vehículo más inteligente que tuviera mejor coincidencia con el apetito de riesgo y retorno que tiene el inversionista latinoamericano”, dice Botero.
La solución matemática fue la diversificación a nivel de fondos. Un fondo de fondos con una porción mayoritaria en etapa temprana y entre el 35% y el 40% en etapa tardía (Series B y C) diseñado para disminuir la vida media del portafolio, moderar el riesgo y devolver capital más rápido.


Grupo Cibest/Bancolombia se convirtió en el inversionista ancla. El fondo patrimonial de la Universidad Eafit fue el segundo institucional. Sobre esa base de credibilidad, llegaron otros 58 inversionistas, que son principalmente family offices de Medellín, para conformar el Fondo de Fondos I, con un valor de US$19.6 millones.
Ese fondo ha invertido en 24 fondos de capital de riesgo del más alto nivel, incluyendo Menlo Ventures, IVP y DFJ Growth, con una capacidad de inversión agregada de casi US$8.000 millones y una exposición a alrededor de 500 compañías transformacionales. En el portafolio figuran SpaceX, OpenAI, Anthropic y Databricks. Para 2026, Veronorte anticipa eventos de liquidez con posibles salidas a bolsa de algunas de esas posiciones.
Hay una paradoja estructural en los mercados que Veronorte usa como argumento central ante sus propios inversionistas. De acuerdo con datos de Jay R. Ritter, profesor de la Universidad de Florida y director del IPO Initiative, en 1996 había aproximadamente 8.000 empresas públicas en Estados Unidos y el tiempo mediano para una salida a bolsa era de 8 años. En 2025, quedan alrededor de 4.000 empresas públicas y ese tiempo se ha extendido a 12 años. Por su parte, según S&P Capital IQ, el 87% de las empresas estadounidenses con ingresos superiores a US$100 millones son hoy privadas.
La consecuencia es que empresas como Airbnb, Uber o Rappi crearon más del 90% de su valor como compañías privadas, antes de llegar al mercado público. El inversionista que espera una salida a bolsa llega tarde.
Los activos bajo gestión en mercados privados globales (capital privado, capital de riesgo y deuda privada) han multiplicado por cuatro su tamaño en la última década, hasta alcanzar US$13 billones (trillion). Y la selectividad se pone más apretada, porque el número de inversionistas admitidos en los mejores fondos de capital de riesgo se ha reducido en un 43% frente a 2022.
“La mayor creación de riqueza de nuestra generación está ocurriendo en el mercado privado, en el momento de mayor creación de valor tecnológico de la historia”, dice Botero.
Su argumento hacia los inversionistas es que no participar en estos activos no es una posición neutral frente al riesgo. Si la economía del futuro estará determinada por la inteligencia artificial, la robótica y la biología programable, tener un portafolio desconectado de esa realidad implica asumir riesgos invisibles.
La ventaja competitiva que Veronorte ofrece frente a plataformas de grandes bancos internacionales es, según Botero, la cercanía.
“El accountability, el nivel de conocimiento que nosotros tenemos de principio a fin en nuestra actividad como inversionistas es irreplicable por una plataforma de ese tamaño”, complementa.
En enero de este año, Veronorte lanzó su Fondo de Fondos II con un objetivo de US$35 millones. A la fecha ha levantado más de US$17 millones en su primer cierre, que es tres veces el monto del primer cierre del Fondo I, en un tercio del tiempo.
La tesis de inversión se organiza alrededor de ocho universos tecnológicos que Botero describe como la convergencia que está generando una discontinuidad en el crecimiento económico global, como la infraestructura (compute, data centers, energía y blockchain), y cuatro aplicaciones de la inteligencia artificial (robótica autónoma, software, biología y economía del espacio).
El portafolio se conforma según tres criterios, que son alineación temática, predictibilidad del fondo según su etapa de madurez (Veronorte distingue entre fondos establecidos, emergentes y de frontera) y perfil de flujos de caja.
“Nosotros hemos sido bastante más deliberados para que el producto se comporte como uno más o menos quiere que se comporte”, anota Botero.
Felipe Valencia se ha mudado ahora a México, donde Veronorte busca ampliar su base de inversionistas latinoamericanos. Colombia, en palabras de Botero, ha sido el mercado más receptivo. México representa el siguiente horizonte por el volumen de capital disponible para este tipo de activos.
No obstante, no todo ha sido lineal. Veronorte fue inversionista en Jüsto, la startup mexicana de supermercados en línea. La inversión se fue a cero.
“La oportunidad de negocio sigue siendo descomunalmente interesante”, reconoce Botero. “Estuvimos seis años en el mercado y no la capturamos. Otro la va a capturar seguramente”.
La firma opera sin oficina física desde la pandemia. Botero dirige las relaciones con inversionistas y el análisis desde Medellín. Valencia viaja a San Francisco una o dos veces por mes para originación de oportunidades. El equipo lo completan Pedro Castaño, en operaciones, inteligencia y tecnología interna; David Toro, principal dedicado a debida diligencia y Catalina Franco, a cargo de comunicaciones.
Veronorte está registrada ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) como Foreign Private Adviser y ha ejecutado más de US$100 millones en inversiones desde su fundación.
“Confía en tus instintos, sigue haciendo la tarea”, dice Botero cuando imagina qué le diría al Camilo de 2011. “La oportunidad está ahí. Hay que estar en el juego para poder ganar”.
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