Eduardo Ospina cofundó dos empresas separadas que quieren incidir en cómo Colombia accede a la energía solar. Unergy activó la primera comunidad energética regulada del país junto a EPM, mientras Solenium despliega hasta US$200 millones en minigranjas solares.
Eduardo Ospina lleva siete años intentando resolver el mismo problema, que es cómo hacer que la energía solar llegue a quien no tiene techo propio, no tiene dinero para paneles, o simplemente no quiere invertir en ellos. Hoy, sus dos empresas operan en frentes distintos del mismo desafío.
Unergy, la empresa que cofundó y dirige como CEO, gestiona hoy más de 50 minigranjas solares en Colombia y acaba de activar la primera comunidad energética bajo la nueva regulación colombiana (la Resolución CREG 101 072 de 2025) junto a Empresas Públicas de Medellín (EPM).
Por separado, Solenium, su otra compañía, ha estructurado deuda por hasta US$200 millones para construir activos de generación solar a escala nacional.
Son empresas distintas, con estructuras de capital y operaciones independientes. Pero comparten fundador y un mismo diagnóstico, que es que en Colombia, la energía solar ha sido históricamente un privilegio de empresas grandes con techos amplios y capital disponible.
El modelo de Unergy parte de la premisa de que el usuario no debería tener que invertir para acceder a energía solar. La empresa instala o aprovecha paneles solares existentes, conecta los excedentes de energía a la red eléctrica local y los distribuye entre un grupo de usuarios cercanos. Esos usuarios ven un descuento en su factura sin haber puesto un peso.
La comunidad piloto está en el barrio Laureles de Medellín. Los vecinos que hacen parte de ella reciben los excedentes de los paneles instalados en las propias oficinas de Unergy (con una producción promedio de 1.150 kilovatios-hora al mes) a través de la red de EPM, que actúa como operador y comercializador. La comunidad está registrada formalmente como Autogenerador Colectivo, la figura que habilita la nueva regulación.

Lo que distingue a este esquema no es solo el ahorro en factura. Los usuarios cuentan con medidores inteligentes gestionados y reemplazados sin costo por Unergy, y con una aplicación móvil para monitorear su consumo en tiempo real. Es la primera vez que un grupo de usuarios residenciales en Colombia accede a ese nivel de digitalización energética dentro de un esquema de comunidad regulada.
“Nuestros vecinos siempre tuvieron interés en beneficiarse de los paneles que veían en nuestros techos. Este barrio nos recibió, nos vio crecer, y cuando la regulación finalmente lo permitió, supimos que la primera comunidad que queríamos construir era para quienes nos han acompañado. Hoy esa energía que generamos en nuestras oficinas llega directamente a los hogares de nuestros vecinos con ahorros en la factura”, explicó Ospina.
La participación de EPM fue determinante. Las mesas de trabajo entre la empresa y el operador de red permitieron adaptar procesos operativos a los requisitos de la nueva normativa, generando aprendizajes que servirán de referencia para iniciativas similares en el resto del país. Con esta operación, EPM activa su primera comunidad energética regulada como operador de red.
El concepto de comunidad energética no es nuevo. En Europa hay más de 1.900 activas con más de 1,2 millones de participantes. Brasil, el referente más sólido de América Latina, habilitó la generación compartida en 2012 y hoy tiene un mercado valorado en 500.000 millones de dólares en este esquema.
Colombia llega a este modelo con una realidad distinta de infraestructura eléctrica desigual, usuarios con baja apropiación digital de su consumo energético y operadores de red que recién comienzan a adaptar sus procesos.
En ese contexto, completar el ciclo regulatorio completo (desde el registro hasta la operación con medición inteligente) tiene un peso que no puede leerse con los parámetros de otros mercados.
El país cuenta hoy con cerca de 1.600 megavatios de energía solar en operación y más de 3.000 megavatios de capacidad instalada en fuentes no convencionales, cifras que representan más del 10% de la matriz eléctrica nacional, según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME).
La capacidad instalada en renovables se ha multiplicado por 15 frente a 2018, según el Ministerio de Minas y Energía y la Asociación de Energías Renovables Colombia (SER Colombia). A pesar de ese avance, hasta ahora ninguna comunidad energética había completado el proceso integral de implementación bajo la nueva resolución.
Mientras Unergy trabaja el frente de comunidades y gestión de minigranjas, Solenium (fundada también por Ospina pero operada de forma independiente) se encarga de construir y operar activos físicos de generación solar. Su modelo son las minigranjas, que son granjas de pequeña escala de entre 1,5 y 5 megavatios que se conectan a la red de distribución local.
La lógica financiera detrás es que la empresa absorbe la inversión de capital y la recupera vendiendo energía a menor precio que la red convencional. El usuario paga menos en su factura (entre un 15% y un 20% menos) sin haber invertido nada.
Unergy cerró el año pasado una ronda de capital por US$4.5 millones en equity directo, más un compromiso de inversión de US$80 millones adicionales para construir activos en un vehículo compartido con el inversionista. Los primeros US$25 millones de ese total ya están en proceso de despliegue.
Por su parte, Solenium estructura una línea de deuda de US$100 millones con banca internacional. El despliegue de capital proyectado total llega a entre US$180 y US$200 millones.
Entre sus respaldos figura el FMO, el banco de desarrollo de los Países Bajos. “Trabajar con ellos nos ha dado una rigurosidad muy alta en temas ambientales y sociales”, dijo Ospina.
La compañía opera hoy más de 10 megavatios instalados y tiene otros 20 en construcción, con presencia en más de 10 departamentos del país y un equipo de 60 personas directas y más de 80 indirectas.
La meta es construir 100 minigranjas y conectar a más de 100.000 usuarios. El mayor obstáculo no es financiero, porque es operativo. Conseguir el punto de conexión con la electrificadora local puede tomar meses o años.
“Yo para poder tener un activo construido hoy, debo esperar meses si no años. El proceso nuestro es lograr que ese tiempo sea lo más corto posible”, admitió Ospina.
Detrás de ambas empresas hay una convicción que Ospina repite con frecuencia: la energía solar no debería ser exclusiva de quienes pueden pagar por ella.
“Normalmente la gente dice que la energía solar es para las grandes empresas. Nosotros estamos demostrando que con minigranjas solares la energía solar es para todos: para el de la tienda, para la casa, para el pequeño comercio”, recalcó en entrevista con Forbes Colombia.
El potencial del mercado que persigue es considerable. Según estimaciones del sector, Colombia podría contar con más de 100 comunidades energéticas en operación en el próximo año, dependiendo de la velocidad con que operadores de red y empresas adopten el marco regulatorio que Unergy acaba de estrenar en Laureles.
Y el contexto global, según Ospina, justifica la escala de la apuesta: “El mundo necesita US$3 trillones por año para lograr la transición energética. Lo que nosotros estamos haciendo es crear la plataforma para que ese capital llegue a Colombia y se convierta en energía barata para la gente”.
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