Colombia pasó del 2% al 14% en renovables en tres años, con más de US$3.000 millones invertidos, pero SER Colombia advierte que la clave está en complementar fuentes y destrabar decisiones regulatorias.

El debate energético en Colombia no debería plantearse como una disputa entre fuentes, sino como un ejercicio de complementariedad, dice Alexandra Hernández, presidenta ejecutiva de SER Colombia —hoy Asociación de Energías Renovables y Almacenamiento.

“Esto demuestra que no debe haber un conflicto entre fuentes de energía”, afirmó en diálogo con Forbes Colombia, al subrayar que el país necesita un sistema donde convivan las distintas tecnologías para garantizar seguridad, competitividad y acceso.

El planteamiento llega en un momento de rápida transformación del sector. En apenas tres años, Colombia pasó de tener una participación renovable del 2% al 14% en la capacidad de generación, un salto que ha movilizado más de US$3.000 millones en inversión privada y generado cerca de 27.000 empleos, principalmente en regiones.

La expansión continuará. Según el gremio, al cierre de este año el país superará los 4.350 megavatios instalados en energías renovables, un nivel que permitiría abastecer el consumo residencial de una ciudad como Bogotá.

Sin embargo, Hernández insistió en que el verdadero reto no está en la tecnología ni en la disponibilidad de proyectos, sino en las decisiones públicas. “Todas las fuentes de energía se necesitan, el principal desafío no es tecnológico. Es político y regulatorio”, advirtió.

La ejecutiva planteó que depender de una sola fuente representa un riesgo estructural para el sistema eléctrico, especialmente ante choques como el fenómeno de El Niño. En ese contexto, la diversificación —con la entrada de solar y eólica cuando cae la hidrología— no solo reduce costos, sino que mejora la resiliencia del sistema.

Los hechos marcan la evolución del sector: de un modelo centrado en la generación a uno en el que los usuarios participan activamente, producen energía y la almacenan. En ese nuevo esquema, el almacenamiento deja de ser un complemento y pasa a ser un componente clave para garantizar disponibilidad y estabilidad.

En ese sentido, el cambio de nombre del gremio en su décimo aniversario refleja una apuesta más amplia: no solo impulsar renovables, sino integrar soluciones que permitan gestionar la energía en tiempo real.

Hernández cerró con un llamado directo a los tomadores de decisión. El portafolio de proyectos existe, el interés inversionista está presente y la demanda crece. Lo que falta —insistió— es claridad regulatoria, destrabar trámites y definir reglas que permitan materializar la transición sin sacrificar la confiabilidad del sistema.

En su visión, el futuro energético del país no depende de elegir entre fuentes, sino de lograr que todas funcionen como parte de un mismo sistema.