Cómo Colombia pasó de 3.700 a 5.100, y de vuelta, en medio del susto electoral, y qué nos dice eso sobre la elección actual.

La región ya dejó una pista

Gracias a la segunda marea rosa y a la expectativa actual de una nueva marea conservadora, hoy tenemos mucha más información sobre cómo afectan los procesos electorales a las monedas. No es solo Colombia. Lo que acaba de pasar aquí se parece mucho a lo que ya se vio en la marea rosa de principios de los 2000.

El patrón

Cuando llegan gobiernos menos amigables con la inversión, el dólar sube. Esa devaluación puede aparecer antes de la elección, en la elección misma o después de la posesión, cuando el nuevo gobierno confirma si va a llevar su discurso hasta el final.

Después viene lo interesante: en gran parte de los países, esa devaluación se devuelve.

La regla y la excepción

Eso pasó en la primera marea rosa. La llegada de Lula en 2002, primer gobierno de izquierda organizado en la historia de Brasil, disparó el dólar en Brasil 40%, pero el patrón se sintió en toda la región. Colombia y Chile tuvieron una devaluación electoral idéntica de 30%, y luego la divisa regresó al punto de origen.

Eso mismo acabamos de ver con Boric, Petro, Sheinbaum y Lula II con devaluaciones en promedio de 30%. En Colombia, dos gobiernos tan distintos como Uribe y Petro terminaron viviendo la misma experiencia rosa: primero fuerte devaluación y luego regreso.

¿Por qué se devuelve? Porque se confirma que estos países siguen jugando dentro de las reglas del juego. Lo contrario son los casos donde el dólar nunca vuelve: Argentina y Venezuela.

Colombia 2022

En Colombia la película fue clarísima: primero estabilidad entre 3.700 y 4.000; después reacción electoral hasta 4.600 (+25%); y luego una tercera etapa, con la posesión de Gustavo Petro y la ratificación de su proyecto, que llevó el dólar hasta 5.100 (+10% adicional).

Después vino el regreso, casi a la misma velocidad, porque al final Colombia siguió siendo un país institucional.

¿Y ahora qué?

Si hay continuidad política, el camino podría parecerse al de 2022, aunque no tan explosivo. A diferencia de entonces, hoy América Latina está de moda. Por eso, un dólar entre 4.200 y 4.500 sería nuestra estimación para la primera reacción. De ahí en adelante, todo dependerá del respeto al Congreso, a las cortes y a la independencia del Banco de la República.

Si hay cambio político, podríamos ver un dólar cerrando 2026 cerca de 3.300 y, más adelante, por debajo de 3.000.

Todo esto asume un entorno externo parecido al de los últimos dos años y también al de la década del 2000: un dólar global estable o débil, la receta para que América Latina brille con luz y rentabilidades propias.

Por: Felipe Campos*
*El autor es gerente de estrategias de Inversion e Investigaciones de Alianza Fiduciaria – Valores.

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