Mientras la industria busca insumos más baratos, Fenalce advierte que eliminar el arancel a la cebada importada podría causar la desaparición del cultivo nacional, profundizar la dependencia externa y golpear economías rurales clave.
Colombia enfrenta una decisión de política comercial entorno a la cerveza, el debate entre aprobar o no el arancel del 0 % para la cebada destinada a malteado podría desincentivar la producción nacional, que ya cubre apenas el 2,8% del consumo. Además, aumentaría la dependencia de importaciones y debilitaría economías rurales en regiones como Boyacá, Nariño y Cundinamarca, según advirtió la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).
La industria cervecera busca reducir costos de insumos mientras los productores alertan que una apertura total del mercado podría significar la desaparición de uno de los cultivos tradicionales del altiplano colombiano.
Aunque la cebada tiene una participación marginal en el consumo nacional, su relevancia no se mide solo en volumen. En 2025, Colombia produjo 10.238 toneladas en 4.547 hectáreas, con rendimientos de 2,25 toneladas por hectárea. Sin embargo, la demanda total alcanzó las 365.641 toneladas, siendo el 97,2% importado.
“La cebada, aunque actualmente representa una proporción reducida del consumo nacional aparente, constituye una actividad productiva estratégica para determinadas regiones del país y un componente relevante dentro de la diversificación agrícola”, señaló Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.
Incluso con un arancel vigente del 15 % y la franja de precios, la cebada importada ya compite y gana por precio frente a la nacional.
En varios meses de 2024 y 2025, el grano importado se ubicó por debajo del precio local, lo que ha presionado a los productores. Reducir el arancel a cero ampliaría esa brecha y aceleraría la sustitución del producto en el país.
El gremio también advirtió que depender exclusivamente de importaciones expone al país a riesgos que desencadenaría una crisis logística y volatilidad de precios internacionales, incluso llegaría a tener restricciones comerciales.
Fenalce propone que en lugar de reducir la protección, el país debería apuntar a fortalecer la competitividad del cultivo. Esto incluye asistencia técnica, mejores prácticas agronómicas y articulación institucional para aumentar rendimientos y rentabilidad del sector.
