Addi cerró hace poco una línea de crédito de US$150 millones y obtuvo su permiso para funcionar como compañía de financiamiento. Construida sobre seis modelos de riesgo que corren en paralelo, la fintech fundada por Santiago Suárez, Daniel Vallejo y Elmer Ortega ya es el mayor colocador de crédito de consumo no vigilado del país.
En la última convención anual de ventas de una de las empresas más grandes de Colombia, los gerentes de tienda, además de hablar sobre metas o inventarios, llegaron preguntando cuándo iba a estar Addi en sus puntos de pago.
Llevaban meses viendo cómo sus clientes llegaban a las cajas queriendo pagar con la aplicación de ‘compre ahora, pague después’, (conocido como BNPL, por sus siglas en inglés) y tenían que irse sin comprar. El retailer había ignorado durante años los correos de Addi. Ahora, era elretailer el que alzaba la mano.
Para Santiago Suárez, cofundador y CEO de Addi, esa es una de las mejores métricas que tiene para mostrar. Luego de años tocando puertas, cuando pasó la barrera de los 600.000 usuarios, los comercios los empezaron a llamar y a mandar correos antes que los buscaran.
Hasta ese momento, según cuenta, había personas en sus círculos que lamentaban que hubiera dejado su carrera en el sector financiero de Nueva York para emprender en Colombia.
“¿Este qué está haciendo?”, le dijeron.
Ahora, la compañía atiende a 2.5 millones de clientes, 55.000 comercios aliados con presencia en 75.000 puntos de venta físicos, que están en 1.034 municipios del país.
En marzo colocó casi $550.000 millones en créditos en un solo mes. Este año espera llegar a $11 billones en colocación total, más del doble de los $5.2 billones del año pasado. Si fuera una tarjeta de crédito, fuera la tercera más grande de Colombia. Y mientras el sistema bancario colombiano reporta una cartera vencida a 90 días del 3,9%, la de Addi está en el 1,1%.
La pregunta que se hacen analistas, banqueros e inversionistas es la misma que se hacen los fundadores de cualquier fintech de crédito que llega a cierta escala y es si pueden durar. En las últimas semanas, Addi ha venido dando respuestas.
La primera es el fondeo. A principios de abril, Addi anunció el cierre de una línea de crédito estructurada de US$150 millones (US$130 millones de JP Morgan y US$20 millones de Fasanara Capital) a través de un vehículo de propósito especial. La operación es el primer financiamiento tipo warehouse que JP Morgan estructura para una empresa colombiana en sus más de cinco décadas de presencia en el país. La transacción se negoció directamente desde Nueva York, no desde la oficina regional, por su tamaño.
“Yo trabajé seis años en JP Morgan y yo sé lo difícil que es JP Morgan”, dice Suárez. “Nos demoramos más de un año trabajando con su equipo en esa transacción. JP Morgan en Latinoamérica ha hecho esto con Mercado Libre. Eso es”.
En el mecanismo, por cada crédito que Addi otorga a un consumidor, el banco financia la mayor parte del monto (alrededor del 85%)y Addi pone el resto con capital propio. Esos créditos quedan como garantía dentro de un vehículo jurídico separado, el patrimonio autónomo, y cuando los usuarios pagan sus cuotas, ese flujo de caja le regresa al banco. Es, en esencia, una estructura que le permite a Addi prestar dinero a escala sin inmovilizar todo su capital en cada operación.
Lo que hace especial esta operación es que antes de firmar, el banco más valioso del mundo auditó durante más de un año la calidad de la cartera de Addi, sus procesos de originación, sus modelos de riesgo y sus mecanismos de custodia de contratos.
Con este cierre, Addi supera los US$680 millones en compromisos de deuda total (Goldman Sachs, BBVA, Citigroup y JP Morgan entre sus principales acreedores) con dos transacciones adicionales por $600.000 millones más en proceso que deberían cerrarse antes de junio.
La segunda parte es la licencia regulatoria. Hace unos días, la Superintendencia Financiera autorizó el funcionamiento de Addi CF como Compañía de Financiamiento, lo que convierte a Addi en una entidad vigilada, habilitada para captar depósitos del público bajo el marco regulatorio colombiano, con cobertura de Fogafín. Será, según Suárez, la fusión más grande de una entidad no vigilada con una vigilada en la historia de Colombia. Con esto, podrían lanzar cuentas de ahorro.
“Cuando uno llega a cierta escala, tiene que ser banco para poder seguir dando crédito”, comenta Suárez.
La tercera es la expansión de red. En el Addi Live, un evento que hicieron para comercios, la compañía anunció una alianza con Credibanco que lleva Addi a los 221.000 datáfonos de esa red en todo el país.
Los clientes de Addi, tienen un nuevo mecanismo para pagar cuando el datáfono genere el cobro. Aparece un código QR dinámico en la pantalla. El cliente lo escanea desde la app de Addi, confirma el pago y el comercio recibe la aprobación en segundos.
“Hay una red enorme de aceptación, hay millones de clientes sin acceso al crédito, y entre las dos cosas, hasta hoy, había una brecha”, expresó Suárez. “Esa brecha se cierra hoy”.

Addi, fundada en 2018 por Suárez junto a Daniel Vallejo y Elmer Ortega, es lo que en la industria financiera se llama una red cerrada de pagos. Controla simultáneamente el lado del comercio y el lado del consumidor, sin pasar por redes como Visa o Mastercard. En una transacción de tarjeta de crédito convencional participan al menos cuatro actores. En Addi, todo lo hace la misma compañía. Eso le da algo que ningún banco emisor tiene, que son datos contextuales de cada transacción en tiempo real, en ambos lados de la operación.
“En el 30% de las compras no solo sabemos dónde compra el cliente, sino qué compra”, explica Suárez.
La plataforma sabe si alguien está comprando siete zapatos del mismo estilo en tallas distintas (señal de revendedor) o si un celular de alta gama aparece en San Victorino con una SIM card recién cambiada (señal de fraude potencial).
Por cada transacción corren en paralelo seis modelos de crédito: riesgo del comercio, suplantación de identidad, probabilidad de recompra, fraude de primera mano, default a corto plazo y default a largo plazo. Los seis tienen que estar de acuerdo para que la operación se apruebe.
Addi tiene 50 terabytes de datos acumulados de comportamiento de consumidores y comercios, un activo que, dice Suárez, no tiene nadie más en el país.
Toda esa infraestructura corre sobre una arquitectura tecnológica que el equipo fundador decidió desde el primer día, que es un monorepo, una sola base de código sin redundancias.
“¿Qué compañías usan monorepo? Anthropic, Google, incluso OpenAI”, dice Suárez. “En Colombia somos muy pocas. En Latinoamérica somos muy pocas, porque todo el mundo se montó en microservicios”.
La consecuencia directa es que Addi, que compite con jugadores como Sistecredito, Luegopago y entidades bancarias como Bancolombia y Banco de Bogotá (que han lanzado sus modalidades de BNPL), escaló sus ingresos 17 veces entre 2023 y finales de 2025 mientras sus costos de planta (equipo, ingeniería y gastos generales) crecieron solo dos veces.
En ese mismo período construyó un marketplace, una red física de distribución y la infraestructura de lo que pronto será un banco. El tamaño del equipo de la compañía, dice Suárez, se mantendrá plano este año a pesar de que espera crecer más del doble en volúmenes e ingresos.
En el marketplace de Addi, que es la tienda dentro de su aplicación, crece al 110% anual y procesa cerca de $500.000 millones en ventas anualizadas, ofreciendo hasta seis cuotas sin interés en cada compra. Sin embargo, para las compras en línea, tanto los usuarios como los comercios requieren de bodegas y envíos, algo en lo que Addi no tiene experiencia.
Para resolverlo, Suárez y su cofundador Daniel Vallejo, viajaron hasta Kazajistán a estudiar el modelo de Kaspi, una fintech que en dos años pasó de cero al 36% del comercio electrónico de ese país, aliándose con operadores logísticos y construyendo toda la capa tecnológica alrededor.
Por ello ahora Addi tiene una alianza con Coordinadora para garantizar entregas en 24 horas en las principales ciudades del país, con envíos sin costo para el comercio, mientras Addi pone la plataforma.
“Esto es venga, ustedes son los expertos en logística. Vamos nosotros construyendo toda la tecnología que necesitamos alrededor y ustedes hagan lo que son buenos”, comenta Suárez.
Luego de años de pérdidas y haber tenido que cerrar sus operaciones en Brasil, la subsidiaria colombiana de Addi reportó más de $65.000 millones en utilidad neta en 2025 y en el primer trimestre de 2026 alcanzó más de $25.000 millones en utilidad antes de impuestos. Son ocho trimestres consecutivos de rentabilidad en una industria donde todavía existen jugadores que queman caja.
“Esa es la otra razón por la cual nos decidimos volver rentables”, dice Suárez. “Porque es que uno depender de que el inversionista de turno le guste Colombia o no le guste Colombia, o el riesgo país, ya no. Nosotros entregamos, trabajamos, ejecutamos y con eso seguimos trabajando”.
El 47% de los clientes de Addi no tiene tarjeta de crédito. Son personas que el sistema financiero colombiano ha decidido, durante décadas, que no son sujetos de crédito rentable. Addi los financia, les cobra tasas diferenciadas según su comportamiento.
“No solamente entregamos créditos sino que nos pagan”, anota Suárez. “Una cartera de 90 días del 1%, eso es cartera corporativa”.
Uno de los miles de comercios aliados de Addi, vendía $8 millones al mes antes de entrar a la plataforma. Hoy vende más de $90 millones, el 90% a través de Addi. El 98% de los 55.000 comercios aliados son pymes. A ellos, dice Suárez, “nadie los atiende”.
Con la compañía de financiamiento Addi, respaldada por firmas de capital de riesgo como Andreessen Horowitz (a16z), GIC y Union Square Ventures. podrá ofrecerles cuentas, crédito y servicios financieros del mismo ecosistema que ya usan para vender.
“Lo importante aquí es construir la plataforma, el ecosistema que cambia la manera de hacer pagos, finanzas y comercio en Colombia”, concluyó Suárez.
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