El DANE reportó una reducción de 4,4 puntos porcentuales en la inseguridad alimentaria moderada o grave frente a 2024, aunque Chocó, Sucre y La Guajira continúan con los niveles más altos del país.
La inseguridad alimentaria moderada o grave en Colombia se redujo en 2025 y alcanzó su nivel más bajo desde que el DANE comenzó a medir este indicador con la escala FIES en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida. Según el reporte divulgado por la entidad, la prevalencia nacional cayó de 25,5% en 2024 a 21,1% este año, una disminución de 4,4 puntos porcentuales.
La inseguridad alimentaria grave también mostró una mejora. El indicador pasó de 5% a 3,4%, lo que representó una reducción de 1,6 puntos porcentuales frente al año anterior.
Sin embargo, de acuerdo con la directora del DANE, Piedad Urdinola Contreras, el 22,8% de la población del país experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025, equivalente a poco más de 12 millones de personas. La cifra representó una reducción de 4,7 puntos porcentuales frente a 2024.
La mejora se observó tanto en las cabeceras urbanas como en los centros poblados y zonas rurales dispersas. En las ciudades, el indicador bajó de 23% a 18,1%, mientras que en las áreas rurales descendió de 34,2% a 31,4%. Todas las variaciones fueron estadísticamente significativas.
La inseguridad alimentaria mide las dificultades de los hogares para acceder de manera suficiente y estable a alimentos adecuados, tanto en cantidad como en calidad.

Sin embargo, el informe evidenció profundas brechas regionales y sociales. Los departamentos con mayores niveles de inseguridad alimentaria moderada o grave fueron Chocó, con 56,8%; Sucre, con 50,1%; y La Guajira, con 47,8%. En contraste, San Andrés, Caldas y Bogotá registraron los niveles más bajos.
El DANE también advirtió aumentos en la inseguridad alimentaria grave en algunos territorios. En Chocó, el indicador pasó de 6,4% a 17,9%, mientras que en Vichada subió de 2,7% a 9,7%.
Las diferencias también se reflejaron en variables sociales. Los hogares con jefatura femenina registraron una prevalencia de inseguridad alimentaria de 23,1%, frente al 19,4% de aquellos encabezados por hombres. Entre hogares con déficit habitacional, el indicador alcanzó 35,6%, más del doble del observado en viviendas sin deficiencias.
El reporte mostró además que los hogares cuyo jefe no tiene nivel educativo presentaron una prevalencia de 45,7%, frente al 9,1% en aquellos con educación superior. Entre quienes se consideran pobres, la inseguridad alimentaria llegó a 42,2%, comparado con apenas 8,4% en hogares que no se perciben en esa condición.
