Ese es el país que sostiene a Colombia todos los días, sin discursos y sin aplausos.

Ahora en época de elecciones conviene recordar quiénes son los verdaderos héroes de Colombia. Porque los héroes no son nuestros políticos. Héroes son los empresarios dueños de cientos de miles de pequeños negocios que levantan la cortina cada mañana, sin importar quién gobierne. No son los que amenazan con marcharse del país según el resultado electoral; son los que se quedan, porque no les queda otra.

Tomemos el ejemplo de un panadero que lleva treinta años levantándose a las tres y media a hornearle pan a sus vecinos. Todos los días. Le han tocado más de 8 periodos presidenciales. Ha puesto de su bolsillo cuando el mes no alcanzó, ha aguantado cuando los insumos subieron y el cliente no estaba dispuesto a pagar más, se reinventó cuando se puso de moda el pan de chocolate, y luego el pan de masa madre. Nunca ha esperado que nadie le resuelva nada.

Lo asombroso es que sale adelante a pesar del sistema, no gracias a él. En Colombia este tipo de empresarios no tiene acceso al crédito formal y termina en el gota a gota, pagando intereses que se comen la ganancia. Una de las cosas más paradójicas es cómo los bancos no pueden prestar por encima de la usura pero el gota a gota puede prestar a la tasa de usura, varias veces multiplicada.

Ese panadero no trabaja solo, detrás de él hay un proveedor que madruga igual que él, un repartidor que vive del día a día, tiene un cliente que es taxista, y una vecina peluquera. Ese es el tejido empresarial colombiano real: informal, fragíl en el papel, pero el que de verdad mueve al país.

Seis de cada diez colombianos trabajan así, sin contrato, sin ARL, sin pensión, sin red, no porque quieran sino porque formalizarse sale muy caro: los aportes, los parafiscales, las cesantías pueden sumar hasta el 70% adicional sobre el salario para un negocio pequeño, entonces la gente resuelve como puede y sostiene a otros mientras lo hace.

Por eso, gane quien gane las elecciones, mañana ese panadero va a estar a las tres y media frente al horno. Su proveedor va a madrugar igual. El repartidor va a salir a hacer su ruta. El taxista va a prender el carro. La peluquera va a abrir su local. Ese es el país real, el que no depende de quién se siente en la Casa de Nariño. Ese es el país que sostiene a Colombia todos los días, sin discursos y sin aplausos. A esos son los que tenemos que celebrar.

*El autor es cofundador y CEO de Bold.

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