Más que un problema de intención, lo que el estudio evidencia es una brecha de capacidades. La más crítica es la técnica.

En 2025, la conversación en las Juntas Directivas giraba alrededor de la resiliencia. En 2026, esa conversación cambió de nivel: hoy el verdadero reto es anticipar y reinventar.

En un mundo NAVI, no lineal, acelerado, volátil e interconectado, el cambio dejó de ser una coyuntura para convertirse en una condición permanente. Bajo esta realidad, el rol de las Juntas ya no es resistir la disrupción, sino asegurarse de que sus organizaciones la conviertan en una fuente de valor.

Sin embargo, persiste una tensión crítica. De acuerdo con el estudio Prioridades de las Juntas Directivas 2026 de EY, solo el 35% de las organizaciones prevé ajustar aspectos estructurales de su gobierno, como estatutos o dinámicas de operación, mientras que el 33% considera que su estrategia no cambiará en los próximos tres años. Esto no es una señal de estabilidad. Es, posiblemente, el mayor riesgo estratégico que enfrentan hoy: asumir que el entorno puede gestionarse con las mismas reglas del pasado.

Más que un problema de intención, lo que el estudio evidencia es una brecha de capacidades. La más crítica es la técnica. Hoy, el 29% de las Juntas depende del equipo ejecutivo para supervisar temas de inteligencia artificial, solo el 25% cuenta con miembros con conocimiento especializado y apenas el 7% planea incorporar este tipo de perfiles. En un contexto donde la tecnología redefine industrias completas, esa dependencia no es eficiencia. Es vulnerabilidad.

A esto se suma una segunda brecha igual de crítica: la del tiempo. Los temas que más impactarán la competitividad, como la ciberseguridad con un 48%, el cambio climático con un 47%, el talento con un 40% y la innovación con un 39%, son precisamente los que menos espacio tienen en las agendas. Mientras tanto, los temas tradicionales siguen concentrando la atención. En otras palabras, las Juntas están dedicando más tiempo a explicar el pasado que a construir el futuro.

La tercera brecha es de información. Entre el 34% y el 41% de las Juntas reconoce que recibe menos información de la necesaria en áreas como ciberseguridad, clima e innovación. No se puede gobernar lo que no se comprende en profundidad.

Pero quizá el mayor desafío no está en cada una de estas brechas por separado, sino en su desconexión. Tecnología, geopolítica, talento, sostenibilidad y capital ya no son variables independientes. Son sistemas interrelacionados que exigen una lectura integral. Las Juntas que sigan abordándolos de manera fragmentada corren el riesgo de perder la visión estratégica que hoy define la ventaja competitiva.

En este contexto, el verdadero punto de inflexión no es qué temas están en la agenda, sino cómo se están abordando. La diferencia entre una Junta que valida y una que lidera está en su capacidad de anticipar: de hacer las preguntas correctas antes de que los riesgos se materialicen y antes de que las oportunidades desaparezcan.

La transición de resiliencia a reinvención no requiere cambios cosméticos ni declaraciones ambiciosas. Requiere decisiones concretas: asignar tiempo real, no residual, a los temas que definirán el futuro; construir criterio técnico propio para reducir la dependencia de la administración; e integrar en una sola conversación lo que hoy se discute en silos.

Las Juntas que avancen en esta dirección no solo estarán mejor preparadas para gestionar la incertidumbre. Estarán en capacidad de convertirla en una ventaja estratégica.
La pregunta ya no es si el entorno va a cambiar.

La pregunta es si las Juntas están preparadas para cambiar con él.

*Presidenta y country managing partner de EY Colombia.

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