Las fintech, las cuentas con rentabilidad y el regreso de los CDTs están cambiando la forma de guardar dinero. El desafío ahora es convertir esas herramientas en hábitos duraderos.
Ahorrar es como comer verduras o madrugar a hacer ejercicio, no es una idea atractiva por sí sola, pero llega un punto en la vida en el que muchos desean haber adquirido ese hábito desde antes.
En el caso de Colombia, la cultura del rebusque, del vivir al día e incluso del ‘gota a gota’ ha tenido más protagonismo que la del ahorro, guardar dinero para el futuro parece un privilegio reservado para quienes tienen altos ingresos o una disciplina financiera excepcional.
Lo cierto es que, teniendo en cuenta el historial del país, no resulta extraño que el ahorro quede en segundo plano. Durante más de un siglo, la banca les cobró a sus clientes por servicios que hoy parecen básicos como retirar efectivo de un cajero automático, emitir cheques, administrar una tarjeta débito, consultar saldos o solicitar extractos. Para muchos, esos costos recurrentes terminaban por “comerse” cualquier intento de ahorro eliminando la confianza en el sistema financiero.
Guardar efectivo tampoco era la solución definitiva. Además de perder valor con el paso del tiempo, el dinero en efectivo está expuesto a riesgos de seguridad. Modalidades de robo que van desde el cambiazo de billetes hasta el ‘paseo millonario’ hicieron que cargar grandes sumas de dinero se convirtiera en un peligro. En ese contexto nació el famoso ‘guardar la plata debajo del colchón’, un lugar que parecía más seguro que la calle y menos caro que la banca.
El golpe a la confianza llegó cuando los colombianos empezaban a soñar con altas rentabilidades “sin asumir riesgos”. En 2008 cayó DMG, el esquema Ponzi más grande de la historia reciente del país, que afectó a cientos de colombianos, desde quienes habían invertido cantidades prudentes hasta quienes habían comprometido todo su patrimonio. Algo similar ocurrió cuatro años después con la quiebra de Interbolsa, un episodio que sacudió la confianza en el mercado de capitales colombiano.
Es este contexto, guardar dinero para el futuro no parecía la mejor opción, mientras que gastar en lujos ocasionales o darse gustos materiales estaban más en la onda del ‘solo se vive una vez’, frase que en su versión anglo -YOLO- se convirtió en campaña publicitaria y filosofía de vida en los 2000.
Esa tormenta perfecta no ha beneficiado las finanzas personales. El 79% de los colombianos se arrepintieron de cómo gastaron su prima de 2025, de acuerdo con el Índice de Arrepentimiento Financiero. Mientras que, la tasa de ahorro del país está lejos de los niveles de hace dos décadas: pasó de representar el 18,6% del PIB en 2005 al 6,4% en 2025, según datos de la Superintendencia Financiera.
Del colchón a las cajitas

Hoy el panorama es distinto, las alternativas para guardar dinero han mejorado, aunque la cultura del ahorro no va a la par. “La tecnología acerca a los colombianos al ahorro”, explica Charlie Correa, director ejecutivo y cofundador de MejorCDT, al referirse al auge de las cuentas de ahorro con rentabilidad.
La década de 2020 ha estado marcada por el auge de las fintech, que han transformado distintos frentes del sector financiero, incluido el ahorro. Hace unos años, los neobancos popularizaron los bolsillos con rentabilidad y permitieron que perfiles conservadores accedieran a retornos anuales superiores al 10%, esta vez con liquidez, supervisión regulatoria y sin tener que asumir riesgos adicionales.
“Los colombianos siempre habían querido poner sus bolsillos a producir más plata sin tener que estresarse por si va a funcionar o no. Pero ningún banco lo ofrecía. Ahora, la competencia de la tecnología está ayudando a que ciertos bancos lo puedan hacer”, explicó Correa.
Los nuevos actores optaron por modelos digitales con menores costos operativos y trasladaron parte de esas eficiencias a sus clientes como una forma de premiar su ahorro. La estrategia terminó elevando la competencia en el sector y llevó a varias entidades tradicionales a lanzar productos similares para no quedarse atrás.
A este cóctel de innovación y competencia se sumó otro ingrediente clave: las altas tasas de interés, que hoy persisten. La Junta Directiva del Banco de la República inició el 2026 con dos incrementos consecutivos de la tasa de referencia, que hasta ahora se ha mantenido en 11,25%.
En medio del auge de las cajitas y los bolsillos rentables, los CDTs también recuperaron protagonismo. De acuerdo con cifras de la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) y cálculos de MejorCDT, el saldo de personas naturales en estos instrumentos alcanzó los $138,2 billones, por encima de los $121,7 billones de las cuentas de ahorro.
En la primera mitad del año se vieron tasas de CDTs que superan el 13% efectivo anual (E.A.) en entidades como Banco Santander, cuyo producto digital ha captado $405.499 millones desde enero de 2025, y la compañía de financiamiento KOA.
“Colombia tiene una alta inclusión financiera, más del 96% tiene algún producto, sin embargo, en ahorro todavía tenemos un rezago. El avance digital ha sido clave en los últimos años para que las cifras crezcan; lo que hicieron las cajitas impulsó un poco la cultura, aunque el CDT sigue siendo el instrumento principal de ahorro para los colombianos”, destacó Lina Galindo, CEO de KOA.
La industria pensional ofrece otra ventana para entender el ahorro en Colombia. A pesar de los desafíos que representan la informalidad y las brechas laborales, las administradoras de pensiones y cesantías gestionan más de $550 billones en activos, de los cuales $55 billones corresponden a ahorro voluntario. Además de dimensionar el tamaño de estos recursos, la trazabilidad de las AFP permite entender mejor qué motiva a los colombianos a guardar dinero.
“La pensión no es el único motivo por el que una persona tiene que ahorrar. Si uno mira los datos tanto en ahorro voluntario como en cesantías, lo más común es el hogar, tanto la compra como la reparación, y en segundo lugar la educación”, explicó Ricardo Guerra, presidente Colfondos.
Entre tanto, pese a la diversificación de instrumentos de ahorro digital, desde bolsillos rentables hasta fiducias, el efectivo sigue ocupando un lugar central en las finanzas de los colombianos. Su baja trazabilidad impide dimensionar cuánto dinero se guarda físicamente, pero existen señales de su relevancia. Según la última encuesta de percepción sobre instrumentos de pago habituales en Colombia del Banco de la República, en 2024 el 79% realizó sus compras habituales en efectivo y más de la mitad de la población lo utilizaba a diario.
Peso a peso

“Una buena relación con el dinero hace la diferencia en la calidad de vida que queremos. Saber organizar prioridades se va a ver reflejado el día de mañana”, comenta Angie Gutiérrez, cliente de MejorCDT, en entrevista con Forbes Colombia. La joven, de 25 años, vio durante su infancia como su familia gastaba con rapidez mientras los imprevistos económicos se convertían en momentos de angustia, ella no quiso repetir la historia.
Angie empezó a generar ingresos a los 17 años gracias a las prácticas de un tecnólogo que cursó en el Sena con el apoyo de su familia. Sin embargo, su meta siempre fue obtener un título profesional. Para lograrlo, empezó a ahorrar desde temprano: primero con la ayuda de su madre, que le guardaba una parte de su salario, y más adelante a través de herramientas digitales. Hoy está a punto de graduarse de una carrera que financió con los rendimientos generados por los CDTs que mantiene activos, mientras cursa una especialización.
Su caso pone sobre la mesa una realidad incómoda alrededor del ahorro: no siempre es divertido. “A veces pienso ‘¿estoy siendo tacaña?’, o ‘¿estoy viviendo mi etapa universitaria como debería?’ Se hacen sacrificios, pero cuando pienso en que me voy a graduar y no voy a deber nada, tengo la satisfacción de que todo ha valido la pena”.
Por incómodo que resulte renunciar a algunos gustos o modificar hábitos de consumo, ese esfuerzo rinde frutos con el tiempo. Hoy Angie se siente tranquila de estar cerca de graduarse sin deudas que la asfixien. También ha percibido cómo su historial financiero la ha convertido en una cliente más atractiva para la banca, que ahora está más dispuesta a ofrecerle crédito. Además, encuentra satisfacción en poder apoyar económicamente a su familia, que no desarrolló la misma disciplina de ahorro.
Otra es la historia de Oscar Galeano, cliente de la misma plataforma. La cultura del ahorro le fue inculcada desde niño y crecer rodeado de alcancías, monedas y cuentas por hacer formó parte de su cotidianidad. En conversación con Forbes Colombia, recuerda que esa disciplina adquirió especial relevancia en momentos clave de su vida, como la compra de su primera vivienda. También dice ver a amigos y colegas enfrentando mayores dificultades para alcanzar metas similares, en buena medida por no haber desarrollado el hábito de ahorrar.
Sin ser un experto en finanzas, Galeano entiende conceptos como el interés compuesto y lo pone a trabajar a su favor, postura que coincide con la visión del presidente de Colfondos. “Ahorrar es la diferencia entre quienes saben usar el sistema financiero a su favor para trabajar su dinero frente a quienes son usados y terminan absolutamente endeudados. Ahorrar requiere disciplina, un cambio de hábitos y de mentalidad”, afirmó Guerra.
Las herramientas ya están sobre la mesa. La competencia ha ampliado la oferta de productos, mejorado los rendimientos y reducido barreras que durante décadas alejaron a muchos colombianos del ahorro. Sin embargo, construir una verdadera cultura financiera requiere un esfuerzo más amplio, en el que cada actor cumpla su papel: la industria ofreciendo alternativas más accesibles y transparentes; los colegios y universidades incorporando conocimientos financieros básicos; las familias transmitiendo desde temprano hábitos que permitan planear más allá del día a día y la prensa especializada regresando a conversaciones sin tecnicismos diseñadas para acercar a todos a los buenos hábitos financieros.
#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de junio. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.
