Santiago Londoño, CEO de Conectividad de Cirion Technologies, explica a Forbes Colombia cómo la IA está disparando la demanda de data centers, por qué Colombia puede atraer las inversiones que hoy van a Chile y Brasil, y cómo la reconfiguración geopolítica abre una oportunidad histórica para la región.

Cada vez que alguien abre TikTok en Lima, una empresa migra sus servidores a la nube en Santiago o un agente de inteligencia artificial reserva un viaje a Europa desde Bogotá, los datos recorren casi siempre la misma infraestructura invisible, que es una red de cables submarinos y fibra terrestre que se extiende desde México hasta la Patagonia. Buena parte de ella la dirige un colombiano.

Santiago Londoño, manizaleño, asumió hace un año como CEO de Conectividad de Cirion Technologies, la compañía que opera una de las pocas redes panlatinoamericanas con alcance global.

“Básicamente, nosotros somos las venas que conectan los data centers de Cirion, pero también todos los data centers dentro de la región”, resume Londoño en entrevista con Forbes Colombia.

La red de la que habla suma más de 105.000 kilómetros de fibra óptica de alta capacidad, una malla metropolitana que enlaza más de 160 data centers y los cables submarinos que sostienen la salida a internet de las grandes compañías de telecomunicaciones, los proveedores de servicios, los hyperscalers y las compañías que migran aceleradamente a la nube. En conjunto, Cirion atiende a más de 5.500 clientes en América Latina, entre empresas, agencias gubernamentales y operadores.

La marca es reciente, pero la historia no. Cirion, explica Londoño, “es lo que fue Impsat hace 25 años”, una compañía que tendió buena parte de los cables submarinos que hoy proveen internet al mundo y que, tras pasar por Global Crossing y por múltiples adquisiciones, terminó dentro de Lumen.

Hace tres años, Lumen separó sus operaciones de Europa y América Latina, y la región fue adquirida por Stonepeak Capital Partners, uno de los fondos de infraestructura más grandes del mundo, con más de US$80.000 millones en activos bajo gestión. Desde entonces, Cirion opera como una entidad independiente.

El camino de Londoño hasta esa silla pasó por las telecomunicaciones casi por entero. Tras estudiar en EAFIT, en el IESE en España y un MBA cursado entre Barcelona y Duke, arrancó en consultoría y luego en Orbitel, con un producto tan elemental como una tarjeta prepago, un negocio que evolucionó hacia los call centers de voz y datos.

Después de más de 18 años fuera del país, regresó a liderar la integración de la fusión entre Tigo y UNE (un reto que describe como más cultural y operativo que tecnológico), asumió la responsabilidad comercial B2B y B2C de la compañía integrada y luego manejó desde Miami la operación internacional de Millicom en nueve países, antes de llegar a Cirion.

El gran motor de la conversación, sin embargo, es la inteligencia artificial. Londoño distingue entre la consulta lineal de hace unos años (una búsqueda en Google que iba y volvía de un servidor) y lo que ocurre hoy cuando un usuario le pide a un agente que le organice un viaje a Europa con museos, restaurantes y hoteles a su medida.

“Esa es una transacción con la misma cantidad de caracteres que te desata cientos de interacciones entre múltiples data centers”, expresa.

Esa exponencialidad presiona dos frentes a la vez: procesadores cada vez más potentes que disparan el consumo energético (de medirse en kVA se pasó a desarrollos de decenas e incluso cientos de megavatios) y una densidad de conectividad inédita entre los centros de datos, que ya no operan como silos. Donde antes se tendía un ducto con 64 o 128 pares de fibra, hoy los grandes despliegues llevan miles de hilos.

“El reto está en que la infraestructura crezca en la misma medida en la que la demanda surge”, sintetiza.

La pregunta de fondo para la región es qué hace falta para capturar esa ola de inversión. Para Londoño, el primer punto es la estabilidad económica, seguido de incentivos a la inversión o de condiciones dadas por la geografía y la infraestructura previa, además de energía abundante y agua para refrigeración.

El nordeste de Brasil florece por su exceso de energía limpia sumado a incentivos fiscales; Chile, una economía más pequeña, ha atraído inversión directa de Microsoft y AWS gracias a una estabilidad sostenida y a una agenda de país que incluso influyó para que el cable Humboldt, de Google, aterrice en sus costas.

Colombia, en su lectura, parte con una ventaja que muchos no tienen.

“Nosotros tenemos capacidad de sobra de generación de energía, nosotros no tenemos un reto de ese tipo”, comenta.

Los desafíos de conectividad existen, pero la conectividad se construye; lo que falta, dice, son las garantías de estabilidad que permitan replicar el caso chileno. Su optimismo se apoya en una grieta que empieza a abrirse en el norte: el boom de data centers en Estados Unidos comienza a topar con el rechazo de comunidades por el alza en los precios de la electricidad y la presión sobre el agua.

En ese contexto, sostiene, pocos lugares ofrecen la latencia, el capital humano y el acceso a energía y a dos océanos que tiene Colombia. México presenta un caso aún más claro por cercanía, pero arrastra los cuellos de botella de Querétaro, donde la falta de energía y agua limita la expansión.

El segundo gran movimiento es geopolítico. Hoy más del 90% del tráfico de datos entre Asia y Europa se intercambia en Norteamérica, aterrizando en la costa oeste y despegando por la este. Con el auge de mercados como Brasil y Sudáfrica, los hyperscalers y los grandes jugadores empiezan a rebalancear ese flujo hacia el sur, y proyectos como Humboldt convierten a América Latina en un puente potencial entre Oriente y Occidente. “El mundo se está reconfigurando”, dice Londoño.

Tras una separación de Lumen que durante los primeros años concentró la energía del equipo en reconstruir los canales comerciales con carriers y hyperscalers en el exterior, Cirion retoma ahora una agenda de crecimiento e inversión fuerte en toda la región. Para Londoño, lo más relevante está por venir: cuando los hyperscalers empiecen a construir sus modelos de inferencia en suelo latinoamericano y detrás lleguen los “new-scalers” y su ecosistema.

“Estamos viendo el principio de una gran, gran ola”, concreta, “que no solamente va a acelerar el crecimiento económico de la región, sino que da oportunidades de desarrollo para todo el capital humano que tenemos”.

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