Con una bionanotecnología patentada en tres países, NanoFreeze ha levantado US$1,5 millones y convirtió a grandes compañías de bebidas en sus clientes. El próximo frente serán los chillers de centros de datos.
Cuando Isabel Pulido y Diana Camacho ganaron el BioDesign Challenge en 2019, superando a equipos de Harvard y MIT con una tecnología que mejora la conductividad térmica del agua en un 50%, era solo un proyecto universitario y no tenían claro qué hacer después.
Eran estudiantes de Biodiseño en la Universidad de los Andes, sin experiencia en negocios y con una patente en proceso.
Cinco años más tarde, su empresa NanoFreeze tiene nueve empleados, ventas acumuladas de US$235.000 en lo que va del 2026, clientes en Colombia y México, y un modelo de ingresos que apunta a cobrar una comisión del 35% sobre los ahorros energéticos de plantas industriales que gastan hasta US$800.000 mensuales en refrigeración.
La tecnología central es una bionanotecnología basada en nanopartículas de alta o baja conductividad térmica (dependiendo de la aplicación) a cuya superficie se inmovilizan proteínas extraídas de bacterias.
“No usamos la bacteria como tal, sino la proteína de la bacteria”, aclara Diana Camacho, cofundadora. “Al estar en contacto con alimentos o con cualquier producto no va a ser riesgoso ni contaminante”.
Al diluirse en agua a menos del 1% de concentración, el compuesto puede reducir a la mitad el tiempo necesario para enfriar un volumen determinado, o extender al doble la duración del frío.
“Esta tecnología es completamente única. Tú no encuentras nada así en el mercado”, dice Pulido.
En pruebas de laboratorio, la mejora en conductividad térmica del agua alcanza el 50%. En colaboración con AB InBev, la mayor compañía de cervezas del mundo, la empresa reportó incrementos de hasta el 44% en eficiencia térmica en implementaciones de su sistema Natural Freezer en redes minoristas de Colombia y México, con un potencial de reducción de más de 76.000 toneladas de CO₂ anuales por planta.
NanoFreeze opera en dos líneas. La primera es cadena de frío con neveras plegables para transporte de muestras biológicas (sus primeras compradoras fueron Compensar y Synlab), empaques refrigerados para exportadores agrícolas como Agrofresh, Setas Doradas y Gourmet Greens, y paneles refrigerantes reutilizables para puntos de venta de Bavaria, Grupo Modelo en México, Postobón y Al Toque Terpel.
Todas las soluciones comparten un principio de diseño. El gel, al final de su vida útil, “se puede disponer como fertilizante para cultivos o como acondicionador de suelos”, dice Camacho.
La segunda línea es eficiencia energética, aplicada a los sistemas de enfriamiento basados en agua (los llamados chillers) utilizados en centros de datos, hoteles, petroleras y grandes manufactureras. En este segmento, el modelo no es solo la venta del producto: NanoFreeze retiene el 35% del ahorro generado.
El financiamiento ha llegado mayoritariamente sin ceder participación accionaria. De los US$1.5 millones levantados, US$650.000 provienen de capital de riesgo y ángeles inversionistas; el resto corresponde a premios internacionales como el programa 100+, P4G (US$282.000), Catalyst del Tecnológico de Monterrey (€100.000), el Cheers Award de AB InBev, un galardón de Johnson & Johnson, Negocios Verdes Innovadores de la Alcaldía de Bogotá, y el Cartier Women’s Initiative Science and Technology Pioneer Award.
Con los recursos de Catalyst, la empresa amplía su capacidad de laboratorio. Con los de P4G, consolidó el equipo comercial.
“Cada año estamos vendiendo más”, dice Pulido. “Ya duplicamos las ventas del año pasado”.
Conseguir ese capital ha tenido muchas barreras.
“Los inversionistas que invierten en DeepTech son inusuales”, dice Pulido. “Tú encuentras inversionistas que quieren un retorno de 30x en dos años. Nosotras no podemos ofrecer eso porque la naturaleza del producto es diferente”.
El reto, agrega, se amplifica por el perfil de las fundadoras, que son mujeres jóvenes en una industria donde el 80% de los actores son hombres.
“Llegar en frío a tocar la puerta siendo mujer y joven es como ‘no'”, dice.
En el pasado, la empresa llegó a enviar a un colega hombre a ciertas reuniones técnicas ante la anticipación de no ser bien recibidas.
La expansión geográfica está definida. En México, Grupo Xcaret y el fabricante de chillers Icecube figuran como prospectos para probar la tecnología en aplicaciones industriales. En Europa, NanoFreeze destinará recursos este año a certificar su tecnología ante estándares de la Unión Europea, con miras a abrir conversaciones con Repsol y Mercadona. También tienen una carta de intención para Perú y República Dominicana como mercados adicionales para escalar el Natural Freezer.
La refrigeración y el aire acondicionado representan cerca del 10% de la demanda eléctrica global, según la Agencia Internacional de Energía (IEA).
En ese contexto, la empresa ve en el auge de la inteligencia artificial, y la consecuente explosión en la demanda de refrigeración para centros de datos, una autopista de crecimiento adicional.
“El boom de IA ha jalonado la demanda por refrigeración”, dice Santiago Saenz, quien integra el equipo. “Esa autopista de crecimiento viene de la mano del negocio energético”. El siguiente cliente ya no tendría que ser una empresa de bebidas. Podría ser una compañía de nube.
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