Las hermanas Valerie y Daniela Cohen están detrás de la llegada a Colombia de Oakberry, la compañía de asaí más exitosa del mundo. Bajo el modelo de franquicia alcanzaron las 33 tiendas en el país y se preparan para abrir en República Dominicana. Esperan cerrar 2026 con 1,5 millones de bowls vendidos.

Cuando Valerie y Daniela Cohen conocieron Oakberry, en 2020, estaban lejos de imaginarse que iban a comprar una franquicia de la que es hoy la compañía de asaí más exitosa del mundo. En ese momento la marca fundada tres años antes por el brasilero Georgios Frangulis había alcanzado éxito en ese país con más de un centenar de tiendas y daba sus primeros pasos hacia la internacionalización con una apertura en Australia.

Hoy, Oakberry ya tiene una red de más de 1.000 puntos de venta, presencia en 50 países y factura más de 200 millones de euros.

Las hermanas Cohen hacen parte de ese crecimiento. En 2021 abrieron su primera tienda en la calle 85 de Bogotá. En 2025 cerraron con 33 puntos de venta y vendieron un millón de sus bowls de asaí, el único producto que comercializa la marca. Para 2026 estiman llegar a los 1,5 millones de bowls vendidos y abrir sus primeras tiendas en República Dominicana.

“Nosotras adquirimos un master franchise (franquicia maestra) y cuando hicimos el plan de negocio que le presentamos a los fundadores, contemplábamos abrir 10 locales en cinco años”, recuerda Valerie en conversación con Forbes Colombia. “En ese momento ni ellos ni nosotras teníamos idea del fenómeno que sería la marca en el mundo”, agrega.

Ser máster franchise significa que no solo son las únicas que pueden comercializar la marca en Colombia, sino que también son las únicas que pueden vender la franquicia en el país. Con ese modelo de negocio, 11 de las 33 tiendas en total son propias y 22 son franquiciadas. Esto, dicen, les ha confirmado que no solo tienen en sus manos un producto exitoso, sino que han desarrollado una estrategia que funciona a la hora de ayudar a que sus socios también crezcan.

“Lo que nos enamoró de esta marca fue esa idea innovadora de comida rápida saludable, que fue una tendencia que se consolidó con la pandemia. Vimos el enorme potencial alrededor de la construcción de una cultura que fuera más allá de la indulgencia y se metiera en la cotidianidad de los consumidores”, agrega Valerie.

Gracias a la data que les proporciona su programa de lealtad, las hermanas confirman cinco años después que su hipótesis fue correcta: el consumo semanal y la recompra no han parado de crecer y con la llegada a canales como Rappi, han podido monitorear mejor los momentos de consumo.

Valerie, cuyo esposo es Simón Borrero, cofundador de Rappi, dice que la llegada a la plataforma ha sido un aprendizaje de ida y vuelta: “estar dentro de la operación como plataforma y como restaurante nos ha permitido construir juntos un feedback enorme y ver cómo crecen ambas marcas gracias a ese trabajo conjunto”, comenta.

El éxito de Oakberry ha sido tal, que pese a ser un mercado más pequeño, hoy Colombia vende más que México, con menos tiendas. Después de Brasil, el nuestro es el segundo mercado más importante para la compañía en este lado del mundo.

Crecer sobre lo construido

Al recordar cómo empezó la idea de emprender, las hermanas coinciden en que no se imaginaban construyendo desde cero, sino apostando por una marca que les generara pasión, confianza y visión de futuro. Valerie, de 38 años, venía del sector Oil & Gas, mientras Daniela, de 37 años, se había dedicado al diseño y la arquitectura.

En ese momento, la idea de una franquicia apareció como la respuesta. Según cifras de Colfranquicias, Colombia es el cuarto mercado de franquicias de América Latina, con más de 540 marcas activas. Se estima que ese modelo de negocio genera más de 72.000 empleos en el país.

Pero adquirir una marca extranjera no solo representa retos a la hora de introducir el producto al mercado, sino también al cumplir con los estándares establecidos en procesos y know how. Por ejemplo, para el caso de Oakberry, independientemente del país en el que se consuman, los bowls se hacen con asaí procedente de Pará, donde tienen una planta para procesar la fruta y extraer la pulpa.

“En los primeros meses la operación era casi artesanal, debíamos garantizar la cadena de frío del asaí y tuvimos muchos aprendizajes estandarizando la operación”, explica Daniela. Cuando empezaron a crecer hacia otras ciudades, tuvieron que perfeccionar esos procesos.

Actualmente sus tiendas están en Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena y Bucaramanga. Este año, además de haber comprado el master franchise para República Dominicana, también esperan crecer a nivel local en ciudades intermedias como Pasto, Villavicencio, Manizales e Ibagué.

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