La cantautora colombiana María McCausland presenta su primer álbum La Bruja, una producción independiente que emerge de un proceso de introspección transformado en arte, explorando sus distintas facetas y los ritmos que la formaron. 

“Cuando no hay aire ni tierra que pisar, cuando todo te arrancan y no hay más para dar; es el fondo profundo, tocar el vacío, el que da claridad”, reza María McCausland entre las melodías de Nadie se muere de un mal amor. La Bruja, su primer álbum como cantautora, describe un proceso de transformación profundo, en el que fue capaz de desdoblarse en todas sus versiones: la que ama, la que sufre, la que perdona y la que renace. 

En entrevista con Forbes Life confiesa que fue difícil aceptar que podía ser una y todas ellas a la vez, cuando el mundo insiste en encasillar a las mujeres en roles que parecen inamovibles. La confrontó la idea de que “sacrificó” la familia tradicional y el horario, por salir sola después de un teatro de gente coreando sus canciones. 

“Fue saltar a lo desconocido, porque a mí nadie me mostró lo que era apostar ciegamente al arte, poner mi carrera al centro, elegirme primero. Ha sido una reconstrucción hecha por mí misma desde la valentía, con el apoyo de mi familia”. 

McCausland dejó los sets de televisión, luego de presentar en uno de los canales más grandes de Colombia, para abrirse paso en la música. No ha sido un proceso lineal, mientras trabajaba en silencio en su proyecto discográfico, recorría los escenarios internacionales con la agrupación Flor de Lava. 

“Se me hace un nudo en la garganta. Es cerrar un ciclo de dos años, cuando parecía más fácil no hacerlo, entre giras y conciertos con Flor de Lava. Era una promesa a mí misma de hacer un proyecto con mi voz, mi visión, mis ideas, mi mundo interior, eso me movía. Fue una apuesta muy grande y de mucha fe”. 

Crédito: Valentino Cortés

El álbum fue producido por José Quiñónez y Christofer, que han trabajado con artistas como Vicente García, Monsieur Periné y Manuel Medrano. Los llamé a los dos y les dije: “ustedes no se conocen pero ustedes dos tienen lo que yo quiero y yo quiero hacer un matrimonio con ustedes porque yo quiero la tradición y el cuidado tradicional de José y quiero la mirada contemporánea y modernidad de Christopher”. Es un álbum rico rítmicamente, bailable, pero cargado de una visión de cantautora. 

Se sumaron reconocidos compositores y músicos como Laura Pérez, Daniela Cabrera, Aníbal de los Reyes, Paul Rodríguez, Natalia Bautista, Darwin Páez, Ana María Oramas, Briela Ojeda, entre otros. 

Son ocho canciones que suenan a Caribe, pero también a Latinoamérica, entre bullerengues, cumbias y ranchera de cantina. Una sonoridad influenciada por las raíces de McCausland, oriunda de Barranquilla. “Totó La Momposina [que falleció el pasado 17 de mayo] me influenció significativamente. La vi por primera vez cuando tenía 17 años, la recuerdo abriendo un concierto saliendo por detrás del escenario cantando Aguacero de Mayo”.

Eso y tantos sonidos que escuchaba en su ciudad natal, desde la ventana de su casa, viendo pasar la masa de colores propia del Carnaval, los mismos que incluyó en sus canciones: tambora, flauta de millo, gaita, fusionados con propuestas artísticas modernas como los sintetizadores, los bajos programados, la guitarra eléctrica y los contrabajos. 

Crédito: Valentino Cortés

El mayor desafío fue manejar el presupuesto al tratarse de un disco 100% independiente, “lo que requirió un juego de mucha creatividad, pero sin bajar el compromiso con la música”. 

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María en el universo de La Bruja

En la realización del proyecto discográfico, dice McCausland, era imposible no preguntarse quién era María en ese viaje y experiencia. “Por eso La Bruja es una foto de eso, del final de una relación, del desapego, la soledad, del encuentro nuevamente con la libertad. Para mí, volver al centro era volver a mi tierra, a mi sonido, a mi lugar interior”. 

Aunque aborda la temática de la separación, la narrativa del álbum no se queda en eso, sino que se convierte en una conversación asincrónica entre la persona que fue y la que será. “Cuando tumban la casa que uno ha construido, ¿qué queda? En mi caso, despertó la sabia interior”. La canción La Bruja lo declara como un grito de independencia y rebeldía, propias de toda mujer que elige desde la libertad, sea cual sea su decisión. 

Crédito: Valentino Cortés

La suya ha sido ser auténtica, un camino que asegura cuesta más cuando la industria impone otro ritmo. “Hasta Flor de Lava se ha viralizado por TikTok e Instagram. Nos cambió la vida. Pero no debería ser el norte si uno lo que quiere es crear música por transitar el mundo interior, tratar de entender la existencia, sobrepasar situaciones, transformar lo que uno vivió. Si uno está usando el arte como catarsis”. 

Para ello, ese sesgo estuvo contenido por las personas que rodearon al proyecto, que les importa la música y son curiosas. Los músicos tocando en vivo para la grabación, dejando su sentir y su espíritu en tres minutos de canción, y el ejercicio cuidadoso de componer una buena canción para capturar un sentimiento y no para que funcione. Para McCausland ese es el alma de sus letras. 

“Quiero que vuelen y lleguen donde tienen que estar, tal vez al corazón de alguien en su casa, que den sosiego y abrazo. Ahí para mí está cumplida la misión”.

#NuestraRevista Este artículo se publicó en nuestra edición de la revista Forbes Colombia de junio. Si desea recibir esta información de primera mano en nuestra revista física, ingrese a https://forbesdigital.publica.la/library para suscribirse.