Porque son los verdaderos líderes los que dan sentido y finalidad a las personas, a su trabajo, a las organizaciones. Una empresa sin líderes y con mucha tecnología, podrá ser más productiva, pero perderá la esencia de su razón de ser. 

“En el pasado, el liderazgo se trataba de tener las respuestas. En el futuro, se tratará de hacer las preguntas correctas”. – Gerd Leonhard, autoproclamado futurista alemán.

La tecnología se ha filtrado en todos los escenarios de nuestro diario vivir. Conscientes o no de cuánto incide en nuestras decisiones e interacciones, es claro que, en el caso de las organizaciones, ya son inconcebibles procesos que se realicen al margen de la tecnología digital y de la inteligencia artificial.

Dicha revolución en el conocimiento, las relaciones sociales y la productividad también está impactando, y cambiando, las formas tradicionales como se concebía el liderazgo. Se asoma un nuevo paradigma en la forma de impactar y transformar humanamente la vida de los demás.

Son múltiples las definiciones y formas de ver el liderazgo, mas todas coinciden en que el liderazgo es la capacidad de algunas personas de mostrar la meta y el camino que debe recorrerse para alcanzar los propósitos deseados. 

Tradicionalmente, los líderes han sido vistos como quienes, además de tener claro el norte, estaban “encima” de sus colaboradores, los supervisaban, conocían dónde estaban los insumos y los fallos, cómo se realizaban los procesos, dónde se ubicaba la información, y de qué manera se articulaba todo para lograr resultados. Pero hoy, con mayor rapidez y fiabilidad, los softwares y la IA permiten controlar todas las etapas de los procesos, sin sesgos de subjetividad. Ya no es un asunto de datos, sino de gestionar ideas trascendentales. 

El acompañamiento, orientación y liderazgo va más allá de diseñar planes de trabajo, y ahora se enfoca en saber leer e interpretar los resultados y contrastarlos contra las expectativas y realidades y ayudar a rediseñar proyectos personales y profesionales. Más que dar las respuestas es saber inducir a los demás a que las encuentren a partir de las preguntas correctas. Como advierte el periodista norteamericano, Sydney J. Harris: “El peligro no es que las computadoras comiencen a pensar como los hombres, sino que los hombres comiencen a pensar como las computadoras”: 

Antes, el líder tomaba la última decisión a la hora de confirmar o replantear un proyecto o un programa, pero hoy, gracias a la big data y a la información en tiempo real, esa “intuición” y capacidad de predicción ha pasado a segundo plano, pues hasta otros pueden hacerlo. Si bien el líder actual que no decida con base en analítica puede conducir su organización al fracaso, actuar solo con indicadores y resultados lleva a desdibujar su rol y a fracasar a la organización. La IA tiene un enorme cerebro, pero no tiene corazón. El reto del líder siempre será mantener la capacidad de comunicar asertivamente, de explicar con argumentos el alcance de los impactos, de dimensionar la incidencia emocional de los mismos en sus colaboradores, y de vivir, mantener e inyectar siempre una actitud positiva. 

Hoy, gracias a la tecnología y a la IA, cualquier persona tiene más facilidad de acceder a la información e, incluso, puede ser más rápida y didácticamente mejor orientada por esta en cómo realizar procesos. Así, el liderazgo supera la etapa del jefe u orientador de talante controlador y demanda, muchísimo más, de la personalidad y, sobre todo, del ejemplo de un líder inspirador, resiliente, motivador y que actúe inspirado en los más trascendentales valores éticos, en facetas a las que la tecnología no puede responder. 

Auncuando las tecnologías favorecen la creatividad y exploran infinitamente diversas ideas, no las “inyectan” en el cerebro, sino que, por el contrario, vuelve a estas dependientes de su información. El verdadero líder va más allá de su capacidad de análisis y de su creatividad, y demuestra una enorme resiliencia y empatía, y esto no lo hace la máquina. La IA brindará mucha información, procesos y formas de hacer las cosas, pero, a diferencia del humano, sobre todo del líder, no puede alertar en dónde se hallan los precipicios y cuál es el destino final de un proyecto personal u organizacional.

Porque son los verdaderos líderes los que dan sentido y finalidad a las personas, a su trabajo, a las organizaciones. Una empresa sin líderes y con mucha tecnología, podrá ser más productiva, pero perderá la esencia de su razón de ser. 

Bien lo advirtió Steve Jobs, uno de los cerebros el desarrollo tecnológico en las últimas décadas: “La tecnología es nada. Lo importante es que tengas fe en la gente, que sean básicamente buenas e inteligentes, y si les das herramientas, harán cosas maravillosas con ellas”.

Aunque el rol y las acciones del líder cambian por la tecnología, paradójicamente la realidad muestra que mientras el desarrollo social y organizacional se vuelve cada más tecnificado y dependiente de la IA, las empresas (incluidas familias y escuelas) deben crecer rescatando plenamente el valor de su humanidad. 

Por: Jaime Alberto Leal Afanador*
*El autor es rector de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad).

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Colombia.   

Lea también: Aprender a gestionar el conocimiento