Desde Cafexcoop, empresa creada por cuatro cooperativas de caficultores del departamento, Eugenia Balanta lidera una apuesta por transformar el café en origen, impulsar cafés diferenciados y capturar mayor valor en los mercados internacionales.
Cuando se habla del Valle del Cauca, casi siempre aparecen las mismas imágenes: cañaduzales, ingenios y una de las agroindustrias más importantes del país. Pero el departamento también es cafetero. Treinta y nueve de sus 42 municipios producen café, una diversidad de territorios y microclimas que da origen a algunos de los cafés especiales más reconocidos de Colombia.
Contribuir a cambiar esa percepción ha sido una de las tareas que Eugenia Balanta se propuso hace más de tres décadas, mucho antes de que el café de origen se convirtiera en tendencia.
La paradoja es que Balanta llegó al café por accidente. Estudiaba Estadística en la Universidad del Valle cuando comenzó a trabajar analizando datos de producción cafetera. Nunca había pensado hacer carrera en el sector y, según recuerda, ni siquiera tomaba café. Prefería el chocolate. Pero detrás de las cifras descubrió un universo de productores, microclimas y calidades que terminaría definiendo su vida profesional.
Con el tiempo pasó por el Comité de Cafeteros del Valle, donde trabajó en proyectos de cooperación internacional, relevo generacional, equidad de género y cafés especiales. Esa experiencia la llevó finalmente a finalmente a Cafexcoop S.A., una empresa creada hace 35 años por cuatro cooperativas de caficultores con un objetivo que hoy parece evidente, pero que en su momento era disruptivo: transformar el café en origen para capturar mayor valor para los productores.
La apuesta no era sencilla. Hace tres décadas, pensar en exportar café tostado desde Colombia sonaba casi imposible en una industria acostumbrada a vender café verde para que el valor agregado se generara en otros países.
Balanta decidió asumir ese reto. Aprendió de tostión, procesos industriales y de mercados internacionales mientras la empresa construía una oferta diferenciada basada en cafés de origen y relaciones de largo plazo con los caficultores.

Hoy Cafexcoop comercializa más de un millón de libras de café al año. La mitad corresponde a cafés especiales provenientes de municipios como Sevilla, Trujillo, El Águila, Vijes, Florida o Pradera, donde la combinación de altura, suelos y microclimas produce perfiles sensoriales distintos.
La empresa privilegia la compra a cerca de 3.500 familias cafeteras vinculadas a las cooperativas fundadoras y les reconoce sobreprecios de entre 10% y 20% por cafés de mayor calidad.
Su portafolio, comercializado bajo la marca Café Ginebras, incluye cafés de origen, líneas premium y cafés con propósito. Entre estos últimos hay uno producido por familias de El Águila que protegen el hábitat del oso andino; otro que apoya el Festival Mono Núñez, y una línea elaborada por mujeres caficultoras que administran sus propias fincas.
La idea, explica Balanta, es que cada café cuente también la historia del territorio del que proviene.
La estrategia ha comenzado a recibir reconocimiento fuera del país. En los últimos meses, Cafexcoop obtuvo medallas en los Global Coffee Awards y dos oros en Monde Selection, en Bruselas, por cafés producidos en municipios vallecaucanos.
Para Balanta, más que un premio empresarial, son la confirmación de que el café tostado en origen puede competir con las grandes marcas internacionales y de que el Valle del Cauca tiene un lugar propio en el mapa mundial de los cafés especiales.
